Tengo que comenzar esta publicación pidiendo disculpas a mucha gente. Disculpas por este silencio. Disculpas por haberme dejado narcotizar por la rutina. Disculpas por haber permitido que todas mis energías hayan sido consumidas por mi día a día. Este silencio no ha sido premeditado ni buscando, pero me temo que haya venido motivado por la impotencia del que quiere caminar y no puede. Del que quiere volar y no sabe.

Cuando escribí las cartas a Google, al Papa Francisco y a Amazon tenía claro que, a no ser que se alineasen los planetas, era realmente complicado, por no decir imposible, que hubieran tenido algún tipo de respuesta por su parte y mucho menos ayuda. Es una pena porque había muchas formas de poder ayudarnos pero, aunque suelo pecar de ingenuo, en este caso era bastante realista. Escribí esas cartas para ti. Por si querías leerme. Escribí esas cartas porque lo único que se me ocurrió que podía hacer. Escribí esas cartas por si a través de ellas podía llegar a ti, no sólo para que me pudiera acompañar en esta aventura, no con dinero, sino con consejos, tus ánimos, tu interés. Escribí esas cartas para llegar a ti, porque tú y yo somos dos, y dos son el doble que uno. Las cartas tan sólo fueron herramientas que tenía en mi mano para intentar despertar conciencias, siempre desde el respeto, tanto en sus palabras como en su fondo y desde mi punto de vista esas cartas no fueron ni mucho menos un fracaso. Es cierto que no hubo respuesta de Google, ni del Papa Francisco, ni de Amazon, pero fueron cartas comentadas y compartidas. Gracias a esas cartas la página de Facebook pasó de los 770 seguidores y teniendo en cuenta que yo sólo tengo más de 273 amigos en Facebook lo considero todo un logro, pues yo no soy ningún influencer ni nada parecido.

Aparte de esas tres cartas hubo otras, que no publiqué en el blog pero que también envié y fueron sus respuestas, o no respuestas, las que, sin llegar a darme cuenta, me envolvieron en un pegajoso «hoy no me apetece, mejor mañana». Pero es muy fácil echar la culpa a los demás o las circunstancias, tan fácil como es dejarse atrapar por el día a día y no hacer nada más que consumir los días. Uno tras otro. Es jodidamente fácil. Y las cosas jodidamente fáciles se me dan muy bien. Demasiado bien.

Esta semana he recibido la llamada de Bea, de la ONG Boabad Mozambique, que se iba a pasar por Madrid y su llamada me ha hecho despertar. El 20 de enero recibí un email de Carlos, de la ONG Energía sin Fronteras en el cual me pedía más información para poder seguir adelante con el proyecto para dotar de energía a la Misión de Netia. Me decía que para poder seguir adelante es necesario una mayor especificación de las necesidades. Previamente ya se habían hecho un amago de identificación de las principales necesidades de consumo (lo publiqué en este post: Las necesidades de consumo de energía), pero tras una primera simulación, muy imprecisa pues Carlos se ha tenido que inventar los datos de potencia y de uso, ha llegado a unos resultados que no son fiables y que arrojan una instalación de 15 kw de potencia con un uso de energía para alumbrado del 33%. A mi esto me suena a chino, pero Carlos e sel experto, y me dice que esto no se mantiene y que necesita disponer de datos más reales para llegar a un dimensionamiento adecuado y por consiguiente a una correcta evaluación del proyecto. Carlos me ha pedido que cumplimente esta tabla Netia1. Si ya me había parecido complicado la primera identificación del amago de necesidades de consumo, esta segunda especificación sinceramente no sé muy bien cómo hacerla y la impotencia de no saber cómo llevar esto adelante, sumado al silencio recibido por parte de la ONG Ayuda en Acción para poder tener una charla con ellos, con el único objetivo de poder publicar el vídeo en el blog, por aquello de darle un mayor valor a los contenidos (pues me da vergüenza que tenga que publicar amagos de cuentos por no tener muchos más avances que publicar), me llevaron a esconderme en un mañana que nunca llegaba. El tiempo pasa demasiado rápido en según qué circunstancias y, sinceramente, sin darme cuenta ha pasado un mes y no he movido ni un dedo. En la conversación Bea me comentó que a finales de enero había habido lluvias torrenciales en el norte de Mozambique y que había habido grandes destrozos.

Tras terminar de hablar con Bea llamé a Carlos para pedirle perdón por el retraso y que decirle que iba a intentar conseguir la información que se requiere (me apoyaré en el Padre y las Hermanas). A continuación hablé con la Hermana Aurora para preocuparme por como estaban. La hermana me estuvo contando y, sinceramente, es de admirar la resignación y capacidad para lidiar con las adversidades que tienen estas personas. En el distrito de Monapo, donde se encuentra la Misión, más de 5.000 casas fueron destruidas y más de 168.000 personas se han quedado sin nada. La presa que se había construido gracias al proyecto del Canal de Isabel II hace un par de años y que era el sustento de agua para las comunidades de la zona, se vio desbordada y parte de los muros cedieron. Las plantaciones y cultivos de la escuela agracia quedaron abnegados. Actualmente la Misión está dando refugio a unas 200 personas en el cetro polivalente, personas que no tienen absolutamente nada. La casa de los profesores se ha derrumbado y uno de ellos ha fallecido. Están tratando de reconstruir la zona, para lo que están buscando chapa, plástico y cemento, ya que las casas de adobe y paja no son resistentes y todos los años hay tormentas fuertes en las épocas de lluvias.

Le pedí el número de teléfono del Padre Gasolina y me dijo que no lo tenía en ese momento, pero que le diría al Padre que me lo enviase por email. Al pasar unos días sin recibir ningún email del Padre consulté los correos marcados como spam y allí no sólo estaba el correo electrónico con su número de teléfono, sino también otro email enviado el 02/02/2018 contándome la tragedia. No sé porqué mi cliente de correo había marcado esos emails como spam, pero por culpa de eso yo no los leído hasta esta mañana y sólo imaginarme al Padre intentando luchar con todas sus fuerzas por aquella gente que lo había perdido todo, y ver que no recibía ni una sola palabra de preocupación o ánimo por mi parte, cuando estando allí compartieron conmigo todo lo que tenían, me hace sentir realmente miserable.

Hoy he decidido revolverme contra la pereza y volver a escribir, avergonzado y dolido conmigo mismo. Hoy vuelvo a escribir porque aunque mis palabras no lleguen a ningún sitio, aunque mis palabras no sirvan para nada, es lo único que tengo y, al menos de momento, lo único que puedo dar.

Así que una vez más pido disculpas. Disculpas a ellos y disculpas a ti. Sacudiéndome la pereza y la desidia aparco una vez más en nada para continuar haciendo cualquier otra cosa.

 

 

Pd. La foto es del camino que lleva de la carretera a la Mision. Tras las lluvias ni los cuatro por cuatro podían ni entrar ni salir.

 

 

 

 

 

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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