He tenido problemillas y el blog ha dejado de estar disponible durante unos días, pero ya he conseguido solucionarlos, así que volvemos al ataque.

Hace más de un mes que regesé del cuatro viaje a Mozambique. He ido publicando fotos en la cuenta de instagram, pero todavía no había hecho ninguna publicación en el blog, así que vamos a ello. 

El viaje, como ya comenté en la publicación anterior, comenzó un poco accidentado, pero lo importante muchas veces no es como empiezan las cosas, sino con acaban, así que finalmente todo aquello se quedó en el saco de las anécdotas.

Este cuarto viaje tenía dos objetivos principales. El primer objetivo era intentar reunirme con el Obispo de Nacala para mostrarle y comentar el proyecto técnico propuesto por Arconi Solutions (la verdad, no les puedo estar más agradecido por su paciencia, buena disposición y flexibilidad para todo, da gusto encontrarse con personas así) para la instalación de un Minigrid  fotovoltaico de 33kWp, ya que necesiataba su visto bueno, por una parte facilitar desde la misión luz al hospital público (que depende del gobierno) y por otra parte para que la diócesis se encargase de la importación, ya que el material se enviará por mar y asumir el pago de aranceles podía hacer económicamente inviable el proyecto.  El segundo objetivo era ver si podía tener la oportunidad de reunirme con representantes de las comunidades, para conocer de primera mano sus problemas y entender sus necesidades para ver si les podía conseguir ayuda de alguna forma. Ambos objetivos se cumplieron.

La reunión con el Obispo fue muy bien. Le gustó el planteamiento y aceptó tanto dar luz al hospital desde la misión, como encargarse desde la diócesis de la importación de los materiales necesarios para la ejecución del proyecto. Respecto al segundo objetivo, fue incluso mejor de lo que esperaba. Mi visita coincidió con una reunión que había planificado la Misión con las madres representantes de las 135 comunidades a las que da servicio y me permitieron acudir. de las 135 comunidades sólo había representantes de 33, pero teniendo en cuenta que muchas comunidades están muy alejadas de la Misión (las más lejanas a unos 55 KM) y que tienen que llegar caminando por caminos de difícil acceso, 33 madres no estaba tan mal. 

La reunión con las madres fue más positiva de lo que inicialmente había pensado. Me comentaron sus principales problemas y, la verdad, son problemas que se ven a simple vista.

El principal problema que tiene es el acceso al agua. Mozambique tiene un clima tropical, con cinco meses de temporada de lluvias (de diciembre a abril) y siete meses de sequía (de mayo a noviembre) y la falta de inversión pública e infraestructuras provoca que el agua de la lluvia no se conserve y se pierda. La población obtiene el agua de donde pueden. Si tienen suerte, acuden a las fuentes, muchas de ellas muy alejadas de las comunidades y no siempre funcionan (no hay mantenimiento y si algo se estropea, sencillamente se abandona). Las comunidades que no disponen de una fuente cerca, obtienen el agua de donde puedes (de los ríos, las charcas, construyen pozos de forma artesanal sin realmente saber si debajo hay agua, etc.). 

El segundo problema que me contaron fue el del acceso a las escuelas. No me hablaron de la calidad de la enseñanza (posiblemente porque no tienen con qué comparar), tampoco de la deficiencia de las instalaciones, su pronlema era la distancia. Muchas comunidades se encuentran muy alejadas de las escuelas. Los niños se tiene que levantar de noche y caminar muchos kilómetros por caminos de difícil acceso sin más iluminación que la luna. La parte positiva (y desde mi punto de vista un gran avance) es que el hecho de mencionarme este problema en segunda posición después del agua, es que las madres ya ven la educación como algo necesario para el desarrollo de sus hijos.

El tercer problema que tienen es el acceso a los centros de salud. Con la sanidad sucede lo mismo que con la educación. Muchos de los centros de salud de las zonas rurales no disponen ni de agua ni de electricidad. Tampoco hay especialistas ni medicinas y las instalaciones son más que deficientes, pero como la población no puede comparar, para ellos el problema es que muchas comunidades están muy alejadas de los centros de salud, la población tiene que caminar muchos kilómetros para poder llegar y es habitual que, dependiendo la gravedad, se queden por el camino. Con este tema lo que pedían es si al menos se podían crear puestos de socorro para las urgencias más próximos a las comunidades. Yo he tenido la oportunidad de visitar puestos de socorro en algún que otro centro de salud y, la verdad, allí no hay mucha diferencia (en medios y personal) con lo que sería una simple consulta, pero ellos eso no lo saben.

El cuatro peroblema que levantaron fue la falta de acceso a la energía. Tan sólo las comunidades situadas en localidades grandes, al borde de la carretera principal (por donde trancurre el tendido eléctrico) tiene la posibilidad de disponer de acceso a la energía. La mayoría de las comunidades están en el interior, y allí no disponen de electricida. Las familias más «pudientes» disponen de pequeños paneles solares que les permite disponer de algo de electricidad mientras hay sol.

Estos fueron los cuatro principales problemas que me levantaron, como puedes ver nada triviales: el agua, la educación, la salud y la energía. Yo les comenté que no era más que un particular, que yo no estaba en ninguna congregación religiosa ni representaba a ninguna organización, asociación o empresa, pero que iba a hacer todo lo posible por intentar conseguir ayuda, pero a cambio les pedí que se dejasen ayudar, porque allí hay una tradición muy fuerte y mucha resistencia a cualquier tipo de cambio. Me comentaba una misionera que había ofrecido a unas madres semillas de tomate para que pudiesen cultivar, pero no las quisieron porque las semillas tardaría mucho en dar frutos y ellas quería los tomates. Si vemos su reacción con nuestra mentalidad podemos pensar que son unas vagas, que no se esfuerzan, pero no es eso. Allí tienen una dimensión del tiempo diferente a nosotros. Allí la esperazan de via esá en torno a 40 años, por lo que no miden el tiempo igual. Además, sobreviven día a día, es decir, cada día tienen que buscar alimentos, no tienen una nevera como nosotros donde almacenan la comida.

En aquella reunión llegamos a un acuerdo con el apoyo de la Hermana Aurora, directora de la escuela agraria de la Misión. Si bien el norte de Mozambique todavía es muy verde, está sufirendo la deforestación por la tala de árboles para la exportación de madera o producción de carbón vegetal, así que se les propuso que a las comunidades que reuniesen a un mínimo de quince madres, la escuela agraria les daría semillas y los técnicos de la escuela irían con ellas a la comunidad y les aconsejarían donde y como plantar las semillas y cuidar las plantas y árboles que planteasen con el objetivo de reforestar la zona y transferir el conocimiento.

Sinceramente, después de haber oido lo de las semillas y los tomates no sabía si aquella iniciativa iba a tener mucho éxito, pero la semana pasada me escribió la Hermana Aurora y me dijo que ya estaban trabajando en cuatro comunidades, lo cual es muy positivo, no sólo por la reforestación, sino porque en cada comunidad una de esas comunidades se han organizado y se están dejando ayudar, algo muy necesario si de verdad se quiere hacer algo por y para ellos. Además, teniendo en cuenta que el índice de brecha de género en Mozambique está en torno al 72%, que una de cada dos mujeres o niñas ha sufrido maltrato, que más del 81% de las mujeres trabajan en el campo, que al rededor del 50% de las niñas son entregadas en matrimono antes de los 15 años, el hecho de comenzar el cambio con las madres me parece lo más positivo, porque si algo tengo claro son dos cosas:  Una, que allí la única palanca de cambio posible es la educación y dos, que debe ser la mujer el principal motor del cambio. No es cuestión de etiquetas, es simplemente una cuestión de realidades, necesidades y prioridades.

Hay más cosas que contar. Se puede decir que este cuarto viaje fue clave y, si todo va según lo previsto, el siguiente viaje será en abril o mayo del 2020 para ver encendida la primera bombilla con el Minigrid  fotovoltaico de 33kWp, pero eso ya te lo contaré en la siguiente publicación, que tampoco quiero aburrirte 🙂

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