30/12/2018 – La comunidad y el cine improvisado

30/12/2018 – La comunidad y el cine improvisado

Antes de continuar con el diario, déjame que te cuento las últmas noticias de la aventura de le elctricidad. Ya ha estado visitando las instalaciones el proveedor local que había recomendado Manos Unidas. En una o dos semanas ya tendremos el presupusto que faltaba. Lo que más va a encarecer el proyecto son las baterías, pero el proveedor ha facilitado el contacto de una fundación alemana que apuesta por la financiación de proyectos de energías renovables y están dispuestos a colaborar en el proyecto. Manos Unidas también está de acuerdo con la cofinanciación, así que vamos a esperar a ver el presupuesto y ver a cuanto asciende finalmente. En principio la escuala de formación agraria, las residencias de estudiantes y la casa de las niñas van a conseguir la electricidad, pero se me queda fuera el Hospital. Manos Unidas ya ha dicho que no pude financiar la instalación en el Hospital y lo entiendo. El Hospital es público y no se puede suplir las inversiones públicas con fondos de cooperación, porque eso favorece la corrupción. El Hospital se queda fuera del proyecto, pero estoy viendo la posibilidad de abrir un proyecto separado para el Hospital, a ver si lo consigo a través de una fundación vasca que lo que hacen es una financiación del material. Esta fundación lo que hace es financiar hasta un máximo de 20.000€ la instalación solar, que incluye tanto la mano de obra como la instalación y el material, pero se tienen que devolver los 20.000€ en 20 años, sin intereses, es decir, pagando 1.000€ al año durante 20 años. En el mes de agosto del 2018 se tuvo una reunión con los delegados del gobierno, se les contó el proyecto que se estaba intentando sacar adelante y se les propuso conectarles a la instalación solar y venderles, a precio de mercado, la electricidad que consumieran. Estuvieron de acuerdo con eso, pero ahora cambiarían las cosas, ya que estamos hablando de un proyecto separado y un coste recuerrente de 1.000€ durante 20 años, por lo que no sé si eso les interesará. Tampoco sé si la fundación vasca estaría de acuerdo en colaborar directamente con el gobierno o dicho de otra forma, si se van a fiar de que el gobierno cumpla su compromiso. Lo único que sé es que quiero intentarlo, porque el Hospital tiene servicio de urgencias 24/7 y sala de partos y ni las enfermedades ni los recién nacidos entienden de día y de noche. La parte positiva es que con el proyecto de la escuela agraria habrá electricidad para poder bombear el agua de los pozos y aunque las bombas son instalaciones de la misión, también abastecen de agua al Hospital, así que sí o sí, en eso quedará cubierto.

Y ahoras sí, voy a continuar con el diario. Me había quedado en el 30/12/2018, después de haber estado fotografiando el Hospital. Tras visitar el Hospital fui a una comunidad. Esta comunidad se encuentra muy cerca del puesto administrativo de Netia, por lo que disponen de pozos de agua cerca, así como tendido eléctrico, al menos aquellas casas levantadas cerca de la carretera.

Como era de esperar, nada más llegar sentí el peso de todas las miradas, especialmente las de los niños que probablemente nunca hubieran visto antes alguien como yo. El Padre Gasolina me presentó y me hizo decir unas palabras, tras las cuales abrió el turno de preguntas. Me sorprendió, nadie se atrevió a decir nada. Era la primera vez que me pasaba, ya que normalmente sienten bastante curiosidad. Pensé que no les había gustado mi visita, pero pienso que debió ser simplememte timidez, porque después de despedirme multitud de personas, dede los más pequeños a los más mayores, se acercaron para saludarme y darme las gracias por haberles ido a ver. Allí no hay turismo y no suelen recibir visitas, por lo que el simple hecho de ir a visitarles para ellos es de agradecer.

En este tercer viaje había llevado para la escuela agraria un pequeño proyector portátil, de esos que tienen batería y se leen directamente de un pendrive, por lo que no necesitan estar conectados a un portátil u oredenador. Yo realmente había llevado el proyector para poder usarlo en las clases de la escuela agraria, pero al ver tanto niño se me ocurrió hacer algo diferente: una sesión de cine.

Nos emplazamos, con aquellos que quisieran, esa tarde a las 16:00 para proyectar una película. Yo había llevado en un pendrive la película de El Rey León en portugués (legalmente comprada, que a mi también me gusta que me paguen por mi trabajo) para Julia, una pequeña que vive en la misión, así que la película la tenía.

Después de comer y descansar un rato volvimos a la comunidad. Un grupo de pequeñajos nos esperaban en la puerta de una pequeña edificación donde ibamos a proyectar. Mientras montábamos la pantalla empezó a entra gente y tomar asiento. Para poder proyectar a la altura deseada engaché el pequeño proyector al trípode de la cámara de fotos. Ya estada todo montado y comenzó la película. 

Al principio no se oía una mosca. Sinceramente, he de confesar que pensé que se iban a aburrir, especialmente los más pequeños. En esa zona de Mozambique se habla el macua y sólo aquellos niños que van a la escuela aprenden portugués. El El Rey León no habla  macua, así que la mayoría de los niños no estarían entenidiendo nada. Sin embargo, nadie se iba, más bien todo lo contrario, cada vez llegaba más gente (y no sólo niños).

 A las 17:00 comienza a oscurecer y el sol se esconde muy rápido. Allí no había electricidad, así que en cuanto se puso el sol, la oscuridad invadió la sala. La única luz que había era la del proyector.  

Puede que los más pequeños no estuviera entendiendo nada, pero eso no les importó y cuando apareció Timón en escena lo único que se escuchaban eran sus risas. La experiencia fue increible, tanto para ellos como para mi y aquí te comparto un vídeo, con un amago del Making Off de la sesión de cine. Espero que te guste.

Aunque yo todo esto de cualquierotracosa lo hice con el único objetivo de dar cobertura al proyecto de la electricidad y en cuanto se consiga encender la primera bombilla cualquierotracosa.es cerrará sus puertas al público, creo que, teniendo en cuenta que allí las cosas van muy despacito, me va a dar tiempo a una locura más: Poder regalarles la experiencia de asistir a un concierto de piano. No tengo piano y estoy tratando de convencer a un amigo, que es profesor de conservatorio, a ver si me acompaña en esta nueva aventura. Igual me equivoco, pero creo que les puede gustar y pienso que ellos también tiene derecho a disfrutarlo, aunque sea por una vez en sus vidas.

 

Del 30 de diciembre no tengo mucho más que contar. La visita al Hospital y la sesión de cine lo eclipsaron todo. En la siguiente publicación del diario continuaré contando como fue el fin de año en Netia.

30/12/2018 – El Hospital

30/12/2018 – El Hospital

El día 30 dio para mucho. Por la mañana estuve sacando unas fotos al Hospital de Natete para poder mostrártelo, después visité una comunidad en Netia y por la tarde improvisamos una especia de cine con los niños, y no tan niños, de esa comunidad. Fue un día completito, así que lo voy a dividir en varias publicaciones.

En esta publicación voy a mostrarte el Hospital al que intento incluir en el proyecto de la electrificación con un contrato de compra-venta de electricidad, lo cual no es sencillo, porque no se puede susituir inversiones que debe realizar un gobierno por ayuda de cooperación, de ahí que la idea sea venderles la electricidad que consuma. Lo más sencillo sería no incluir al hospital, pero mi conciencia me obliga al menos a intentarlo. No por el personal del Hospital, ni por el gobierno, sino por los enfermos, para que puedan ser atendidos con un mínimo de dignidad.

El Hospital de Natete es un centro de salud de tipo I gestionado por el Gobierno. En la actualidad dispone de 66 camas de ingresos, consultas, unidad de tuberculosis, maternidad, servicio de urgencias y centro de nutrición para niños desnutridos. Al año atienden a más de 20.000 personas.

Dentro de los terrenos del hospital, pero un poco apartadas de los barracones, un grupo de mujeres preparaban la comida. El hospital no da comida a los enfermos, así que los pacientes se tiene que traer comida de su casa y, como tampoco pueden utilizar el barracón en el que cocina el personal del hospital, preparan la comida en el exterior. 

Me acerqué y les pedí permiso para sacar una foto. Me lo dieron. En esta fotografía se puede ver a unas madres preparando la comida para sus pequeños, enfermos de malaria. La malaria allí es una enfermedad endémica y se acerca la temporada de lluvias y con ella los mosquitos. Como siempre hago cada vez que saco una fotografía, luego se la enseño para que vean como han quedado y siempre se ríen. En esta ocasión no fue diferente y se rieron. Unos días después, cuando entré en sus casas y vi como viven, pude entender el porqué de esas risas, pero eso lo contaré cuando toque.

La primera visita fue a la sala de ingresos de enfermos de tuberculosis y tifus. Como me sucedió en el primer viaje, la imagen de aquellos barracones me encojió el alma. Más de la mitad de las camas no tienen colchones y los que tienen, están rotos y sucios. Pregunté cómo lavaban las sábanas, ya que el hospital no tiene agua corriente y el poco agua que tienen les llega de la Misión, pero como para poder extaer el agua de los pozos se necesita electricidad para las bombas de inmersión, sólo se puede sacar agua durante las dos horas al día en que se puede encender el generador de gasoleo. La respuestas no fue complicada, el hopital no pone sábanas. Si un enfermo quiere dormir con sábanas se las tiene que traer de su casa. Es lo que hay.

Lo siguiente que visité fue la sala de urgencias. Todavía me persigue aquella imagen del primer viaje, cuando acompañamos a una niña por la noche al hospital que tenía convulsiones. Aquella noche, mientras dos celadores (aprovecho para comentar que en los tres viajes que hice he ido varias noches al hospital a acompañar enfermos y ni una sola vez había ni médicos ni enfermeros, a pesar de tener un servicio de urgencias 24 horas al día) le sujetaban los brazos y las piernas para intentar inmobilizarla, una celadora intentaba encontrarle la vena para inyectarle suero. Como era de noche y no había luz, teníamos que iluminar con los flashes de los teléfonos móviles para poder acertar con la vena. La imagen de aquella niña retorciéndose y un reguero de sangre bajando por su brazo hasta la mugrienta sábana de la camilla nunca se me olvidará.

Y en la puerta de la sala de urgencias allí estaba ella, «la ambulancia». Una especie de broma en forma de ciclomotor que nunca se ha podido utilizar, porque es materialmente imposible que ese vehículo pueda llegar a la carretera principal. El camino es de tierra, muy abrupto y lleno de socabones. A duras penas pasan los 4x4. Supongo que en algún informe esta especie de motocicleta inútil justificará de alguna forma alguna partida en sanidad. Yo no digo que en otros sitios como Maputo no sea una realidad esa inversión en sanidad, pero he tenido la oportunidad de visitar varios centro de salud de esos de provincias y mi consejo para todos esos «obervadores internacionales independientes» que realizan los estudios en países en vías de desarrollo, es que está muy bien visitar los centro de salud en las ciudades, pero si más del 65% de la población vive en el campo, tal vez deberían visitar también los centro de salud rurales para hacer un informe un poquito más preciso.

La siguiente visita fue a la sala de partos. La sala de partos o maternidad es la más fresquita del hospital y se puede decir que, dentro de lo que cabe, la más acondicionada. Es por eso que el personal del hospital se refugia en esta sala. En mi primer viaje, en la cama del fondo, la que puedes ver pegada a la pared azul (a decir verdad entonces no había cama y sólo había un colchón en el suelo) había una niña deno más de 14 años con un recién nacido. En esta ocasión, detrás de esa misma pared, al otro lado, había otra asustada niña, de una edad similar, esperando a dar a luz.

Después de la sala de maternidad fui al centro de nutrición para niños desnutridos. Allí pesaban y medían a los pequeños y luego les daban una especie de sobre con lo que parecía comida en polvo. Las personas de las comunidades viven de lo que cultivan y, aunque en la temporada de lluvias hay mucha agua, ese agua vuelve al mar y no se retiene para la temporadas seca, debido a la falta de pantanos.

Al verme pasar de un lado a otro sacando fotos, el personal del hospital me miraban extrañados. Durante mi primer viaje fue tal el shock que no puede reaccionar, pero en este viaje no quería dejar pasar la oportunidad de enseñarte con imágenes lo que en el primer diario intenté explicarte con palabras. Le pedí a un enfermero que me enseñase el laboratorio donde analizan las muestras. Me llevó a la sala técnica. Lo pimero que me llamó la atención fue la nevera. Se supone que esa nevera es para la conservación de los medicamentos y las muestras, pero al no haber electricidad ni siquiera está enchufada y por supuesto ahí no hay medicamentos. De hecho, hay una especie de triangulo de las bermudas en los hospitales, en el que los medicamentos desaparecen. 

A un lado de la sala técnica había un niño en una camilla. Posiblemente tuviera malaria. La malaria mata a miles de personas al año. No tiene vacuna, pero sí tiene tratamiento si se pilla a tiempo. Existen fármacos que la combaten pero en los hospitales lo único que suelen tener es paracetamol y eso no sirve. Quien pueda permitirse comprar los medicamentos en una farmacia privada podrá tener su tratamiento. Quien no pueda, tendrá que tratarse con paracetamol y esperar a ver qué pasa.

Le pregunté al enfermero si no tenían aparatos quen ecesitasen electricidad. Me llevó a una sala donde había un microscopio. El microscopio necesita electricidad y está conectado a un pequeño generador que se alimenta de tres placas solares que tienen en el exterior. Cuando montaron ese sistema solar hace varios años, había varios pequeñas baterías, que acumulaban la electricidad durante el día para poder tenerla por la noche. Poco a poco las baterías fueron desapareciendo y sólo quedó la que ves en la fotografía. Según me comentaron, la batería no les funcionaba, pero cuando estuvo allí Javier, el ingeniero que estuvo tomando las especificaciones para el proyecto, la reparó y al menos ahora pueden disponer de electricidad en esa sala aproximadamente hasta las nueva de la noche. Es el único sitio en todo el hospital en el que tiene algo de electricidad y donde aprovecha el personal del hospital para recargar sus teléfonos móviles.

Después de ver todo esto sólo tengo una reflexión personal que hacer. Si en un hospital no hay médicos, no hay medicamentos, no hay agua, no hay electricidad, no hay sábanas, no hay comida, no hay una ambulancia que pueda derivar a los enfermos a los hospitales de las ciudades cuando estén graves y realmente lo único que hay son enfermos ¿Qué es lo que hace a un hospital serlo?

Hasta aquí la visita al hospital. En la siguiente publicación continuaré con la visita a la comunidad y el cine improvisado, que espero que te deje un mejor sabor de boca si me quieres seguir acompañando.

29/12/2018 – La reunión con el Obispo

La vuelta al trabajo ha sido complicada y el bajar de golpe de los más de 40 grados a bajo cero tampoco es que haya ayudado mucho a mi neurona a estar preparada para continuar con el diario, pero aquí estamos y vamos a seguir. Durante esta semana ha habido novedades y es posible que cualquierotracosa deje de tener ya sentido, pero no quiero dejar así el diario del tercer viaje, porque hay todavía cosas que me gustaría compartir contigo.

En la última publicación, 29/12/2018 – El colegio público, te mostraba la visita al colegio público de primaria de Netia-Natete. Ese mismo día, por la tarde, me llevaron a visitar a Don Alberto Vera, Obispo de Nacala que quería conocerme. Cuando me surgió la oportunidad de conocer la Misión de Netia-Natete, he de reconocer que no fue la fe lo que me animó, sino la curiosidad y las ganas de conocer. Cualquierotracosa puede ir de muchas cosas, pero como he dicho varias veces, no va de ideologías, ni de banderas ni de creencias. Va de personas y de dignidad. Alberto comenzó como Obispo de Nacala en julio de 2018 y la misión de Netia-Natete pertenece a su diócesis. Yo nunca había  hablado con un Obispo y sé que puede ser complicado de entender para muchas personas, pero aunque la escuela agraria y las residencias de estudiantes son gestionadas por la Misión, yo con todo esto no pretendo ayudar a la iglesia. Sin duda alguna los misioneros y misioneras que he conocido se merecen toda la ayuda que se les pueda dar, por el amor que sienten por aquellas personas, por lo que hacen y por las condiciones en las que lo hacen, de hecho, algo que me ha llamado la tención en este tiempo, es que todas las ONG que me han respondido, siendo organizaciones laicas, todas ellas han manifestado que prefieren tener como contraparte local una misión, porque los misioneros son personas que se implican con las comunidades locales, que se quedan allí y no están de paso y es una garantía de que las infaestrcuturas tengan un cuidado y una continuidad en el tiempo. Si yo me he metido en esta locura ha sido por intentar ayudar a los niños y niñas de las comunidades rurales, para que puedan tener al menos una oportunidad para poder salir adelante. Para que puedan aprender, no sólo técnicas de agricultura sostenible, también para que aprendan a respetarse y respetar a los demás. Para que puedan tener la oportunidad de comprobar que el esfuerzo tiene recompensa y, quien sabe, para que puedan conseguir esa dignidad que no tienen y, tal vez, ese espíritu crítico que les permita plantarse ante las injusticias que les rodea y, por lo que he visto, conocido y vivido allí, esos objetivos son compartidos por los misioneros y misoneras que he tenido la oportunidad de conocer allí. Sé que puede ser muy complicado de entender para quienes dan más peso a los símbolos que a las personas, pero si tienes la oportunidad, independientemente de las creencias que tengas, yo te recomiendo que si de verdad quieres conocer la realidad de un país, visites una Misión.

La reunión con el obispo fue muy distendida. Me preguntó por lo que estaba intentando. Yo se lo conté y él me escuchó. Me dio varios consejos, que sin duda agradecí, pues Alberto, además de Obispo de Nacala es Presidente de Cáritas Mozambique, tiene una especial sensibilidad por los problemas de la sociedad rural y, además, es Presidente de Cáritas Mozambique, por lo que tiene gran experiencia en proyectos de cooperación y su ayuda para mi es muy importante, no sólo para la búsqueda de financiación, también porque mi idea es incluir la electrificación del Hospital de Netia-Natete, gestionado por el gobierno a través de un contrato de compra-venta de electricidad (no se debe suplir las inversiones que debe realizar el gobierno con ayuda de cooperación, porque eso favorece la corrupción, así que la idea es dar la oportunidad del Hospital de poder incluirlo en el proyecto pero con un contrato de compra-venta de electricidad, es decir, de venderles la electricidad y destinar esos fondos al mantenimiento de las instalaciones). En agosto de 2018 se mantuvo una reunión con los responsables del gobierno y estuvieron de acuerdo con incluir al Hospital en esos términos. La contraparte de ese contrato sería la Misión y para eso necesito el apoyo de la diócesis.

A decir verdad, salí de la reunión con el Obispo sin saber muy bien cómo había ido. En principio estaba dispuesto en apoyar la iniciativa, pero había manifestado algún que otro pero. No fue hasta que regresé a España cuando me enteré que le había gustado la idea. Me dijeron que estaba ilusionado con el proyecto y que había manifestado que se tenía que apostar por Netia-Natete.

Del día 29 de diciembre no queda mucho más que contar. Pensaba continuar con el 30 de diciembre, pero ese día merece una publicación aparte, así que esta publicación la dejamos aquí y continúo en una publicación aparte.

29/12/2018 – El colegio público

29/12/2018 – El colegio público

Al abrir los ojos pensé que me había quedado dormido. El sol se filtraba a través de los visillos llenando de luz la habitación. Miré el despertador y eran las cinco de la mañana. Había dormido toda la noche del tirón. Ni siquiera había escuchado el canto del gallo. 

El curso escolar finalizó a principios de diciembre, por lo que no se escuchaba el jolgorio que se solía oir a esa hora en otras épocas del año. Al no estar abierta la escuela agraria ni las residencias había agua suficente en el depósito y pude darme una ducha reparadora.

Desayuné con las misioneras. Tomé un café soluble con leche el polvo, un pedazo de pan y una pieza de fruta. Me supo a gloria después de haber estado un día y medio a base de comida de avión.

Después de desayunar cogí la cámara de fotos y, aprovechando que no había clases, me dirigí a la escuela pública de primaria.

Me llamó la atención ver que había bancos en el aula. Las otras dos veces que fui, no había ni bancos ni pupitres y los niños se apelotonaban sentados en el suelo. Cuando lo comenté me dijeron que habían pasado los bancos de un aula a otra.

Viendo ahora las fotos no puedo evitar preguntarme donde irán las inversiones en Educación, Supongo que al mismo sitio que las de Sanidad. Esta escuela en concreto (al igual que el centro de salud que mostraré en otra publicación)  fue expropiada a los misioneros combonianos tras la independencia, en los años 70 y desde entonces no ha tenido el más mínimo mantenimiento. Aquí es donde se supone que los niños reciben una educación y tiene que aprender a respetar a los demás y a respetarse sí mismos, lo que es la dignidad y esas cosas, además de una lengua (en su caso el portugués) que les permita abrirse a un mundo con el que no se pueden comunicar en macua. Se supone que la educación primaria es obligatoria, pero no hay ningún control y el absentismo es alto, no sólo de los niños, también de los profesores, pero la verdad, Si fueses un niño, ¿Tú te levantarías antes de que amaneciera y recorrerías varios kilómetros caminando para llegar a un aula como esta en la que ni siquiera tienes la garantía de que ese día asistirá el profesor?

Permíteme que haga un paréntesis en el diario, porque lo considero importante. Antes de que caigas en la trampa de pensar que eso pasa por ser un país pobre que ni siquiera tiene dinero para invertir en adecentar los colegios, permíteme que te ofrezca algunos datos para que puedas sacar tus propias conclusiones, si quieres.

Estos son sólo algunos ejemplos. Si buscar, encontrarás muchos más. Yo era de los que pensaba antes de conocerlo que Mozambique era un país pobre, pero no es del todo cierto. Mozambique es un país muy rico en recursos naturales y hay gente con mucho dinero, quien es pobre, pero pobre de verdad, es la población que vive más al norte de la capital, Maputo, que por cierto es la ciudad más al sur del país. Que por delante quede que yo sí creo en la propiedad privada y en la recompensa del esfuerzo, pero a mi no me salen las cuentas. Si hay tantos recursos naturales, si hay tantas exportaciones de madera, alimentos, piedras preciosas, petróleo, carbón, etc. ¿Por qué hay hospitales y escuelas sin electricidad? ¿Por qué no hay carreteras y las que hay están tan mal? ¿Por qué no hay pantanos que retengan el agua en la temporada de lluvias para poder tener agua los meses de sequía, siendo el agua junto al hambre uno de los mayores problemas del país?  ¿Por qué si Mozambique es un país cen el que más del 50% de la población está por debajo del umbral de la pobreza? 

Si viajas a Mozambique y sólo conoces la ciudad de Maputo, los archipíelagos, Illa Mozambique, el Kruger o ciudades como Matola, Beira, Nampula, Chimoioo o Pemba por ejemplo, sólo conocerás una parte de la realidad de aquel precioso país. Una realidad que existe y que tiene su encanto. Pero esa realidad coexiste con otra muy diferente, en el campo, donde vive el 65% de la población. 

El día dio para más, pero de momento lo voy a dejar aquí. Una últma cosa antes de terminar con la visita a la escuela. En una de las paredes del aula había una pintada con el nombre de Messi (creeme, no lo pinté yo).  Durante el viaje pude ver muchas camisetas del Barça, así que si conoces a alguien que trabaje en el Barça tal vez se lo podrías decir a ver si se animan a echar allí una pachanguilla que en Natete tienen algo parecido a un campo de fútbol con porterías y todo.  Quien sabe, igual descubren algún gran fichaje en Natete para la Masía 😉

Si has leido hasta aquí, muchas gracias por tu paciencia y si te apetece, te invito a que me acompañes en este viaje en la siguiente publicación.

28/12/2019 Volviendo a Netia-Natete

28/12/2019 Volviendo a Netia-Natete

Aquí comienzo el diario del tercer viaje a Netia-Natete. Este diario va a ser diferente al del primer viaje. Aquel primer diario nació como un diario personal, sin ninguna intención de ser publicado ni compartido, que fuí escribiendo día a día a medida que avanzaba el viaje, con las emociones y los sentimientos que iba teniendo en el momento que escribía. En esta ocasión he ido tomando notas para no olvidarme de las cosas (¡Maldita memoria pez!) pero es ahora cuando escribo por primera vez estas palabras.

Antes de comenzar a contar este tercer viaje, si has llegado aquí por casualidad y no sabes de qué va todo esto, te lo resumo de una forma muy sencilla. Lo primero, para que no te asustes ni huyas, decirte que esto no es, ni nunca ha pretendido ser, una hucha. Aquí no se pide dinero. Esto tampoco es un pañuelo. No se trata de dar pena a nadie. La pena está sobrevalorada. Detrás de cualquierotracosa no hay nada más que una persona, un particular, que después de un viaje tomó la determinación (porque eso que llaman conciencia despertó y sus gritos no le dejaron hacer otra cosa) de comenzar a caminar, aunque fuera solo, para intentar ayudar a las personas de unas comunidades a las que nadie les ha enseñado lo que significa las palabras dignidad, esperanza y oportunidades. Vuelvo a aclarar, como ya hice en otras publicaciones, que yo no represento a nadie, no me mueve ninguna ideología, bandera ni creencia religiosa. Simplemente tuve la oportunidas de conocer y después de lo que vi y viví allí, sólo me quedaban dos opciones: O seguir tumbado en mi sofá esperando que los de siempre arreglen un mundo que no me parece que esté bien; o hacer cualquier otra cosa por mi cuenta para intentar ponerle una tirita, aunque fuera ridículamente pequeñita.  A partir de aquí me puedes poner las etiquetas que quieras, pero si no lo haces, tal vez y sólo tal vez, podrás ver las cosas de otra manera. Yo te invito a que lo intentes, porque al fin y al cabo de eso es de lo que va todo esto, de intentarlo, pero intentarlo de verdad.

Dicho esto, voy con el tercer viaje.

El jueves 27 de diciembre de 2018 a las 15:10 salí de Madrid con una maleta y una caja de medicinas que facturé y una mochila con la cámara como equipaje de mano. En esta ocasión hacía escala en Doha y en Johannesburgo. En Madrid me aseguré de facturar el equipaje directamente hasta Nampula y tanto en el aeropueto de Doha como en el de Johannesburgo confirmé que el equipaje iba directamente a Nampula. Los dos primeros vuelos fueron con la compañía aérea Qatar Airlains; el de Johannesburgo a Nampula con la LAN (compañía aérea nacional de Mozambique). Para mi sorpresa el vuelo de Johannesburgo a Nampula no fue directo.  Hicimos escala en Beira y nos hicieron bajar a todos del avión, pasar el control de inmigración, salir por una puerta del aeropuerto y volver a entrar por otra parte para volver a subir al avión. A mi aquello me pareció muy poco práctico e incómodo, pero era lo que había. Cuando me dirigía al avión se me acercó una trabajadora del aeropuerto y me pidió el pasaporte. Se lo mostré y me dijo que le acompañase. Todos los demás pasajeros ya habían subido al avión. Volví a la sala donde estaba el control de inmigración con la mujer y allí me esperaban más de media docenas de policía y en el medio mi maleta. Aquello me pareció muy raro. Uno de los policías me señaló la maleta y me dijo que la abriera. A mi no me salían las cuentas. ¿Dónde estaba la caja con las medicinas? Pregunté por la caja de medicinas y nadie dijo nada. Me volvieron a decir que abriera la maleta y yo les volví a preguntar por la caja. Así estuvimos un rato hasta que finalmente uno de los policías me dijo que la caja estaba en el avión, que había «pasado el control»  y que lo que querían ver era la maleta. No era la primera vez que viajaba a Mozambique así que había plastificado la maleta en el aeropuerto. No es sencillo quitar el pástico, así que me llevó un buen rato, pero finalmente conseguí abrir la maleta. El policía fue a tiro hecho a mirar algo que le debía haber llamado la atención al pasar por la máquina de rayos. Se trataba de una caja con un juego de imanes que me había hecho llegar Beatriz para su ahijada Julia. Después de comprobar que en la caja no llevaba nada que les interesase removió un poco la ropa, sin mucho interés, y me dijo que podía volver al avión. Allí me esperaba todo el pasaje.

Ese mismo día, día de los Santos Inocentes, llegué al aeropuerto de Nampula a las 20:05 con la maleta y la mochila con la cámara. La caja de medicinas nunca salió de Beira, la habían robado. El sentimiento de rabia fue enorme, pero no podía hacer nada más que sentir mucho asco. Allí poner una reclamación no sirve para nada y era muy tarde. Esa caja de medicinas me la habían hecho llegar desde la ONG Boabad Mozambique cuando se enteraron que iba a viajar a Nampula, porque en los hospitales no hay medicamentos. Lo único que tiene es paracetamol. Si hablas con los funcionarios del hospital te dirán que hay una rotura de stock y que por eso no hay medicinas. La realidad es otra, sencillamente los medicamentos desaparecen. En una publicación posterior de este diario hablaré más de los hospitales que visité y te compartiré fotos, pero aquí te dejo una primicia, para no aburrirte con tanta letra. Este es el laboratorio de un centro de salud y esa nevera que ves ahí es donde se suponen que deberían estar los medicamentos que requieren refrigeración. Este centro de salud carece de conexión a la red eléctrica. Dispone de tres paneles solares y una pequeña batería que les permite disponer de electricidad con suerte dos horas más después de la puesta de sol (allí el sol se empieza a retirar al rededor de las 17:00). Esa nevera no está ni siquera conectada a la batería, es decir, no tiene electricidad, no refrigera nada y por supuesto no tiene medicamentos. 

De Nampula a la misión, donde me recibieron con los brazos abiertos desde el primer viaje que hice a Mozambique, hay unos 120 Km. Hasta la entrada a la misión se circula por la carretera principal (para nosotros se podría considerar una carretera comarcal). Esta carretera está asfaltada pero está muy deteriodada y se tarda más de 2 horas en recorrer esos 120 Km. Ayer me comentaba un hombre de una fundación que trabaja mucho con países africanos que la gente le pregunta si no le da miedo la malaria, el terrorismo, los robos, etc. pero a él lo que realmente le daba miedo, eran las carreteras y que razón tiene. En esa carretera hay muchos accidentes y no tiene iluminación, así que fuimos despacito y llegamos a la misión a las 22:30. Muy tarde para quienes dependen de la luz del sol. Así que a las 23:00 estaba ya acostado y me quedé dormido enseguida.

Así fue la llegada a Mozambique y de momento lo dejo aquí hasta la siguiente publicación. Si has leido hasta aquí, muchas gracias por tu paciencia y por acompañarme y te invito a seguir este viaje conmigo.