Domingo 17/09/2017. 11:17. Misión de Netia. Distrito de Manupo. Nampula.

A las 12:00 vamos a comer, pero aprovecho estos 45 minutos para escribir un poco, que llevo mucho retraso y hay muchas cosas de las que no me quiero olvidar, y esta tarde voy a acompañar a la Hermana Aurora y al Padre Gasolina a Nampula. El gobierno ha convocado a quemarropa a todos los responsables de escuelas de formación profesional de primaria de Mozambique a una reunión en Maputo. Quieren cambiar la ley de educación y hacer desaparecer las escuelas de formación profesional primarias, y la hermana tiene que ir en representación de la escuela de la misión.

Voy a continuar con la visita al Hospital de Memberre.

La Directora del Hospital era muy joven. Soy muy malo para acertar la edad de las personas, pero no llegaba a los 30 años. Era pequeñita y muy risueña. Comenzamos la visita por el Hospital antiguo. Me fue enseñando todas las dependencias. Pasamos por la pediatría, la sala de rayos equis (una de las pocas salas con aire acondicionado), el laboratorio, la farmacia, las consultas, la cocina, el comedor, las salas de espera, etc. Durante el recorrido yo le iba preguntando, y he de reconocer que le cosí a preguntas, pero ya que tenía esa oportunidad no la quería perder. La Directora fue muy prudente en sus respuestas. Ella es una funcionaria y no puede hablar en contra del gobierno. No se puede decir, que haya mucha libertad de expresión. Yo así lo entendí y tampoco fui demasiado inquisidor. Las cosas como son, el hospital se veía cuidado y limpio, nada que ver con el centro médico de Netia. El hospital de Memberre es un hospital grande, y atienden a más de 7000 pacientes al día. Disponen de cierta autonomía para poder realizar análisis, pero para análisis de tipo vírico, como es el caso de la tuberculosis, no disponen de máquina y tienen que enviar las muestras al Hospital Central. Aunque la directora como digo fue muy prudente y políticamente correcta en sus respuestas, los principales problemas que tenían en aquel hospital (y es compartido por todos los hospitales y centro médicos, al menos de la región de Nampula) son la carencia de material quirúrgico adecuado, la falta de medicamentos y la inexistencia de especialistas y personal cualificado. La Directora llevaba la gestión del hospital, pasaba consulta y ejercía de enfermera. Según me comentó su intención era estudiar la especialidad de Cardiología, pero de momento no puede permitírselo. La hipertensión es un problema muy habitual, y junto a la malaria y la tuberculosis son las enfermedades más extendidas.

Multitud de pacientes se distribuían por las diferentes salas de espera del Hospital. La sala de espera más grande y con más gente era la de pediatría, llena de jovencísimas madres esperando con sus pequeños. No recuerdo haber visto allí a ningún hombre.

Llegó un momento durante la visita que tuve que tener cuidado porque sentí que me estaba metiendo en un charco. Me preguntó que me estaba pareciendo Mozambique y yo le empecé a contra lo que había visto en el centro médico de Netia. Su rostro cambió inmediatamente. Yo estaba diciendo cosas que nadie allí se atrevía a decir, sencillamente porque no pueden, y noté que ella estaba incómoda, ya que al fin y al cabo era una funcionaria, y no gusta que un extranjero vea esa otra realidad, así que tuve que recular y elogiarles por el trabajo que estaban haciendo para sacar adelante el hospital con los medios que tienen. Me dio la sensación que fue un acierto ese comentario, y continuamos con total normalidad la visita, y yo seguí preguntando. La sanidad no es totalmente gratuita, hay una especio de copago. Las consultas cuestan 1 metical y las recetas 5. Puede parecer poco dinero, algo simbólico, pero para el que no tiene nada (y en la región de Nampula hay mucha gente sin nada) puede suponer un problema. Le pregunté si tenían ambulancia, y me dijo que sólo había una ambulancia para tota la ciudad de Nampula. Con una única ambulancia para tres hospitales en una ciudad grande, hay gente que muere esperando el traslado. Pasamos por una especie de capillita. Allí era donde se dejaban los cadáveres esperando su traslado. En aquel momento, gracias a Dios, no había ninguno.

Puedo estar equivocado, pero me dio la impresión de que la directora intentaba hacer todo lo posible con lo que tenía, y aunque era consciente de cuáles eran sus problemas, intentaba hacer lo mejor que podía su trabajo. En varias ocasiones, cuando le hacia algún comentario ella me respondía con un simple “esto es así” o un “esto es lo que hay”, y en cierto modo me recordó la actitud de los habitantes de las comunidades, que asumen que las cosas son como son y no tienen ninguna esperanza de que vayan a cambiar. Es muy triste esa forma de pensar.

Después de la visita le di las gracias a la directora y nos fuimos a buscar a la hermana. Tuvimos que esperar bastante tiempo metidos en el coche, a la sombra de un árbol. El señor Méndez (era Méndez, no Morales) echó una cabezadita mientras yo trataba de ordenar las imágenes y pensamientos que pasaban por mi cabeza. Un goteo continuo de niños uniformados pasaba al lado de coche.

Salió la hermana de la reunión, la recogimos y nos fuimos a comer. Habían dicho que sería una hora de reunión, y al final fueron más de tres. Tenían mucho de lo que hablar. Se jugaban mucho, no por ellos, sino por los chicos de las comunidades.

Fuimos a comer al campo, a un restaurante regentado por un portugués. Habían construido una presa en el río, formando un pequeño pantano, alrededor del cual había jardines con multitud de flores de todos los colores. También tenían gran variedad de árboles frutales, y las frutas que producían las tenían a la venta. La hermana me recomendé el cerdo, porque los criaban allí, y le hice caso. La hermana y yo pedimos costillas de cerdos, y el señor Méndez frango (pollo). Cuando trajeron la cuenta quise invitar yo, era lo mínimo que podía hacer después de cómo se estaban portando conmigo. Esta vez sí había cogido la cartera, pero no tenía meticales, y los euros no los aceptaban, así que intenté pagar con la tarjeta de crédito, pero su datáfono no la aceptaba, así que en esa ocasión tampoco pude invitar y pagó la hermana. Yo me moría de vergüenza, dos de dos. Después de comer fuimos a dar un paseo por lo jardines. Habían montado una especio de zoológico, donde en pequeñas jaulas exponían patos, avestruces, pavos reales y otras aves. También había burros sueltos, y aunque no vi ninguno, había carteles cerca del pantano que alertaba de que había cocodrilos. En uno de los jardines, al lado del pantano, unos trabajadores estaban levantando una carpa enorme. La hermana les preguntó que para qué era eso y respondieron que era para la boda de la hija de un rico. Sin duda tenían que ser ricos a juzgar por el tamaño de la carpa.

Antes de regresar a Netia pasamos por un lugar, enfrente de un museo, donde vendían artesanía hecha con “Pau Prieto”. El “Pau Preto” es un árbol con un tallo de unos 20 centímetros de diámetro (al menos los que yo vi) de color marrón, como la mayoría de los árboles, pero en cuyo interior, la parte central, era de un negro azabache, y esa parte era la que extraían y tallaban para hacer diversas figuras de artesanía. Yo he de reconocer que no soy mucho de llevarme souvenirs de los lugares por los que paso, puede ser porque he pasado por demasiadas mudanzas en mi vida, pero esa ocasión compré una pequeña pieza, una pequeña azada tamaño llavero. Espero que, si en algún momento la rutina me hace olvidarme de lo vivido en Netia, aquella pequeña azada me recuerde lo que estoy viviendo.

Pasamos por un cajero donde pude retirar meticales, aunque como no controlo mucho el cambio no sé si he sacado suficiente para estos días.

Apenas hablamos en el regreso a Netia. Estábamos cansados y eso se notaba. Una vez llegamos a Netia cenamos, y después de cenar me retiré a dormir.

 

Nota de la publicación: No hice ninguna foto por dentro al Hospital, así que no tengo ninguna foto apropiada que subir para esta parte del diario. Lo que os muestro es una foto que saqué en una salina. Les pregunté a unos trabajadores que estaban allí de quién era la salina. El gerente era Mozambiqueño, pero el propietario era Indio. El norte de Mozambique tiene muchos recursos naturales, pero la explotación de esos recursos están en manos extranjeras y el dinero no se queda allí.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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