Hoy hace un año que pisé Netia por primera vez.

En un año pueden pasar muchas  cosas. En el último año he pasado a estar más cerca de los 50 que de los 40 y he cambiado el hueco del sofá y la pegajosa televisión por un estilo de vida más activo y responsable. En el último año mi sobrina ha reemplazado la Patrulla Canina por la Guardia del León y ahora cuenta de carrerilla hasta el treinta y once, sin saltarse el esquivo siete que hace un año se le resistía. En el último año, en el trabajo, ha cambiado la dirección y en nuestro área el gerente, cinco compañeras han sido madres y ha habido bajas que han dejado hueco no sólo en el plano profesional. En el último año el cine de mi barrio (uno de los pocos supervivientes que quedaban) ha cerrado y en su lugar, en apenas tres meses, han levantado un supermercado de dos plantas, de esos de los de frutas redonditas, tersas y tan brillantes como insípidas. En el último año, enfrente de mi casa, han abierto una cafetería nueva que no me ha dado tiempo a probar ya que ahora luce un cartel de «Se traspasa». En el último año las lluvias han regresado, mi tierra (Galicia) vuelve a estar verde y los pantanos han salido del coma. En el último año ha habido hasta un cambio de escaños y de colores en el parlamento. Sí, sin duda en este último año han pasado muchas cosas, pero en Netia siguen sin electricidad.

Me encantaría poder decir que después de un año ya hay un proyecto encauzado y que es sólo cuestión de tiempo que pueda llegar la energía a Netia, pero no sería cierto. Como todo en esta vida depende desde dónde o cómo se mire. Si lo miro teniendo en cuenta tan sólo los resultados, a día de hoy me encuentro en el mismo punto que hace un año: Sigue sin haber electricidad en el Hospital, ni en la escuela pública de primaria, ni en la escuela de formación profesional agraria, ni en las tres residencias de estudiantes. Si lo miro teniendo en cuenta el camino recorrido en este tiempo, aunque un año después me encuentre en el mismo punto de partida, no me puedo permitir el lujo de considerarlo un fracaso. Fracaso hubiera sido no haber intentado nada y de momento prefiero ser optimista, ya que la otra opción sería asumir que yo no puedo hacer nada por intentar ayudarles y utilizarlo como escusa para volver a incrustarme en el sofá.

Haciendo un poco de balance, por supuesto en este último año ha habido momentos de bajón. Si tuviera que establecer un podio de momentos complicados podría ser este:

  1. En primera posición estaría el primer mes, después de haber vuelto de Netia, antes de empezar con el blog y con toda esta locura. Quería ayudarles, necesitaba al menos intentarlo, pero no sabía cómo. No sabía por dónde empezar ni con quién contactar y eso me frustraba. Fueron momentos muy complicados hasta que tomé la decisión de lanzarme a la piscina y empezar con el blog, publicando mi experiencia, la experiencia de un particular.
  2. El siguiente puesto sin duda lo ocuparía la destrucción de la represa a finales de enero. La electricidad pasó entonces a un segundo plano y el agua la prioridad. Si ya estaba siendo complicado encontrar algo de ayuda para poder avanzar con el tema de la electricidad, conseguir los 54.000€ que les faltaba para la reconstrucción de la represa me parecía una misión imposible, al menos para mi, pero había que intentarlo, ya que sin electricidad se puede sobrevivir, pero sin agua no.
  3. En el tercer puesto estaría la falta de respuesta a la mayor parte de los emails que escribí para intentar encontrar ayuda para la reconstrucción de la represa. Cuando publiqué en el blog las cartas a Google, el Papa, Amazon y Adidas, tenía bastante claro que no iban a tener respuesta, pero con ellas conseguí alcanzar los 1.086 me gusta en la página de Facebook (hace unas semanas eran 1.088, pero recientemente he perdido a dos por el camino). Ya sé que los me gusta y los seguidores no reconstruyen una represa, pero quien sabe si a través de esos me gusta mi mensaje hubiera pudido llegar a alguien que conociera a alguien que supiera como ayudarles (no fue el caso, pero había que intentarlo). Los emails a los que me refiero son aquellos que envié pero no publiqué en el blog porque de una forma o de otra sí esperaba al menos una respuesta. Los destinatarios fueron muchos y muy variados, desde la mayoría de las diócesis españolas (al fin y al cabo estoy intentando ayudar a una Misión), políticos como el señor Revilla al que escribí por consejo de una amiga al verle emocionado en el Hormiguero cuando contaba su experiencia con un proyecto en que había colaborado en África (a decir verdad de este email sí recibí respuesta, pero no del señor Revilla, sino de la secretaria del gabinete del presidente diciéndome que trasladaban mi petición a la Consejería de Innovación, Industria, Turismo y Comercio y a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Comunidad de Cantabria) o cracks como a Raúl Gómez al que escribí a ver si me podía ayudar a ayudarles cuando pensé en dar visibilidad a todo esto con el reto de una carrera en Mozambique, pero la televisión y tanto viaje deben dejar poco o ningún tiempo para responder un email. Por supuesto también hubo emails a diversas organizaciones como Cáritas, Auara, Ayuda en Acción, UNEF e incluso escuelas de formación profesional agrarias en Madrid, por aquello de apelar a una especie de solidaridad «gremial». En algunos casos (muy pocos) hubo al menos unas palabras de respuesta (que sin duda agradecí y mucho), en la mayoría de los emails enviados ni eso.

En cualquier de estos tres momentos lo hubiera podido dejar auto justificándome que al menos lo había intentando, pero cada vez que me tentaba la idea de volver a esconderme en el sofá, surgía en mi cabeza una jodida pregunta: «¿Ésto es todo lo que puedes intentar?» y mira que es fácil (al menos para mi) engañarse a uno mismo, pero en este caso no sé por qué no funcionaba. Pero sin embargo hubo suerte. De los más de 100 emails que envié en aquel momento hubo uno, sólo uno, que tuvo como respuesta un «creo que podremos ayudarles». El remitente fue Manos Unidad. En el mes de mayo estuvieron dos personas de Manos Unidas allí visitando la represa y el «creo que podremos ayudarles» se convirtió en un «vamos a ayudarles». Manos Unidas ya les conocían, les habían ayudado con otros proyectos y habían quedado muy contentos con el trabajo que estaban realizando en Netia. En este mes o el que viene deberían comenzar las obras de la reconstrucción (el tiempo apremia porque en diciembre comienzan los monzones).

Hasta que no vea la represa reparada cualquier cosa se puede torcer, pero no me queda otra que confiar en que todo va a salir bien, así que una vez «superado» el problema con el agua, tocaba volver a centrar los esfuerzos en conseguir la electricidad.

Con el tema de la electricidad el primer contacto lo tuve con  Energía Sin Fronteras y ahí me dí de bruces con el primer obstáculo que veía imposible de superar. Para poder evaluar la posibilidad de llevar una propuesta de proyecto al comité de decisión se tenía que presentar datos reales del consumo y lo máximo que nosotros podíamos aportar era un inventario de las instalaciones, pero no era suficiente y sin alguien con el conocimiento necesario en el terreno no pudimos avanzar. El trato recibido desde Energía Sin Fronteras fue en todo momento espectacular, pero no fuimos capaces de aportar la información necesaria y en el mes de febrero, el bloqueo en este punto y el problema con la represa, me empujaron a aparcar el tema de la electricidad.

A finales de abril regresé a Netia con el objetivo de ver la represa y hacer fotos como soporte para buscar la ayuda necesaria para su reconstrucción y alli coincidí con dos voluntarios de la ONG belga Energy Assistant que habían ido a visitarles por mediación de un amigo de la Misión para evaluar la posibilidad de ayudarles a acercar la red electrica esos 3 km que les separa de la toma principal. He de reconocer que aquello para mi supuso un bálsamo. Por unos días, incluso semanas, pensé que se iba a conseguir la electricidad y yo podría dejar todo esto. Si en algún momento empecé esta aventura fue tan sólo para intentar ayudarles, pero si ya habían conseguido la ayuda por otra parte yo me podía quitar mucha presión de encima. Pero pasaron los meses y de la ONG no se ha vuelto a saber, así que me tocaba volver a empezar.

Dicen que cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. No podía avanzar con Energía Sin Fronteras al no poder facilitar la información que necesitábamos, así que volvía a estar dónde empecé. Fue entonces cuando se abrió un pequeño ventanuco. Mi prima, Raquel, hace unos meses cambió de trabajo y un día hablando con su jefe, no sé muy bien como, surgió en la conversación lo que estoy intentando hacer y él le dijo que su suegra trabajaba en una ONG que tienen actividad en el continente africano. La ONG se llama África Directo y ella Guadalupe. Le escribí un email contándole un poco la locura en la que estaba metido y que necesitaba ayuda para poder ayudarles y en seguida me respondió. Ella estaba fuera de Madrid y no regresaba hasta septiembre. Todavía tenemos un café pendiente, pero me presentó por email a Javier, un ingeniero con experiencia en la implantación de sistemas solares que había colaborado con ellos en varios proyectos. Javier se ha tomado un año sabático para recorrer el este de África, desde Sudáfrica, donde vive desde hace cuatro años, hasta Etiopía. Ida y vuelta. Hablamos por el WhatsApp y le conté un poco de qué iba todo esto. Él me dijo que tenía pensado pasar por Nampula y que se podía pasar por Netia para verlo. Mi apuesta siempre ha sido conseguir la electricidad a través de las energías renovables por respeto al medio ambiente, la sostenibilidad y por no tener que depender de las infraestructuras del gobierno, ni de las compañías eléctricas ya que los cortes del suministro eléctrico de la red estatal son bastante frecuentes y no garantiza un nivel de servicio adecuado.

La idea inicial de Javier era estar en Netia un día y medio para luego continuar viaje. LLegó a Netia el 16 de agosto y se quedó con ellos 10 días. El 26 de agosto Javier dejó Netia para continuar su viaje, dejando en Netia amigos y una esperanza. Mientras sigue con su viaje está preparando la documentación para hacérmela llegar, pero ya me ha adelantado que hay ciertas dificultades que tendremos que superar. Realmente estaríamos hablando de 3 proyectos en uno. Por una parte dotar a la Misión de la instalación solar necesaria que Javier estima en unos 35.000 €; por otra parte ve necesario renovar el tendido eléctrico así como adquirir luces led de bajo consumo para el alumbrado y la adquisición de neveras y congeladores (que ahora no tienen al no tener electricidad, pero que la idea es incluirlo en el proyecto para la conservación de los alimentos de los chicos) que valora en unos 12.000 €; y por último dotar de electricidad al Hospital, valorado en unos 4.000€. La razón por cual separamos el Hospital del resto de las instalaciones es porque el Hospital es gestionado por el estado y si se incluye en el proyecto el estado tendrá que pagar por el consumo de la electricidad. No se trata de conseguir una nueva fuente de ingresos para la Misión, ni mucho menos, pero no se debe reemplazar roles de gobierno con donaciones de cooperación, ya que eso favorece la corrupción y si el gobierno no quiere o no ve «intetesante» para sus inteteses acercar la red eléctrica al Hospital, si quiere electricidad tendrá que pagar por ella. Queremos evitar lo que ya pasó con la construcción de la represa. La represa se construyó gracias a un proyecto de cooperación del Canal de Isabel II con la Misión, sin ningún tipo de ayuda o colaboración del estado, sin embargo, el gobierno se lo apuntó como obra pública «justificando» así el dinero de alguna subvención que acabaría en el bolsillo de algún alto funcionario. Javier y el Padre Gasolina estuvieron hablando con la Administradora de la provincia de Nampula y el Delegado de Salud y en principio estarían de acuerdo con acordar un precio y pagar por el consumo. Una de las imágenes que se ha quedado grabada en mi mente fue la de aquella noche cuando llevamos a una niña al Hospital y para poder ponerle suero tuvimos que alumbrar con los flashes de los móviles para acertar con la vena, así que mi objetivo por supuesto que es incluir al Hospital en el proyecto, pero habrá que encontrar la mejor fórmula y asegurarnos que el coste del consumo reacae sobre el estado y no sobre los enfermos. Se haga como se haga implicará la firma de un contrato conforme con la legislación vigente en Mozambique, la cual desconocemos, pero nadie dijo fuera a ser fácil.

Otra complicación que tendremos que sortear es la naturaleza del proyecto, ya que tiene mucho de social y ayuda al desarrollo, pero también tiene una parte importante de pastoral, ya que tanto la escuela de formación profesional agraria como las residencias de estudiantes están gestionados por la Misión de Netia y entre los edificios que se quiere electrificar están la iglesia, el centro pastoral y las casas del Padre y las Hermanas y eso puede llegar a dificultar la ayuda, ya que ni es un proyecto 100% pastoral para poder acceder a organizaciones benéficas de carácter religioso, ni es un proyecto 100% laico para poder acceder a ayudas de otras organizaciones benéficas.

Y en este punto nos encontramos. Con la documentación que me envíe Javier trataremos de dar forma al documento con la información que necesitamos para solicitar la apertura de un proyecto. Si a África Directo les encaja iríamos de la mano, sino tendríamos que buscar otras opciones. Respecto a la financiación será el siguiente puerto de montaña a superar. Tocará retomar la publicación de cartas, inventarse mil y una puertas a las que tocar e intentar llegar a los que puedan y además quieran ayudar (tranquilos, estoy pensando en empresas, no en particulares). ¿Difícil? Mucho ¿imposible? Lo veremos.

Por cierto, no sería justo terminar esta publicación de «aniversario» sin dar las gracias a todos aquellos que durante este último año me/les han ayudado: A Beatriz Ostos de Boabad Mozambique (por ayudarme a conocer Netia y por todo lo que hace por ellos). A Gonzalo y Raki por facilitarme el contacto de Carlos (por supuesto gracias a Carlos también). A Beatriz, Carlos y Piedad de Energía sin Fronteras por su paciencia. A Beatriz y María de Manos Unidas por su labor. A Jaime de Ayuda en Acción por responder mi email. A Pepa de energias-renovables.com por las miguitas de pan. A Elisa de UNEF por su respuesta a mi email. A mi prima y su jefe por el contacto en África Directo. A Guadalupe por su buena disposición y por presentarme a Javier. A Javier porque su tiempo y su implicación, no sólo con Netia, sino por todos los proyectos en los que colabora. A Robert y Susana, cuñados de mi hermana (y por supuesto a mi hermana Yoyi y mi cuñado Miguel) por seguir esta aventura desde el principio. A Ana y Raúl, amigos de mis padres, que han estado siguiendo el blog desde el principio y conocen muy bien la realidad de Mozambique. A las 1.086 personas que siguen esta locura en la página de Facebook por no hacerme sentir tan solo. A todos aquellos que me conocen y que, aunque me miran como el que toca con un palo un bicho raro, respetan lo que estoy intentando hacer. Y por supuesto a todas y cada una de las personas que he podido conocer en Netia en este último año y que me han ayudado a abrir los ojos, reorganizar las prioridades y valorar las cosas no por el precio que otros les pongan sino por lo que son y para qué sirven.

Dicho todo esto, ¡Este sábado cualquierotracosa.es estará en la cerrera Corresan nocturna 2018! Carrera de 5,5 km por la zona vieja de Santiago de Compostela. Primera prueba para tomar la temperatura del reto de los 25 km en Mozambique el 31 de diciembre de este año. Unos correrán la San Silvestre y yo intentaré hacer cualquier otra cosa.

 

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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