El día 30 dio para mucho. Por la mañana estuve sacando unas fotos al Hospital de Natete para poder mostrártelo, después visité una comunidad en Netia y por la tarde improvisamos una especia de cine con los niños, y no tan niños, de esa comunidad. Fue un día completito, así que lo voy a dividir en varias publicaciones.

En esta publicación voy a mostrarte el Hospital al que intento incluir en el proyecto de la electrificación con un contrato de compra-venta de electricidad, lo cual no es sencillo, porque no se puede susituir inversiones que debe realizar un gobierno por ayuda de cooperación, de ahí que la idea sea venderles la electricidad que consuma. Lo más sencillo sería no incluir al hospital, pero mi conciencia me obliga al menos a intentarlo. No por el personal del Hospital, ni por el gobierno, sino por los enfermos, para que puedan ser atendidos con un mínimo de dignidad.

El Hospital de Natete es un centro de salud de tipo I gestionado por el Gobierno. En la actualidad dispone de 66 camas de ingresos, consultas, unidad de tuberculosis, maternidad, servicio de urgencias y centro de nutrición para niños desnutridos. Al año atienden a más de 20.000 personas.

Dentro de los terrenos del hospital, pero un poco apartadas de los barracones, un grupo de mujeres preparaban la comida. El hospital no da comida a los enfermos, así que los pacientes se tiene que traer comida de su casa y, como tampoco pueden utilizar el barracón en el que cocina el personal del hospital, preparan la comida en el exterior. 

Me acerqué y les pedí permiso para sacar una foto. Me lo dieron. En esta fotografía se puede ver a unas madres preparando la comida para sus pequeños, enfermos de malaria. La malaria allí es una enfermedad endémica y se acerca la temporada de lluvias y con ella los mosquitos. Como siempre hago cada vez que saco una fotografía, luego se la enseño para que vean como han quedado y siempre se ríen. En esta ocasión no fue diferente y se rieron. Unos días después, cuando entré en sus casas y vi como viven, pude entender el porqué de esas risas, pero eso lo contaré cuando toque.

La primera visita fue a la sala de ingresos de enfermos de tuberculosis y tifus. Como me sucedió en el primer viaje, la imagen de aquellos barracones me encojió el alma. Más de la mitad de las camas no tienen colchones y los que tienen, están rotos y sucios. Pregunté cómo lavaban las sábanas, ya que el hospital no tiene agua corriente y el poco agua que tienen les llega de la Misión, pero como para poder extaer el agua de los pozos se necesita electricidad para las bombas de inmersión, sólo se puede sacar agua durante las dos horas al día en que se puede encender el generador de gasoleo. La respuestas no fue complicada, el hopital no pone sábanas. Si un enfermo quiere dormir con sábanas se las tiene que traer de su casa. Es lo que hay.

Lo siguiente que visité fue la sala de urgencias. Todavía me persigue aquella imagen del primer viaje, cuando acompañamos a una niña por la noche al hospital que tenía convulsiones. Aquella noche, mientras dos celadores (aprovecho para comentar que en los tres viajes que hice he ido varias noches al hospital a acompañar enfermos y ni una sola vez había ni médicos ni enfermeros, a pesar de tener un servicio de urgencias 24 horas al día) le sujetaban los brazos y las piernas para intentar inmobilizarla, una celadora intentaba encontrarle la vena para inyectarle suero. Como era de noche y no había luz, teníamos que iluminar con los flashes de los teléfonos móviles para poder acertar con la vena. La imagen de aquella niña retorciéndose y un reguero de sangre bajando por su brazo hasta la mugrienta sábana de la camilla nunca se me olvidará.

Y en la puerta de la sala de urgencias allí estaba ella, «la ambulancia». Una especie de broma en forma de ciclomotor que nunca se ha podido utilizar, porque es materialmente imposible que ese vehículo pueda llegar a la carretera principal. El camino es de tierra, muy abrupto y lleno de socabones. A duras penas pasan los 4x4. Supongo que en algún informe esta especie de motocicleta inútil justificará de alguna forma alguna partida en sanidad. Yo no digo que en otros sitios como Maputo no sea una realidad esa inversión en sanidad, pero he tenido la oportunidad de visitar varios centro de salud de esos de provincias y mi consejo para todos esos «obervadores internacionales independientes» que realizan los estudios en países en vías de desarrollo, es que está muy bien visitar los centro de salud en las ciudades, pero si más del 65% de la población vive en el campo, tal vez deberían visitar también los centro de salud rurales para hacer un informe un poquito más preciso.

La siguiente visita fue a la sala de partos. La sala de partos o maternidad es la más fresquita del hospital y se puede decir que, dentro de lo que cabe, la más acondicionada. Es por eso que el personal del hospital se refugia en esta sala. En mi primer viaje, en la cama del fondo, la que puedes ver pegada a la pared azul (a decir verdad entonces no había cama y sólo había un colchón en el suelo) había una niña deno más de 14 años con un recién nacido. En esta ocasión, detrás de esa misma pared, al otro lado, había otra asustada niña, de una edad similar, esperando a dar a luz.

Después de la sala de maternidad fui al centro de nutrición para niños desnutridos. Allí pesaban y medían a los pequeños y luego les daban una especie de sobre con lo que parecía comida en polvo. Las personas de las comunidades viven de lo que cultivan y, aunque en la temporada de lluvias hay mucha agua, ese agua vuelve al mar y no se retiene para la temporadas seca, debido a la falta de pantanos.

Al verme pasar de un lado a otro sacando fotos, el personal del hospital me miraban extrañados. Durante mi primer viaje fue tal el shock que no puede reaccionar, pero en este viaje no quería dejar pasar la oportunidad de enseñarte con imágenes lo que en el primer diario intenté explicarte con palabras. Le pedí a un enfermero que me enseñase el laboratorio donde analizan las muestras. Me llevó a la sala técnica. Lo pimero que me llamó la atención fue la nevera. Se supone que esa nevera es para la conservación de los medicamentos y las muestras, pero al no haber electricidad ni siquiera está enchufada y por supuesto ahí no hay medicamentos. De hecho, hay una especie de triangulo de las bermudas en los hospitales, en el que los medicamentos desaparecen. 

A un lado de la sala técnica había un niño en una camilla. Posiblemente tuviera malaria. La malaria mata a miles de personas al año. No tiene vacuna, pero sí tiene tratamiento si se pilla a tiempo. Existen fármacos que la combaten pero en los hospitales lo único que suelen tener es paracetamol y eso no sirve. Quien pueda permitirse comprar los medicamentos en una farmacia privada podrá tener su tratamiento. Quien no pueda, tendrá que tratarse con paracetamol y esperar a ver qué pasa.

Le pregunté al enfermero si no tenían aparatos quen ecesitasen electricidad. Me llevó a una sala donde había un microscopio. El microscopio necesita electricidad y está conectado a un pequeño generador que se alimenta de tres placas solares que tienen en el exterior. Cuando montaron ese sistema solar hace varios años, había varios pequeñas baterías, que acumulaban la electricidad durante el día para poder tenerla por la noche. Poco a poco las baterías fueron desapareciendo y sólo quedó la que ves en la fotografía. Según me comentaron, la batería no les funcionaba, pero cuando estuvo allí Javier, el ingeniero que estuvo tomando las especificaciones para el proyecto, la reparó y al menos ahora pueden disponer de electricidad en esa sala aproximadamente hasta las nueva de la noche. Es el único sitio en todo el hospital en el que tiene algo de electricidad y donde aprovecha el personal del hospital para recargar sus teléfonos móviles.

Después de ver todo esto sólo tengo una reflexión personal que hacer. Si en un hospital no hay médicos, no hay medicamentos, no hay agua, no hay electricidad, no hay sábanas, no hay comida, no hay una ambulancia que pueda derivar a los enfermos a los hospitales de las ciudades cuando estén graves y realmente lo único que hay son enfermos ¿Qué es lo que hace a un hospital serlo?

Hasta aquí la visita al hospital. En la siguiente publicación continuaré con la visita a la comunidad y el cine improvisado, que espero que te deje un mejor sabor de boca si me quieres seguir acompañando.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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