Confiando en la teoría de los seis grados

Confiando en la teoría de los seis grados

Desde hace dos meses no he vuelto a tener noticias de Manos Unidas y me puede la incertidumbre. No quiero atosigarles, ya que me dijeron que iban a estudiar otras opciones y me dirían algo, y yo confío en ellos, pero me puede la impaciencia. Me da miedo que todo se quede en nada, que me atrape de nuevo el sofá y mi conciencia se autoengañe con un «tú ya lo has intentado» y que lo mucho o lo poco que he ido haciendo no haya servido para nada y allí se queden sin electricidad. Hay muchos momentos en los que la frustración e impotencia es demasiado grande como para no oir sus gritos, pero sigo creyendo que el objetivo de todo esto es bueno y la teoría de los seis grados es caprichosa y muy poderosa. 

La teoría de los seis grados de separación es una hipótesis que intenta probar que cualquier persona en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces), algo que se ve representado en la popular frase «el mundo es un pañuelo». (definición tomada de aquí)

A mi no me queda más remedio que apelar a esa teoría para poder llegar a los que puedan ayudar a llevarles la electricidad y hasta ahora en esta aventura ya se ha manifestado en momentos determinados. Cuando más agobiado estaba porque no era capaz de materializar lo que se necesitaba (yo sólo llegaba a decir que necesitaban electricidad, pero sin concretar nada más), Raquel leyó una publicación de este blog; Raquel lo comentó su jefe, Fernando; Fernando le habló de su suegra, Guadalupe; Guadalupe ma facilitó el contacto de Javier y Javier me hizo el enorme favor de visitar Netia-Natete para tomar sobre terreno las necesidades de consumo y elaborar una estimación del coste de un posible proyecto para la  instalación de un sistema solar. 

Unos meses después, Javier, que había comenzado un proyecto en una Universidad en Etiopía, me preguntó si mi empresa colaboraba con la donación de equipos informáticos, de esos que se desechan, porque en aquella universidad tenían un aula de informática con capacidad para 30 alumnos, pero no les funcionaba la mitad de los equipos que tenían. Yo sinceramente desconocía las políticas al respecto de mi empresa y estuve preguntando, pero nadie sabía responderme, así que realicé una publicación en una red social privada que tenemos para los empleados. Yo aquella publicación la hice por lo que la hice, para ver si le podia devolver el favor a Javier y con  esa publiocación conseguí dos cosas, por una parte conocer las políticas corporativas relacionadas con la donación de equipos y por otra, que el equipo de comunicación interna de mi empresa se interesasen por lo que estaba haciendo. Me propusieron contar muy brevemente lo que llamaron «mi historia» (aunque esto nunca ha sido «mi historia», sino «su historia», porque lo que hago lo hago por ellos). A mi me daba mucha vergüenza porque todo esto es muy friki, vamos, que no se puede encajar en términos de eficiencia o eficacia, tan sólo soy una persona, un particular que lo está intentando una y otra vez, inventándose puertas a las que llamar cuando se cierran a las que ya ha llamado. Así se lo dije y me digeron que les gustaría compartirla. Yo nunca he buscado protagonismo, es más, soy extremadamente tímido y vergonzoso, pero si por algo comencé con este blog fue precisamente para dar una oportunidad a la teoría de los seis grados ya que nunca he «jugado» mucho con las redes socailes y mi alcance es muy limitado, así que acepté que publicasen «Mi historia». Lo que inicialmente iba a ser una publicación en la Intranet de la empresa, derivó en una publicación en el Instragram de la empresa y hace unas semanas en su cuenta de LinkedIn. Sí hubo personas que visitaron mi perfil, lo más seguro que para ver quién era ese loco que estaba haciendo cosas tan raras, pero entre las personas que viene aquella publicación, hubo una que me contactó. Ella se llama Isabel, y trabaja en el equipo de voluntariados de mi empresa, que colaboran el proyectos solidarios. No nos conocíamos personalmente, pero hacía unas semanas habíamos hablado por teléfono por temas relacionados con nuestros trabajos y ella se acordaba de mí. Había leido la publicación en el LinkedIn y movida por la curiosidad estuvo navegando por el blog y vió lo que estaba intentando. Me llamo por teléfono, como particular, no en representación de su empresa, y me dijo que iba a intentar ayudarme a compartir con algunos contactos que tenía lo que estaba haciendo, me pidió que le enviase una presentación con las principales necesidades y yo le envié lo que aquí os comparto. Todas estas fotos (excepto las de la escueltia que la han abierto hace poco) las he hecho yo mismo. Con eso sólo quiero recalcar que son reales y actuales.

Ya me avisó Isabel que no me podía asegurar nada, que no me quería generar falsas esperanzas, pero que ella iba a intentar moverlo. Te puedo asegurar que el hecho de que simplemente se haya molestado en contactarme para decirme voy a intentar ayudarte, para mi ya ha sido un subidón enorme, porque precisamente para eso había creado este blog, para ver si alguien me podía intentar ayudar con alguna pista o señal que seguir, porque contactos, lo que se dice contactos, yo no tengo muchos. No sé si gracias a Isabel se conseguirá algo, pero yo ya le estaré eternamente agradecido simplemente con que lo intente, porque eso es lo que estoy intentando hacer yo con todo esto, intentarlo, pero intentarlo de verdad.

También le estoy muy agradecido a Jose. A jose  no lo conozco, pero a raíz de la publicación anterior que hice en este blog me compartió un par de enlaces, uno del proyecto Luces para Aprender que está desarrollando Ayuda en Acción en Mozambique y otro de una publicación de un proyecto que se había realizado en un Hospital en el Congo. Con Ayuda en Acción ya había contactado al principio de esta aventura, pero al menos de momento estan centrando su actividad en Pemba, en la provincia de Cabo Delgado y Netia-Natete les queda muy a desmano (tal vez algún día), pero tras leer la publicación del Hospital en el Congo envié un email a la empresa PRODIEL (http://prodiel.com/), empresa tecnológica internacional especializada en energías renovables y gestión medioambiental y la Fundación Rotary (https://www.rotary.org/es/about-rotary/rotary-foundation), Rotary es una red mundial compuesta de 1.200.000 vecinos, amigos, líderes y personas dedicadas a solucionar problemas, quienes ven un planeta en que las personas se unen y toman acción para generar un cambio perdurable en el mundo, sus comunidades y en sí mismos. Ambas participaron el el proyecto del sistema solar para el Hospital del Congo y tal vez puedan ayudar en este. Sinceramente, hasta ahora he tenido bastante poco éxito cuando me he dirigido al email de contacto de empresas o fundaciones, tal vez porque yo no sea nadie, porque no haya sido capaz de transmitir lo que persigo y necesito, porque me tomen por loco o porque no les inetrese, no lo sé. Yo realmente lo único que persigo es que se abra el proyecto, ni siquiera estoy hablando de la financiación. Quien sabe si esta vez habrá más suerte y me responderán (yo sigo con los dedos cruzados por si acaso), pero ese email era otra de esas muchas puertas que me tengo que inventar.

Yo sigo confiando en la teoría de los seis grados (no me queda otra) y por eso cada publicación que hago la comparto en la página de Facebook y pago por un mínimo por promocionara, porque si no lo hago así, no creo que el algotirmo de Facebook valore como interesante mis publicaciones (como sucede con la mayoría de los amigos que tengo en Facebook, pero lo entiendo y no me «enfurruño», aquí no se trata de convencer a nadie de nada, sino de dar la oportunida de ayudar a quién quiera hacerlo). Para poder poner en práctica la teoría de los seis grados necesito poder llegar a muchas personas, con la esperanza de que entre todas ellas haya alguna que le parezca lo suficientemente interesante o positivo todo esto para empujar el mensaje, porque yo sólo soy un grado y me faltan los otros cinco.

¿Me ayudarías tú para poder ayudar? ¿Querrías ser uno de esos cinco grados que me faltan? Necesitaría que le llegase este grito de ayuda a alguna persona que trabaje en alguna empresa que tengan políticas RSC (Responsabilidad Social Corporativa) relacionada con el desarrollo sostenible y más concretamente con las energías renovables, y para eso necesito ayuda, porque yo sólo no soy capaz de llegar y no será por no intentarlo, pero no lo debo estar haciendo bien o soy demasiado pequeño para poder llegar a dónde necesito llegar.

 

Penúltimas novedades de la odisea de la búsqueda de energía

Penúltimas novedades de la odisea de la búsqueda de energía

Parece ser que mi cuerpo comienza a pedir vacaciones y la ansiedad no me deja dormir, así que aprovecharé para contarte las penúltimas novedades. Digo penúltimas porque, sinceramente, espero que asiga habiendo más novedades que poder contarte.

En publicación anterior te había contado el jarro de agua fría que supuso recibir, después de más de cuatro meses de demora, el presupuesto del proveedor local para la instalación del sistema solar. 600.000€ nada menos, casi nada comparado con los 70.000€ de nuestra estimación. Una verdadera barbaridad.

Lo primero que hice al recibir aquel presupuesto, aparte de contener las lágrimas, fue enviárselo a Javier, el ingeniero que me estuvo echando una mano y opinó lo mismo que no: una barbaridad.

Yo sabía que el proveedor local (LOGOS se llama y está ubicado en Maputo, la capital de Mozambique) lehabía enviado directamente el presupuesto a Manos Unidas, pero Manos Unidas no se había pronunciado, así que les volví a escribir. No quería ser un pesado, pero me preocupaba (y preocupa) que se abandonase el proyecto por ese presupuesto tan inflado. En aquel email les pedí, por favor, que antes de descartar el proyecto le dieran la oportunidad, al menos para analizarlo, el proyecto que le había enviado, el de los 70.000€ (la estimación inicial era de unos 77.000€ pero Manos Unidas no podía incluir al hospital por ser de gestión pública, es decir, del gobierno y eso lo podía bajar un poco). Manos Unidas, que la verdad, entre tú y yo, desde que les escribí aquel primer email a puerta fría, se han portado siempre conmigo estupendamente y les tengo, y tendré, un gran a aprecio de por vida. Es increible todo lo que hacen y la preocupación sincera que tienen por los más necesitados. 

Me respondieron enseguida de Manos Unidas. El presupuesto a ellos también les parecía muy alto, pero me digeron: «No te preocupes que estamos en ello, cuando tengamos más noticias nos pondremos en contacto contigo.» y eso me tranquilizó, porque por lo que he ido pudiendo ver, no podría encontrar muchas mejores manos que las de Manos Unidas.

Ese email lo recibí el pasado 20 de junio y desde entonce sigo esperando. Sé que su interés en sacar adelante este proyecto es real, pero me puede la impaciencia. Yo de momento sigo esperando con los dedos cruzados un email de elllos con algo así como «Ya tenemos la solución». Como se suele decir, la esperanza es lo último que se pierde, pero en mi caso, la «esperanza con reducción de paciencia» es el plato favorito de la ansiedad.

Hace unos días recibí un mensaje del Párroco de la Misión de Netia-Natete. Me comentaba que había recibido la visita allí la visita de la Fundación Calma. Estuvieron visitando la escuela a la que queremos llevar la energía y el Párroco les compartió tanto el proyecto nuestro como el del proveedor local de Mozambique y le digeron que  lo iban a ver. Sinceramente, cuando me lo comentó pensé que se podría abrir otra puerta y eso me alegró. 

Hace tres días el Párroco me hizo llegar un documento. Un nuevo prespuesto, de otra empresa privada de Mozambique en esta ocasión no para la instalación energís renovabes, sino para la instalación de red eléctrica de media tensión. No sé si recuerdas (y sino lo recurdas te lo recuerdo yo), que la red eléctrica pasa a no más de 3 km el línea recta de donde está la escuelta. Este presupuesto nuevo (aquí lo puedes ver) asciende al cambio (porque está en meticales) a unos 123.000€, sóllo para la parte de la tensión media, sumando la de la baja tensión podría estar rondando los 150.000€. Parece ser que la Fundación Calma está dispuesta a colaborar con unos 40.000€.

A ver, entre tú y yo, y ahora que nos nos oye nadie, a mi personalmente me parece un gran error. Por favor, no me  malinterpretes, yo lo que busco y siempre he buscado es que tengan electricidad, porque con la elecrtricidad no sólo tendrán luz, también podrán sacar el agua de los pozos, podrán haber higiene, podrán tener en la escuela maquinaria, ordenadores, etc. es decir, podría desarrollarse la escuela y con ella los alumnos y las comunidades. A mi que la electricidad les llegue a travéas del caminio que comencé hace un par de años o que llegue de otra parte me da exactamente igual. Yo nunca comencé esto por mi, sino por ellos y lo que me preocupa es el fin, no los medios, vamos, que ni quiero ni necesito ponerme ninguna medallita, esto nunca ha ido de eso. Al margen que yo soy partidario y defensor de las energías renovables, porque no sé si has oido por ahí que nos estamos cargando el planeta entre todos, la red eléctrica en aqullos países es muy deficiente y son muy frecuentes los cortes de servicio. Sería realmenge disponer de cables que no te garantizan una electricidad 24/7. Además de eso, les exigiría un coste recurrente por consumo con uns precios fijados por el gobierno (con todo lo que eso implica y más en aquellos países). 

Yo al Párroco le comenté que de nuestro proyecto, lo que más encarecía el coeste realmente no era el sistema solar en sí, sino que la mitad de presupuesto estaba destinado a la renovación del tendido eléctrico tanto exterior como interior, así como para la rehabilitación de la sala del generador que se pensaba utilizar como generador de respaldo. Esas reformas eran reformas locales ya presupuestadas, que estaban entorno a esos 40.000€ que decía la Fundación Calma que podrían aportar. Si la Fundación Calma aportase esos 40.000€ para esa parte del proyecto, podríamos hablar con la Fundación EKI, con quienes ya había hablado y de hecho me estuveron enseñando las pruebas de unas instalaciones que estaba haciendo para llevarse a un hospotal en Malawi. La Fundación EKI lo que hacen es financiar hasta un máximo de 20.000€ tanto la compra como la instalación del sistema solar y ofrecen un mantenimiento en remoto durante 20 años, pero esos 20.000 € hay que devolvérselos, sin intereses durante esos 20 años, es decir, a razón de 1.000€/años. Teniendo en cuenta que actualmente el coste en gasóleo que tienen allí para poder enecender el generador dos horas al día ya supera con creces los 1.000€ al año, no me parece mal opción la de la Fundación EKI. Es posible que con los 40.000€ de la Fundación Calama y los 20.000€ de la Fundación Eki faltasen todavía unos 10.000€, pero aunque ese dinero no lo tengo, estoy seguro que me podría entender con el banco. No tengo propiedades, pero a base de págas extras y objetivos, creo que podría ir pagándolo.

El párroco me comentó que le parecía buena idea, pero que la Fundaciómn Calma se había decidido por la corriente eléctrica, y que veía la energías renovables para determinadas cosas puntuales. Yo personalmente no etiendo por qué, pero quiero pensar qu elos expertos son ellos, porque yo desde luego no lo soy y me base en lo que me han contado personas que sí lo son.

Parece ser que el Párroco le va a enviar el presupuesto a Manos UNidas a ver qué opina. A mi, la verdad, me sorprenderá que lo fuesen a financiar, porque pasa lo mismo que con el hospital. La red eléctrica es un a invrsión pública que debe acometer el estado, y no se debe suplir las carencias de inversiones públicas con cooperación, porque eso favorece la corrupción.

De momento así están las cosas. No sé si conseguirán ayuda para la extensión del tendido eléctrico, si no lo consiguen, no sé si la Fundación Calma seguirá interesada en aportar esos 40.000€ para el proyecto del sistema solar (si lo hiciesen sería prácticamente poder pornerlo en marcha), no sé si Manos Unidos encontrará pronto alguna otra solución. Lo único que sé es que si se cerrasen todas esas puertas me tocará seguir haciendo cualquier otra cosa por inventarme alguna puerta más. Me comprometí conmigo mismo que lo iba a intentar hasta el final y todavía no veo ningún cartelito que ponga «The End».

 

 

Y después de cuatro meses llegó el presupuesto…

Y después de cuatro meses llegó el presupuesto…

Una vez más he de comenzar una publicación con la frase “Hace tiempo que no escribo”, pero es que hasta ahora no tenía ninguna novedad que contar. Yo no entiendo el lenguaje de los selfies y no creo que a nadie le interese lo que hago, lo que me gusta, la ropa que me pongo o lo que como o lo que dejo de comer. Cuando creé cualquierotracosa.es lo hice tan sólo para ir contando esta aventura, por si mi experiencia le podía servir a alguien que estuviese, como yo, cansado de esperar a que los cambios los provoquen los que pueden pero no quieren. No pretendo con lo que publico convencer a nadie de nada, pero necesito pensar que en el mundo tiene que haber más personas que, si supieran cómo, intentarían a ayudar a poner tiritas al planeta. Comencé esta locura como un intento de comprobar si un simple particular, sin más, puede realmente hacer algo por ayudar, pero hay veces que pienso que los griegos tenían razón y donde mejor está Elpis, el espíritu de la esperanza, es en el fondo de la caja de Pandora.

Después de casi dos años caminando sin saber muy bien por dónde; tocando puertas que se cierran y otras que ni siquiera se abren; después de haber conseguido lo que me parecía imposible, que un ingeniero especializado en la implantación de sistema solares en comunidades rurales de países vecinos como Malaui, Kenia o Tanzania, me echase un mano y visitase sobre el terreno aquello para tomar las necesidades y las especificaciones (aquí puedes ver la estimación que hicimos en base a su experiencia); después de haber conseguido que Manos Unidas se interesase por el proyecto y facilitase el contacto de una empresa local en Maputo, especialistas en proyectos de este tipo; después de más de cuatro meses esperando el presupuesto, ayer por fin lo recibí.

A mí me parecía perfecto contar con un proveedor local, no sólo porque de esta forma se facilitaba el mantenimiento de las instalaciones, sino principalmente porque era una forma de generar economía en el país, que falta les hace. Lo que menos me imaginaba es que después de más de cuatro meses esperando, la empresa pase un presupuesto de casi 600.000€, cuando nuestra estimación era de unos 77.000€. Aquí está el presupuesto, por si lo quieres ver. Sinceramente, yo de esto entiendo poco y estoy esperando que le eche un ojo el ingeniero que me ayudó con las estimaciones, pero o bien ha hinchado una barbaridad los precios o bien ha dimensionado como si fuese para montar una pequeña NASA en Mozambique.

El presupuesto también se lo envió a Manos Unidas y, aunque todavía no he recibido feedback de ellos, tengo muy claro que ese presupuesto no lo van a aceptar. Como la empresa local no enviaba el presupuesto yo les había comentado la posibilidad de comprar el material en España y hacerlo llegar por mar y para la instalación se podía contar con el ingeniero que me lo había ofrecido y con una fundación vasca con los que había hablado, pero este proveedor ya había trabajado con Manos Unidas y preferían esperar su presupuesto. Ahora no sé lo que va a pasar. Que vayan a aceptar un proyecto valorado en 600.000€ ya sé que no, así que la otra opción que me queda es que acepten lo de el contenedor y la fundación vasca. Si eso no lo quieren no me quedará otra que volver a la casilla de salida e inventarme un Plan C.

He de reconocer que cuando recibí el presupuesto lo primero que me vino a la cabeza fue un “lo has intentado”, pero no puedo, no puedo dejarlo aquí. No puedo dejarlo por ellos, porque por allí no pasa nadie y menos con la electricidad debajo del brazo. 

Normalmente sólo conocemos lo que vemos a nuestro alrededor, lo que nos muestran en los medios y a lo que nos permite ver el algortimo de Google, pero todo eso es sólo una parte, muy pequeña, de la realidad que existe. La semana pasada preparé una presentación para mostrale a unos compañeros de trabajo cómo es aquello y te la voy  a compartir aquí . Excepto las fotos de Maputo (que las tomé de Internet) y las de la diapositiva del terrorismo (que me hicieron llegar de Mozambique), todas las demás fotografías las he tomado yo personalmente. Me puedes creer o no, pero así son las cosas allí. y tal vez viendolo puedes llegar a entender por qué no puedo dejarlo y tengo que seguir intentándolo.

Voy a esperar a ver qué dice Manos Unidas y a partir de ahí veré por dónde sigo.

Con el «Qué» y el «Con Quién»

Con el «Qué» y el «Con Quién»

Hace tiempo que no escribo y me gustaría contarte cómo van las cosas, porque la aventura continúa.

Después de regresar de Mozambique en enero y ya con un primer documento con las necesidades de consumo, la infraescructua necesaria para antender esas necesidades y los costes (algunos de ellos con estimaciones), me reuní con África Directo para ver que les parecía el proyecto y si iban a poder participar, ya que con el documento tenía un «Qué», pero me faltaba un «Con Quién». Después de estra hablando del proyecto me respondieron que el proyecto «no les apasionaba» y tiene su razón de ser.

Este no es un proyecto sencillo de «vender». Para empezar porque aunque mi prioridad siempre ha sido la escuela agraria, las residencias de estudiantes y el Hospital, el proyecto incluye otras instalaciones de la misión de caracter pastoral, como las casas del Párroco y la de las misioneras, la iglesia o el centro pastoral y eso es un obstáculo para ciertas entidades. Si en el proyecto quiero incluir esas instalaciones básicamente es porque a excepción de la iglesia (cuyas necesidades de consumo son realmente pequeñas), el resto de edificaciones también tienen su beneficio social. En las casas del Padre y las de las misioneras es donde se alojan los voluntarios y visitantes de la misión y en el Centro Pastoral es donde se alojan los líderes de las 120 comunidades cuando se reunen, bien sea para recibir fomación relacionadas con los proyectos o cuando tienen que tratar asuntos locales de interés general, además, en el centro pastoral se alojaron el año pasado más de 200 personas que se quedaron sin casa tras los monzones. Otra dificultad es el Hospital. El Hospital es de gestión pública y no se debe suplir las inversiones que debe realizar el gobierno con ayuda de cooperación, porque fomenta la corrupción, así que la idea que tenemos es vender la electricidad que consuman al hospital a través de la firma de un contrato de compra-venta de electricidad. Ya hubo una reunón con los representantes del gobierno y están de acuerdo en esa fórmula, pero para las entidades financiaras no deja de ser un pero. Por otra parte, si sumamos los alumnos de la escuela y las niñas de la casa de las meninas no suponen mucho más de 150 jóvenes y si se mira en términos de rentabilidad, para un proyecto demasiado caro para tan pocos beneficiarios, pero yo lo veo de otra forma. No sólo son los alumnos los beneficiarios de este proyecto, también lo son las comunidades donde los alumnos aplican lo aprendido con sus cosechas. También lo son los más de 20.000 pacientes que acuden anualmente al centro de salud. También lo son las familias que no tienen que entregar en matrimonio a sus hijas en edades muy prematuras por no poder matenerlas. Yo cuando comencé con esto no lo hice pensando en esos 150 alumnos, sino en la educación que podría recibir sus hijos y los hijos de sus hijos si esos 150 alumnos aprendían lo que es la dignidad y a respetarse a sí mismo y respetar a los demás.

He de reconocer que el no contar con África Directo me supuso un golpe, porque todo esto es tan complicado para mi, que muchas veces tengo que agarrame a donde sea para poder mantener la esperanza y seguir adelante, y cuando la realidad te pone en tu sitio el bajón es grande, pero toda esta aventura no deja de ser una montaña rusa emocional y hay que seguir adelante si se quiere conseguir. Si me gustaría dejar claro que lo único que puedo decir de África Directo, es que no les puedo estar más agradecido, ya que sin su ayuda seguiría sin tener nada y gracias a ellos ya tengo un documento con el «Qué». 

Después de asumir que había que seguir buscando volví a tocar las puertas de Manos Unidad. Ellos ya me conocía, porque no era la primera vez que les escribía. Les conté que seguía con mi idea del proyecto de la electricidad y simplemente les pregunté si me podían orientar acerca de que otras puertas podía tocar, ua que ellos ya estaban colaborando allí con otros proyectos que todavía estaban abiertos. Les conté la complejidad del proyecto en cuanto a rentabilidad y naturaleza, pero eso no les asustó. Me pidieron que les enviase el documento y, al igual que pasó cuando les escribí con relación a la reconstrucción de la represa, obtuve como respuesta un «creo que podremos ayudarles». 

Manos Unidas se puso en contacto directamente con la misión y les dijo que yo les había contactado y que les había gustado la idea. Primero tenían que cerrar los tres proyectos que tienen abiertos (la reconstrucción de la represa, la reconstrucción de 190 casas en las comunidades y la construcción del laboratorio en la escuela agraria, que necesitan para poder pasar al grado medio), pero que mientras tanto fueran presentando la documentación para poder abrir el proyecto de la electricidad. No te puedes imaginar lo que eso significó para mi. Parecía que después de todo, el proyecto ya empezaba a estar encauzado.

Se prevé que el mes que viene se cerrarán los tres proyectos y se podrá entonces comenzar con este. En estos momentos se está pendiente de un presupuesto que tiene que hacer una empresa local de la que facilitó el contacto Manos Unidas y que esperemos que pueda estar en una o dos semanas. Teniendo en cuenta que llevó casi seis meses la recopilación de toda la documentación necesaria para poder formalizar el proyecto de la reconstrucción de la represa y comenzar las obras, el comienzo de la instalación de los paneles solares se puede demorar y cualquier cosa se puede torcer, pero de momento me siento esperanzado y si hay obstáculos en el camino, habrá que sortearlos como se ha venido haciendo como hasta ahora. 

Mi intención es continuar con este blog hasta que vea encendida la primera bombilla. Si me quieres seguir acompañando y comprobar si se consigue, eres más que bienvenido. Sólo te pido un poco de paciencia, porque estas cosas van muy despacito.

La carrera del oso perezoso

La carrera del oso perezoso

Hace algo más de una semana participé en una carrera de 5,5 km. No batí ningún récord de velocidad, es más, llegué el penúltimo. Si no llegué el último debió ser porque los últimos 500 metros eran cuesta abajo y yo pesaba más. Una amiga de la familia, Ana, me había pedido que publicara algo sobre cómo fue la carrera y, como Ana lleva siguiendo las publicaciones que voy haciendo desde que me lancé a esta aventura, voy a recoger el testigo, pero espero que no le importe que lo haga a mi manera. Me gustaría intentar contarlo de tal forma que lo pudiera entender mi “sobrijada”, Ángela. Ángela, de momento, no va a poder leer esta publicación porque, aunque ya conoce muchas letras, todavía no domina la alquimia de las palabras. Tal vez cuando tenga 5 años pueda leerlo ella sola, porque parece ser que es en 5 dónde se encuentra el umbral entre todo lo que ya se puede hacer sola y lo que todavía no se puede porque no se es TAN mayor. Hasta entonces se lo van a tener que leer porque no es que ella no pueda, es que todavía no sabe.

Pido disculpas de antemano por si alguien tiene la paciencia suficiente para leer toda la publicación y no he sido capaz de transmitirle a través de este relato nada, espero que pueda perdonarme y comprender, que el desafío era grande. Las mismas cosas no se ven de igual manera cuando se mira con ojos de niña, más específicamente con los ojos de una niña con la fantástica habilidad de transformarse en Kion, cachorro líder de la Guardia del León, y luchar contra las hienas para ayudar a los animales del reino que están en peligro. Todo el mundo sabe, o debería saber, que no hay problema en el reino que la Guardia del León no pueda solucionar. Eso es lo cree mi sobrina y ella nunca miente, al menos de momento.

Vamos a ello, a ver qué sale de aquí.

 

Lo que te voy a contar no pasó hace tanto tiempo como para no recordarlo. Tampoco sucedió en un lugar muy lejano. Sucedió en una ciudad de esas de las de muchos coches y edificios altos. En esta ciudad había un viejo oso perezoso que vivía en su sofá. Cada mañana, el oso perezoso se levantaba temprano para ir a trabajar. Salía de su sofá al salir el sol y regresaba al salir la luna. Cuando estaba en su sofá lo que más le gustaba era tumbarse y contemplar las luciérnagas. Se podía quedar horas ensimismado con aquel espectáculo de luces y colores. Las luciérnagas sabían cómo entretener al oso perezoso. Los fines de semana el oso perezoso salía a jugar con sus amigos, pero lo que más le gustaba al oso perezoso era sacar a pasear el paraguas con su sobrina, porque como todo el mundo sabe, o debería saber, no hay nada más divertido para un oso perezoso que sacar a pasear un paraguas con un cachorro de león. Se puede decir que el oso perezoso tenía una vida cómoda. No tenía muchas cosas, pero tampoco necesitaba mucho más.

Una mañana de sábado como otra cualquiera, el oso perezoso quería desayunar. Era un día de esos de fiesta total y ese día no tenía que ir a trabajar. Como todo el mundo sabe, o debería saber, el desayuno favorito de los osos perezosos es un buen tazón de leche con dos tostadas con miel. El oso perezoso preparó las tostadas, se sirvió leche en el tazón y cuando fue a coger la miel, ¡Oh, no! Se había acabado.

El oso perezoso arrugó la nariz y exclamó:

– ¡Zapatillas! Tendré que ir a comprar más miel.
– ¡Que pereza! – le susurró Kitambaa al oído – Te las puedes comer así, sin miel. También están ricas. ¿Quieres salir a la calle ahora? En el sofá se está tan bien…

Kitambaa se abrazó con fuerza al oso perezoso. Kitambaa era la Mzigo mzito del oso perezoso. Las Mzigo mzito se agarran a la espalda de los animales cuando nacen y los acompañan durante toda su vida. Todo animal tiene una Mzigo mzito agarrado a él, pero no todos los animales las pueden ver. Las Mzigo mzito pueden cambiar de forma cuando quieren y se alimentan de los defectos de los animales a los que acompañan. La comida favorita de Kitambaa era la pereza y cuanta más pereza tenía el oso perezoso, más comía Kitambaa y más grande y pesada se ponía.

– Pero a mí me gusta la miel, Kitambaa – replicó el oso perezoso – Yo quiero desayunar con miel. Quédate tú si quieres en el sofá. Yo voy a comprar más miel.

Kitambaa se enrolló alrededor del oso perezoso y guardó silencio. Estaba enfadada porque no hay nada que más moleste a una Mzigo mzito que quedarse sin comer.

El oso perezoso saltó de su sofá y salió a la calle con Kitambaa enroscada a su cintura. Camino de la tienda de las abejas, el oso perezoso metió la mano en el bolsillo y sacó unas monedas. Estaba contando las monedas cuando una de ellas se escapó y rodó por el suelo. La moneda rodó y rodó; cruzó la plaza; bajó las escaleras y chocó con la pared de la casa de la cebra Camila. Las patitas del oso perezoso se movían lo más deprisa que podían, lo cual no era mucho, porque eran pequeñitas y rechonchas. Le había costado mucho esfuerzo haber ganado esa moneda y no quería perderla. Sin esa moneda no podría comprar la miel que tanto le gustaba. Se acercó a la pared de la casa de la cebra Camila y buscó la moneda, pero no la encontró. El oso perezoso pegó su nariz al suelo. Si no podía ver la moneda tal vez podría olerla, porque como todo el mundo sabe, o debería saber, los osos perezosos tienen muy buen olfato. Olisqueó por el suelo, pero no encontró ningún rastro de la moneda. Todavía estaba olisqueando, cuando vio un destello que salía de lo que parecía una grieta en la pared. Acercó su uña a la grieta y, con suavidad, tiró de la esquinita. La pared se empezó a despegar como si fuera un papel. Con mucho cuidado el oso perezoso fue tirando hasta que despegó lo suficiente como para poder asomar la cabeza. La luz venía de allí. El oso perezoso tuvo que pestañear varias veces para que sus ojos se acostumbrasen a la claridad. Vio entonces un cielo del color más azul que jamás había visto y un sol amarillo, muy amarillo, cuyos rayos iluminaban una tierra rojiza de la que brotaba todo tipo de árboles y plantas, muy diferentes a las que él conocía.

– ¿Alguna vez habías visto algo así, Kitambaa? – Preguntó sorprendido el oso perezoso -¡Cuánta luz!

Kitambaa estiró su cuello y asomó la cabeza por encima del hombro del oso perezoso sin mucho interés.

– Sólo es luz – dijo Kitambaa – Las luciérnagas también dan luz y son mucho más divertidas.

El oso perezoso hizo el agujero más grande y, cuando hubo hueco suficiente, saltó hacia al otro lado. Cuando sus pequeños piececitos tocaron el suelo una nube de polvo naranja revoloteó a su alrededor.

– Cof, cof, cof – tosió Kitambaa – Esto está muy sucio. Busquemos la moneda y volvamos a casa. Volvamos a nuestro sofá.
– Ya buscaremos luego la moneda, Kitambaa ¡Vamos a explorar!

El oso perezoso caminó con Kitambaa a su espalda bajo el sol durante horas, hasta que el sol se fue a descansar y dejó su sitio a la luna. Y con la luna llegaron las estrellas.

– ¡Kitambaa, mira el cielo! ¿Alguna vez habías visto tantas estrellas? No sabía que cupiesen tantas estrellas en un mismo cielo.

Kitambaa levantó con desgana la mirada hacia el cielo.

– Pero son muy aburridas. ¿Para qué sirven las estrellas si no se mueven, no iluminan y no dan calor?

El oso perezoso estaba tan entretenido contando las estrellas que no escuchaba lo que Kitambaa le decía. Cuando al oso perezoso no le quedaban ya números para seguir contando le entró sueño. Se tumbó debajo de un árbol y se quedó dormido. Kitambaa se acurrucó alrededor del oso perezoso y se quedó dormida también.

A la mañana siguiente, el oso perezoso todavía estaba soñando cuando un ruido a su alrededor le despertó. Abrió los ojos. Ya había vuelto a salir el sol y la claridad no le dejaba ver. Sólo veía una sombra encima de su cabeza. La sombra se movía y tenía dos grandes y redondos ojos que miraban fijamente al oso perezoso. El oso perezoso dio un respingo.

– ¿Quién eres? – Preguntó asustado el oso perezoso mientras Kitambaa se escondía detrás de él.

Aquellos ojos también se asustaron y se escondieron detrás del árbol.

– ¿Quién eres? – repitió el oso perezoso.
– Soy un gálago de Grant – se oyó una voz que salía de detrás del árbol – ¿Y tú?
– Yo soy un oso perezoso – respondió mientras se levantaba del suelo y se sacudía la tierra de encima. Sólo el oso perezoso podía ver a Kitambaa, así que no les presentó.

El gálago de Grant salió muy despacito de detrás del árbol, sin dejar de mirar con sus grandes ojos redondos al oso perezoso. El oso perezoso nunca había visto antes un gálago de Grant y le llamaba la atención sus grandes orejas, sus redondos ojos y esa cola larga y peluda que llevaba enroscada detrás suya.

– Nunca había conocido antes a un gálago de Grant – dijo el oso perezoso.
– Yo tampoco a un oso perezoso – respondió el gálago de Grant.

Y se hicieron amigos.

El gálago de Grant invitó al oso perezoso a su casa. Al llegar al poblado del gálago de Grant, multitud de ojos grandes y redondos, grandes orejas y colas peludas salieron de todas partes para ver al oso perezoso. No solían tener visitas y mucho menos la de un oso perezoso.
Invitaron al oso perezoso a desayunar. Se sentaron todos alrededor de una gran mesa que dejaron presidir al oso perezoso por ser el invitado. No tenían mucha comida, pero todo lo que tenían lo pusieron sobre la mesa. No había miel, pero el oso perezoso tampoco la echó de menos. Estaba el oso perezoso desayunando cuando sintió unos golpecitos en su patita. El oso perezoso bajó la mirada y vio una pequeña gálago de Grant que le ofrecía su muñeca. A juzgar por el tamaño de la pequeña gálago de Grant, debía ser de la edad de su sobrina.

– ¿Es para mí? – Preguntó el oso perezoso.

La pequeña agachó la cabeza y salió corriendo del comedor. Era muy tímida, pero poco a poco fue perdiendo la vergüenza y no se volvió a separar del oso perezoso.

Al terminar de desayunar enseñaron al oso perezoso el poblado. Era un poblado muy pobre. Las casas estaban hechas de papel. Había un hospital, pero no tenía ni agua, ni medicinas. No tenían lámparas, ni bombillas, así que por la noche las hienas robaban las medicinas cuando nadie las veía. Había un colegio también, pero no tenían ni pupitres ni sillas y los pequeños se sentaban en el suelo. Los gálagos de Grant se alimentaban de las frutas y las hojas de los árboles, así que los gálagos de Grant más mayores enseñaban a los más jóvenes como plantar y cuidar a los árboles, porque no se nace sabiendo y esas cosas hay que aprenderlas. Los gálagos de Grant necesitaban los árboles para poder vivir, pero cada vez quedaban menos, porque por las noches, cuando nadie los veía, los buitres los arrancaban y se los llevaban en camiones. Los chacales, que reinan en aquellas tierras, miraban a otro lado porque las hienas y los buitres eran sus amigos. Los gálagos de Grant estaban en peligro.

El oso perezoso pasó unos días con sus nuevos amigos. Vivió con ellos, comió con ellos e incluso bailó con ellos, cuando todo el mundo sabe, o debería saber, que los oso perezosos no bailan.

El oso perezoso regresó a su ciudad y contó lo que allí había visto: “No tienen agua”, “no tienen ni lámparas ni medicinas”, “las hienas, los buitres y los chacales les roban”. A lo que le respondían: “Que pena”, “pobrecitos”, “que mala suerte”, pero nadie sabía cómo ayudarles y el oso perezoso tampoco.

– Amigo, tú no puedes hacer nada para ayudarles – susurró Kitambaa – La vida es así y un oso perezoso no puede hacer nada para cambiar las cosas. Túmbate en el sofá y veamos las luciérnagas.

El oso perezoso se tumbó en el sofá y allí estuvo varios días, viendo como las luciérnagas reían, discutían y jugaban, pero el oso perezoso no podía dejaba de pensar en los pobres gálagos de Grant y las luciérnagas no le entretenían.

Una noche el oso perezoso tuvo un sueño. Volvía a soñar con los gálagos de Grant, las hienas, los buitres y los chacales. Las hienas y los chacales se comían a los gálagos de Grant y los buitres les robaban las casas y la comida. El oso perezoso gritó un “¡Basta ya!”. Las hienas, los buitres y los chacales se quedaron quietos, se miraron unos a los otros y comenzaron a reír. El oso perezoso sintió unos golpecitos en la patita, miró hacia abajo y vio a su sobrina.

– En el reino del León, cuando los animales están en peligro piden ayuda a la Guardia del León. No hay problema que la Guardia del León no pueda resolver.

El oso perezoso se despertó y de un salto salió del sofá.

– ¡Eso es! – gritó el oso perezoso – Tal vez yo no pueda ayudarles, pero sí puedo buscar a quienes puedan hacerlo.

Kitambaa, que estaba dormida, dijo algo entre dientes, pero el oso perezoso no la escuchó.

Si el oso perezoso fuera un León, volvería al poblado de los gálagos de Grant a luchar contra las hienas, los chacales y los buitres, pero el oso perezoso no era un león y no sabía pelear. Si el oso perezoso fuera un castor, volvería al poblado de los gálagos de Grant a construir casas que la lluvia no pudiera destruir, a construir Hospitales con agua y medicinas, a construir colegios con pupitres y bancos donde los más pequeños pudieran jugar y aprender, pero el oso perezoso no era un castor y no sabía cómo construir. El oso perezoso tenía pocas cosas, pero al menos tenía lápiz, papel y sabía dibujar palabras, así que escribió varias notitas que pegó en el muro. Las notitas decían: “Soy el oso perezoso y estoy buscando a la Guardia del León”.

– ¿Tú crees que eso va a servir para algo? – dijo Kitambaa – A nadie le van a interesar tus notitas.
– Tengo que intentarlo al menos – respondió el oso perezoso – Puede que lea las notitas alguien, que tal vez conozca a alguien, que a lo mejor conoce a alguien que conoce a la Guardia del León y les avisa.
– ¿Y por qué la Guardia del León va a querer ayudar a unos gálagos de Grant? – preguntó Kitambaa.
– Porque la Guardia del León defiende el ciclo de la vida y ayuda a los animales que están en peligro. Eso es lo que me ha dicho mi sobrina y mi sobrina no miente.
– Sabes que no vas a conseguir nada con esto, ¿Verdad?.
– Puede que no consiga nada, pero tengo que intentarlo, pero intentarlo de verdad – respondió el oso perezoso y continuó pegando notitas en el muro.

Durante días y semanas el oso perezoso continuó dejando notitas, pero nadie respondía, así que el oso perezoso intentó decorar las notitas con colores y dibujos. El oso perezoso no era un artista, pero intentaba hacerlo lo mejor que sabía.

 

Había pasado un año desde que el oso perezoso había visitado a los gálagos de Grant. Todavía no había conseguido encontrar a la Guardia del León, pero lo seguía intentando.

– Amigo, estás haciendo el tonto – dijo Kitambaa – Llevas un año pegando notitas en el muro y no has conseguido nada. Déjalo ya. Lo has intentado, pero no ha funcionado. ¿Qué más puedes hacer?

Kitambaa sabía cómo hacer daño al oso perezoso y con aquellas palabras lo había conseguido. El oso perezoso volvió a su sofá muy triste y durante días se quedó allí, tumbado, sin decir ni una palabra. Kitambaa le abrazaba y sonreía. El oso perezoso apenas salía del sofá más que para ver el muro por si alguien hubiera respondido a sus notitas. Pero nunca había respuesta. Una mañana el oso perezoso leyó en el muro que iba a haber una carrera. Más de mil gacelas iban a participar. Algunas de ellas venían desde tierras lejanas.

– A lo mejor alguna de las gacelas conoce a la Guardia del León – dijo el oso perezoso – Tengo que participar en esa carrera.
– ¿Tú? ¿En una carrera? – dijo Kitambaa soltando una sonora carcajada – Tú no ha corrido en tu vida, amigo. Todo el mundo se va a reír de ti. Vas a hacer el ridículo.
– Me da igual Kitambaa. Que se rían si quieren, pero tengo que intentarlo – respondió el oso perezoso.

El oso perezoso sabía que iba a ser un reto difícil porque, como todo el mundo sabe, o debería saber, los osos perezosos no aguantan más de tres pasos seguidos corriendo sin ponerse rojos y caer al suelo desmayados. Pero tenía que intentarlo, así que decidió entrenar para la carrera.

Los primeros días fueron muy duros. Al oso perezoso le pesaban las patitas, la barriga y Kitambaa, que no se despegaba de su espalda. El primer día dio tres pasitos, se puso rojo y se desmayó. El segundo día dio cuatro pasitos, se puso rojo y se desmayó. El tercer día dio cinco pasitos, se puso rojo y se desmayó. Poco a poco, y con mucho esfuerzo, el oso perezoso daba cada vez más pasitos antes de desmayarse. Con el tiempo el oso perezoso se fue encontrando mejor. Se sentía más ágil, más fuerte y con más ganas de encontrar a la Guardia del León. Entrenaba por las mañanas, antes de ir a trabajar y por las noches estaba tan cansado que más de una vez se había quedado dormido mientras cenaba, con la cabeza matida en el plato de sopa. Todas las mañanas Kitambaa protestaba, se enfadaba y gritaba, pero el oso perezoso estaba aprendiendo a no hacerle caso. Y así fueron pasando los días.

La noche antes de la carrera, Kitambaa, que estaba muy molesta porque el oso perezoso no le hacía caso, mordisqueó las patitas del oso perezoso cuando éste dormía. Cuando el oso perezoso se levantó por la mañana le dolían las patitas al caminar.

– ¡Zapatillas! ¿Qué voy a hacer ahora? Si me duelen las patitas no puedo correr – dijo triste el oso perezoso.
– No pasa nada, amigo – dijo Kitambaa disimulando, como si ella no tuviera nada que ver con su dolor de patitas– Estas cosas pasan. No puedes decir que no lo has intentado. Qué pena, tanto esfuerzo para nada. ¿Ves? Yo ya te lo había dicho, pero no me haces caso. ¿No ves que yo siempre quiero lo mejor para nosotros? Volvamos a nuestro sofá a descansar las patitas.
– ¡No! – respondió el oso perezoso – la carrera es esta noche. Todavía queda tiempo.

Había llegado demasiado lejos como para abandonar. El oso perezoso se puso una bolsa de hielos sobre sus patitas y se quedó descansando.

Había llegado la hora. El oso perezoso ya estaba en la salida, acompañado de su hermana y una amiga de ambos, que también participaban en la carrera. Para que se le viera bien, el oso perezoso llevaba puesta una camiseta con la frase: “Soy el perezoso”.

– Que tontería – se burló Kitambaa – Como si no se notase quién es el oso perezoso entre tanta gacela.

El oso perezoso no le hizo caso. Si le seguían doliendo las patitas no se estaba dando cuenta.  Estaba muy concentrado. Para terminar la carrera tenía que dar dos vueltas al circuito y sabía que no iba a ser fácil.

Dieron la salida. Salieron las gacelas y, detrás, el oso perezoso. Los primeros metros el oso perezoso pudo seguir el ritmo de las gacelas más lentas, pero no pasó mucho tiempo antes de que se quedarse sólo. Kitambaa se había enrollado en las piernas del oso perezoso haciendo que le pesasen más y no dejaba de gritarle para que abandonase, pero el oso perezoso no quería abandonar.

El oso perezoso todavía no había dado la primera vuelta al circuito, cuando le adelantaron varias gacelas que ya iban por la segunda vuelta. Una de las gacelas se dio la vuelta y le dijo:

– ¡Ánimo! ¡Tú puedes!

Las palabras de ánimo de la gacela no hacían que se le quitaran la pesadez de las patitas, el dolor en los pies o le hicieran correr más deprisa, pero le ayudaban a mantener a Kitambaa callada.

La mayoría de las gacelas había llegado a la meta hacía tiempo, pero al oso perezoso todavía le faltaba por dar una vuelta entera.

– Amigo, si lo dejas ahora nadie se va a dar cuenta – dijo Kitambaa – Ya eres el último, que más da.
– ¡Cállate Kitambaa! – dijo el oso perezoso casi sin aire.

Kitambaa no dejó de gritar durante toda la carrera. Al principio el oso perezoso no le escuchaba, pero estaba ya muy cansado y empezaba a dolerle la cabeza con tanto grito. Fue entonces cuando escuchó una voz que le era familiar:

– Venga, que ya casi está. Vamos juntos.

Era la hermana del oso perezoso, que le había estado esperando. A partir de ahí continuaron juntos. Por el camino el público, que se había quedado tras el paso de las gacelas, los animaba y eso les daba fuerzas. Juntos continuaron y juntos entraron en la meta.

El oso perezoso lo había conseguido. Cansado, dolorido, pero había llegado a la meta. Había llegado el último, pero eso no le importaba.

– ¿Dónde está la Guardia del León? – Dijo Kitambaa riéndose del oso perezoso – Yo no los veo ¿Y tú?

El oso perezoso no dijo nada. Cogió un lápiz, un papel y dejó una notita en el muro: “Soy el oso perezoso y estoy buscando a la Guardia del León”.

– Te han ganado todas la gacelas ¿Y ahora qué? ¿Ya podemos volver al sofá? – se burló Kitambaa.
– Yo no competía contra las gacelas, Kitambaa, yo competía contra ti. Tú puedes ir a dónde quieras. Yo seguiré buscando a la Guardia del León.

 

 

 

De momento esta historia todavía no tiene final. El oso perezoso continúa buscando a la Guardia del León, con la esperanza de que, tal vez algún día, le pueda demostrar a su sobrina que los cuentos no mienten y que si lo intenta puede cambiar el mundo, pero tiene que intentarlo de verdad.

 

Un año después

Un año después

Hoy hace un año que pisé Netia por primera vez.

En un año pueden pasar muchas  cosas. En el último año he pasado a estar más cerca de los 50 que de los 40 y he cambiado el hueco del sofá y la pegajosa televisión por un estilo de vida más activo y responsable. En el último año mi sobrina ha reemplazado la Patrulla Canina por la Guardia del León y ahora cuenta de carrerilla hasta el treinta y once, sin saltarse el esquivo siete que hace un año se le resistía. En el último año, en el trabajo, ha cambiado la dirección y en nuestro área el gerente, cinco compañeras han sido madres y ha habido bajas que han dejado hueco no sólo en el plano profesional. En el último año el cine de mi barrio (uno de los pocos supervivientes que quedaban) ha cerrado y en su lugar, en apenas tres meses, han levantado un supermercado de dos plantas, de esos de los de frutas redonditas, tersas y tan brillantes como insípidas. En el último año, enfrente de mi casa, han abierto una cafetería nueva que no me ha dado tiempo a probar ya que ahora luce un cartel de «Se traspasa». En el último año las lluvias han regresado, mi tierra (Galicia) vuelve a estar verde y los pantanos han salido del coma. En el último año ha habido hasta un cambio de escaños y de colores en el parlamento. Sí, sin duda en este último año han pasado muchas cosas, pero en Netia siguen sin electricidad.

Me encantaría poder decir que después de un año ya hay un proyecto encauzado y que es sólo cuestión de tiempo que pueda llegar la energía a Netia, pero no sería cierto. Como todo en esta vida depende desde dónde o cómo se mire. Si lo miro teniendo en cuenta tan sólo los resultados, a día de hoy me encuentro en el mismo punto que hace un año: Sigue sin haber electricidad en el Hospital, ni en la escuela pública de primaria, ni en la escuela de formación profesional agraria, ni en las tres residencias de estudiantes. Si lo miro teniendo en cuenta el camino recorrido en este tiempo, aunque un año después me encuentre en el mismo punto de partida, no me puedo permitir el lujo de considerarlo un fracaso. Fracaso hubiera sido no haber intentado nada y de momento prefiero ser optimista, ya que la otra opción sería asumir que yo no puedo hacer nada por intentar ayudarles y utilizarlo como escusa para volver a incrustarme en el sofá.

Haciendo un poco de balance, por supuesto en este último año ha habido momentos de bajón. Si tuviera que establecer un podio de momentos complicados podría ser este:

  1. En primera posición estaría el primer mes, después de haber vuelto de Netia, antes de empezar con el blog y con toda esta locura. Quería ayudarles, necesitaba al menos intentarlo, pero no sabía cómo. No sabía por dónde empezar ni con quién contactar y eso me frustraba. Fueron momentos muy complicados hasta que tomé la decisión de lanzarme a la piscina y empezar con el blog, publicando mi experiencia, la experiencia de un particular.
  2. El siguiente puesto sin duda lo ocuparía la destrucción de la represa a finales de enero. La electricidad pasó entonces a un segundo plano y el agua la prioridad. Si ya estaba siendo complicado encontrar algo de ayuda para poder avanzar con el tema de la electricidad, conseguir los 54.000€ que les faltaba para la reconstrucción de la represa me parecía una misión imposible, al menos para mi, pero había que intentarlo, ya que sin electricidad se puede sobrevivir, pero sin agua no.
  3. En el tercer puesto estaría la falta de respuesta a la mayor parte de los emails que escribí para intentar encontrar ayuda para la reconstrucción de la represa. Cuando publiqué en el blog las cartas a Google, el Papa, Amazon y Adidas, tenía bastante claro que no iban a tener respuesta, pero con ellas conseguí alcanzar los 1.086 me gusta en la página de Facebook (hace unas semanas eran 1.088, pero recientemente he perdido a dos por el camino). Ya sé que los me gusta y los seguidores no reconstruyen una represa, pero quien sabe si a través de esos me gusta mi mensaje hubiera pudido llegar a alguien que conociera a alguien que supiera como ayudarles (no fue el caso, pero había que intentarlo). Los emails a los que me refiero son aquellos que envié pero no publiqué en el blog porque de una forma o de otra sí esperaba al menos una respuesta. Los destinatarios fueron muchos y muy variados, desde la mayoría de las diócesis españolas (al fin y al cabo estoy intentando ayudar a una Misión), políticos como el señor Revilla al que escribí por consejo de una amiga al verle emocionado en el Hormiguero cuando contaba su experiencia con un proyecto en que había colaborado en África (a decir verdad de este email sí recibí respuesta, pero no del señor Revilla, sino de la secretaria del gabinete del presidente diciéndome que trasladaban mi petición a la Consejería de Innovación, Industria, Turismo y Comercio y a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Comunidad de Cantabria) o cracks como a Raúl Gómez al que escribí a ver si me podía ayudar a ayudarles cuando pensé en dar visibilidad a todo esto con el reto de una carrera en Mozambique, pero la televisión y tanto viaje deben dejar poco o ningún tiempo para responder un email. Por supuesto también hubo emails a diversas organizaciones como Cáritas, Auara, Ayuda en Acción, UNEF e incluso escuelas de formación profesional agrarias en Madrid, por aquello de apelar a una especie de solidaridad «gremial». En algunos casos (muy pocos) hubo al menos unas palabras de respuesta (que sin duda agradecí y mucho), en la mayoría de los emails enviados ni eso.

En cualquier de estos tres momentos lo hubiera podido dejar auto justificándome que al menos lo había intentando, pero cada vez que me tentaba la idea de volver a esconderme en el sofá, surgía en mi cabeza una jodida pregunta: «¿Ésto es todo lo que puedes intentar?» y mira que es fácil (al menos para mi) engañarse a uno mismo, pero en este caso no sé por qué no funcionaba. Pero sin embargo hubo suerte. De los más de 100 emails que envié en aquel momento hubo uno, sólo uno, que tuvo como respuesta un «creo que podremos ayudarles». El remitente fue Manos Unidad. En el mes de mayo estuvieron dos personas de Manos Unidas allí visitando la represa y el «creo que podremos ayudarles» se convirtió en un «vamos a ayudarles». Manos Unidas ya les conocían, les habían ayudado con otros proyectos y habían quedado muy contentos con el trabajo que estaban realizando en Netia. En este mes o el que viene deberían comenzar las obras de la reconstrucción (el tiempo apremia porque en diciembre comienzan los monzones).

Hasta que no vea la represa reparada cualquier cosa se puede torcer, pero no me queda otra que confiar en que todo va a salir bien, así que una vez «superado» el problema con el agua, tocaba volver a centrar los esfuerzos en conseguir la electricidad.

Con el tema de la electricidad el primer contacto lo tuve con  Energía Sin Fronteras y ahí me dí de bruces con el primer obstáculo que veía imposible de superar. Para poder evaluar la posibilidad de llevar una propuesta de proyecto al comité de decisión se tenía que presentar datos reales del consumo y lo máximo que nosotros podíamos aportar era un inventario de las instalaciones, pero no era suficiente y sin alguien con el conocimiento necesario en el terreno no pudimos avanzar. El trato recibido desde Energía Sin Fronteras fue en todo momento espectacular, pero no fuimos capaces de aportar la información necesaria y en el mes de febrero, el bloqueo en este punto y el problema con la represa, me empujaron a aparcar el tema de la electricidad.

A finales de abril regresé a Netia con el objetivo de ver la represa y hacer fotos como soporte para buscar la ayuda necesaria para su reconstrucción y alli coincidí con dos voluntarios de la ONG belga Energy Assistant que habían ido a visitarles por mediación de un amigo de la Misión para evaluar la posibilidad de ayudarles a acercar la red electrica esos 3 km que les separa de la toma principal. He de reconocer que aquello para mi supuso un bálsamo. Por unos días, incluso semanas, pensé que se iba a conseguir la electricidad y yo podría dejar todo esto. Si en algún momento empecé esta aventura fue tan sólo para intentar ayudarles, pero si ya habían conseguido la ayuda por otra parte yo me podía quitar mucha presión de encima. Pero pasaron los meses y de la ONG no se ha vuelto a saber, así que me tocaba volver a empezar.

Dicen que cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. No podía avanzar con Energía Sin Fronteras al no poder facilitar la información que necesitábamos, así que volvía a estar dónde empecé. Fue entonces cuando se abrió un pequeño ventanuco. Mi prima, Raquel, hace unos meses cambió de trabajo y un día hablando con su jefe, no sé muy bien como, surgió en la conversación lo que estoy intentando hacer y él le dijo que su suegra trabajaba en una ONG que tienen actividad en el continente africano. La ONG se llama África Directo y ella Guadalupe. Le escribí un email contándole un poco la locura en la que estaba metido y que necesitaba ayuda para poder ayudarles y en seguida me respondió. Ella estaba fuera de Madrid y no regresaba hasta septiembre. Todavía tenemos un café pendiente, pero me presentó por email a Javier, un ingeniero con experiencia en la implantación de sistemas solares que había colaborado con ellos en varios proyectos. Javier se ha tomado un año sabático para recorrer el este de África, desde Sudáfrica, donde vive desde hace cuatro años, hasta Etiopía. Ida y vuelta. Hablamos por el WhatsApp y le conté un poco de qué iba todo esto. Él me dijo que tenía pensado pasar por Nampula y que se podía pasar por Netia para verlo. Mi apuesta siempre ha sido conseguir la electricidad a través de las energías renovables por respeto al medio ambiente, la sostenibilidad y por no tener que depender de las infraestructuras del gobierno, ni de las compañías eléctricas ya que los cortes del suministro eléctrico de la red estatal son bastante frecuentes y no garantiza un nivel de servicio adecuado.

La idea inicial de Javier era estar en Netia un día y medio para luego continuar viaje. LLegó a Netia el 16 de agosto y se quedó con ellos 10 días. El 26 de agosto Javier dejó Netia para continuar su viaje, dejando en Netia amigos y una esperanza. Mientras sigue con su viaje está preparando la documentación para hacérmela llegar, pero ya me ha adelantado que hay ciertas dificultades que tendremos que superar. Realmente estaríamos hablando de 3 proyectos en uno. Por una parte dotar a la Misión de la instalación solar necesaria que Javier estima en unos 35.000 €; por otra parte ve necesario renovar el tendido eléctrico así como adquirir luces led de bajo consumo para el alumbrado y la adquisición de neveras y congeladores (que ahora no tienen al no tener electricidad, pero que la idea es incluirlo en el proyecto para la conservación de los alimentos de los chicos) que valora en unos 12.000 €; y por último dotar de electricidad al Hospital, valorado en unos 4.000€. La razón por cual separamos el Hospital del resto de las instalaciones es porque el Hospital es gestionado por el estado y si se incluye en el proyecto el estado tendrá que pagar por el consumo de la electricidad. No se trata de conseguir una nueva fuente de ingresos para la Misión, ni mucho menos, pero no se debe reemplazar roles de gobierno con donaciones de cooperación, ya que eso favorece la corrupción y si el gobierno no quiere o no ve «intetesante» para sus inteteses acercar la red eléctrica al Hospital, si quiere electricidad tendrá que pagar por ella. Queremos evitar lo que ya pasó con la construcción de la represa. La represa se construyó gracias a un proyecto de cooperación del Canal de Isabel II con la Misión, sin ningún tipo de ayuda o colaboración del estado, sin embargo, el gobierno se lo apuntó como obra pública «justificando» así el dinero de alguna subvención que acabaría en el bolsillo de algún alto funcionario. Javier y el Padre Gasolina estuvieron hablando con la Administradora de la provincia de Nampula y el Delegado de Salud y en principio estarían de acuerdo con acordar un precio y pagar por el consumo. Una de las imágenes que se ha quedado grabada en mi mente fue la de aquella noche cuando llevamos a una niña al Hospital y para poder ponerle suero tuvimos que alumbrar con los flashes de los móviles para acertar con la vena, así que mi objetivo por supuesto que es incluir al Hospital en el proyecto, pero habrá que encontrar la mejor fórmula y asegurarnos que el coste del consumo reacae sobre el estado y no sobre los enfermos. Se haga como se haga implicará la firma de un contrato conforme con la legislación vigente en Mozambique, la cual desconocemos, pero nadie dijo fuera a ser fácil.

Otra complicación que tendremos que sortear es la naturaleza del proyecto, ya que tiene mucho de social y ayuda al desarrollo, pero también tiene una parte importante de pastoral, ya que tanto la escuela de formación profesional agraria como las residencias de estudiantes están gestionados por la Misión de Netia y entre los edificios que se quiere electrificar están la iglesia, el centro pastoral y las casas del Padre y las Hermanas y eso puede llegar a dificultar la ayuda, ya que ni es un proyecto 100% pastoral para poder acceder a organizaciones benéficas de carácter religioso, ni es un proyecto 100% laico para poder acceder a ayudas de otras organizaciones benéficas.

Y en este punto nos encontramos. Con la documentación que me envíe Javier trataremos de dar forma al documento con la información que necesitamos para solicitar la apertura de un proyecto. Si a África Directo les encaja iríamos de la mano, sino tendríamos que buscar otras opciones. Respecto a la financiación será el siguiente puerto de montaña a superar. Tocará retomar la publicación de cartas, inventarse mil y una puertas a las que tocar e intentar llegar a los que puedan y además quieran ayudar (tranquilos, estoy pensando en empresas, no en particulares). ¿Difícil? Mucho ¿imposible? Lo veremos.

Por cierto, no sería justo terminar esta publicación de «aniversario» sin dar las gracias a todos aquellos que durante este último año me/les han ayudado: A Beatriz Ostos de Boabad Mozambique (por ayudarme a conocer Netia y por todo lo que hace por ellos). A Gonzalo y Raki por facilitarme el contacto de Carlos (por supuesto gracias a Carlos también). A Beatriz, Carlos y Piedad de Energía sin Fronteras por su paciencia. A Beatriz y María de Manos Unidas por su labor. A Jaime de Ayuda en Acción por responder mi email. A Pepa de energias-renovables.com por las miguitas de pan. A Elisa de UNEF por su respuesta a mi email. A mi prima y su jefe por el contacto en África Directo. A Guadalupe por su buena disposición y por presentarme a Javier. A Javier porque su tiempo y su implicación, no sólo con Netia, sino por todos los proyectos en los que colabora. A Robert y Susana, cuñados de mi hermana (y por supuesto a mi hermana Yoyi y mi cuñado Miguel) por seguir esta aventura desde el principio. A Ana y Raúl, amigos de mis padres, que han estado siguiendo el blog desde el principio y conocen muy bien la realidad de Mozambique. A las 1.086 personas que siguen esta locura en la página de Facebook por no hacerme sentir tan solo. A todos aquellos que me conocen y que, aunque me miran como el que toca con un palo un bicho raro, respetan lo que estoy intentando hacer. Y por supuesto a todas y cada una de las personas que he podido conocer en Netia en este último año y que me han ayudado a abrir los ojos, reorganizar las prioridades y valorar las cosas no por el precio que otros les pongan sino por lo que son y para qué sirven.

Dicho todo esto, ¡Este sábado cualquierotracosa.es estará en la cerrera Corresan nocturna 2018! Carrera de 5,5 km por la zona vieja de Santiago de Compostela. Primera prueba para tomar la temperatura del reto de los 25 km en Mozambique el 31 de diciembre de este año. Unos correrán la San Silvestre y yo intentaré hacer cualquier otra cosa.