Miércoles, 9.43 am

Me está volviendo a pasar lo mismo que en el primer viaje a Netia. La actividad frenética del día a día y la falta de electricidad para cargar el móvil está causando que se me acumulen las cosas sin escribirlas. Estoy tomando notas en un pequeño cuaderno, pero en este viaje quería intentar ir publicándo al día.

Seguro que os sorprende que aquí no haya agua ni electricidad pero sí pueda utilizar internet. Puede parecer chocante, pero es muy sencillo de explicar. Tanto el tendido eléctrico como el «plan hidrológico» deberían ser competencias del estado; las antenas de telefonía son iniciativas privadas. A pocos kilómetros de la misión hay dos antenas de telefonía muy grandes, a las cuales se ha hecho llegar el tendido eléctrico con una infraestructura privada. El resultado es que si compras una tarjeta con datos puedes navegar por Internet, no a la velocidad del viento, pero menos da una piedra; pero si compras un teléfono móvil luego no tienes donde cargarlo y si instalaa en una casa un grifo, tampoco esperes que salga agua. Obviamente esas dos antenas de telefonía no se pusiero ahí pensando en la población de Netia.

Voy con un día y medio de retraso, así que voy a resumir rápidamente lo que he hecho la mañana de hoy y luego sigo con la tarde del lunes y el día de ayer.

Esta mañana me he despertado a las 4.30. A decir verdad más bien me han despertado. Se oía fuera, a lo lejos pero lo suficientemente alto como para despertarme, cánticos y gritos. No he preguntado, pero me imagino que sería la celebrsción de un nacimiento en el hospital.

Me he quedado en la cama hasta las 5.00, ordenando mentalmente los acontecimientos de estos días y de los que están por venir, tras lo cual volví a dar una oportunidad a la ducha. Una oportunidad estéril todo sea dicho, así que tuve que recurrir de nuevo a un bidón con agua y un pequeño cazo.

Tras asearme salí de la casa y, a eso de las 6.00, fui a casa de las Hermanas y desayuné con ellas. Ayer la pequeña Julia se había quedado dormida cenando y hoy ya estaba con las energías renovadas. Me estaba esperando. Según comentó la futura Hermana Gilda, le había estado metiendo prisa para ponerle las trencitas porque iba a salir en avión y se lo iba a perder. El avión en cuestión es un dron que he traido para hacer grabaciones y fotografías aereas. Yo nunca había manejado un dron y ayer lo estuvimos probando y Julia se quedó impresionada. Con el último trocito de pan todavía en la boca la pequeña Julia me sonrió y fijo: avión.

Fuimos a la casa del Padre y cogí de mi habitación el dron. El Padre, Julia y yo, seguidos por una media docena de niños que en cuanto sonó el ruido del dron se convirtieron en docenas, nos situamos a la sombra, en un lateral de la iglesia. La idea era sobrevolar todo aquello para grabar las diferentes edificaciones y eso fue lo que hicimos. He de reconocer que el dron fue más bien a y trompicones, pero fue, que es lo importante. Para ser la primera vez que manejaba uno no fue tan mal la cosa, al menos en ese momento.

Aterricé el dron delante de dónde estábamos. Durante el vuelo estuve pendiente de la pantalla del móvil, donde se veía lo que mostraba la cámara del dron, para no perderlo. Hasta que no aterrizó y miré a mi alrededor no me dí cuenta de la expectación que había causado.

[Lo tengo que dejar aquí que me han venido a buscar para ir a Nacaroa, luego, cuando pueda, sigo]

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
onpost_follow 5