Si hace una semana me hubiesen dicho que iba a escribir esta publicación no me lo hubiese creído. Sabía que el coronavirus podía llegar a afectar las fechas de implantación, pero no que el proyecto peligrase. Dos escuetos WhatsApp han sido suficiente para poner todo patas arriba.

Soy consciente que todo esto nunca ha sido un proyecto “típico”. Yo no soy un profesional de estas cosas, tan sólo soy un particular, sin más. Me he tenido que ir buscando la vida, enfrentándome a los problemas que iban surgiendo por el camino, como mejor podía.

Cuando regresé del primer viaje de Netia (septiembre de 2017) llegué al compromiso conmigo mismo de que iba a intentar ayudarles a conseguir la energía. Lo primero que hice fue intentar encontrar alguna ONG o Fundaciones que quisieran llevar el proyecto, al fin y al cabo son ellos los que saben de estas cosas, pero no fui capaz de despertar el interés de nadie. En ese momento, el principal bloqueo que tenía era que cuando me preguntaban que se necesitaba, yo tan sólo podía decir: “energía”, así que tuve que cambiar de estrategia. Si yo no sabía hacer un levantamiento de necesidades, tenía que encontrar alguien que sí supiese hacerlo.

Estuve más de un año enviando emails a todo aquello que me parecía una puerta, pero la mayoría de ellas ni siquiera me respondían. Finalmente, en agosto de 2018, a través de la ONG África Directo conseguí el contacto de un ingeniero (Javier) que colaboraba con la ONG y que llevaba cinco años viviendo en Sudáfrica. Hablé con Javier, le conté lo que estaba intentando y me debió de ver tan desesperado y perdido que aceptó pasarse por Netia. En principio sólo iba a pasar un día, pero finalmente se quedó diez. Gracias a Javier, en el mes de diciembre de 2018 ya tenía un primer documento con el levantamiento de requerimientos y necesidades de consumo.

Ya con el documento en mis manos seguí tocando puertas sin ningún éxito hasta que a mediados de enero de 2019 envié un email al buzón de contacto que aparecía en la página web de Manos Unidas. No tardaron mucho en responderme. Manos Unidas ya había hecho proyectos con la Misión de Netia y habían quedado muy contentos, así que me pidieron la documentación que tenía y me dijeron que iban a intentar ayudarles. En ese momento yo me eché a un lado, no quería molestar.

Manos Unidas solicitó un presupuesto a una empresa de Maputo (capital de Mozambique). La empresa de Mozambique tardó 5 meses, pero en junio de 2019 enviaron el presupuesto.  Casi me da un síncope: algo más de 600.000€ (Javier había estimado el proyecto entre los 80.000 y los 90.000€). Obviamente Manos Unidas no podía asumirlo.

Después de tener que convencerme a mi mismo que tenía que seguir, que no podía abandonar, volví a cambiar de estrategia y envié un email a la UNEF (Unión Española Fotovoltaica). Les conté lo que estaba intentando y les pregunté si conocían alguna empresa española que por políticas RSC colaborasen con este tipo de proyectos. Desde la UNEF me redirigieron a su listado de socios.  Localicé las direcciones de email de 29 empresas y a todas ellas les envié el mismo email. De esos 29 emails sólo me respondieron a uno y estaban dispuestos a escucharme.

Me reuní con Arconi Solutions ellos por primera vez en agosto de 2019. Estuvimos revisando el documento con el levantamiento hecho por Javier. Yo en todo momento fui sincero con ellos y les dije que no tenía financiación, pero que la buscaría. No sabía cómo, pero la buscaría. Supongo que pensarían que estaba loco, pero les debí dar pena porque aceptaron ayudarme y liderar la parte técnica con un proyecto llave en mano, es decir, ellos se encargaban de todo, desde el diseño y la compra del material, hasta la logística, instalación y puesta en marcha del sistema. Ya había conseguido quién ejecutase el proyecto, ahora me faltaba conseguir la financiación.

Nada más salir de la reunión con Arconi llamé al Padre Antonio Gasolina, responsable de la Misión de Netia para comentárselo. Antonio me dijo que un mes antes (en julio de 2019) habían estado visitando la Misión unas personas de una Fundación española. Él les había hablado de los problemas que tenían por la falta de electricidad y la Fundación le dijo que ellos estaban dispuestos a colaborar si se abría un proyecto. Como había pasado un mes desde aquella visita, le pedí a Antonio que confirmase con la Fundación si seguían interesados en co-financiar el proyecto y dijeron que sí, de hecho le enviaron una carta de compromiso de aportación de 40.000€ para este proyecto en el 2020 (según comentaron, liberarían los fondos en junio de 2020).

En septiembre estuve en Mozambique y en octubre, le envié a Manos Unidas la solución técnica propuesta por Arconi y la carta de compromiso de la Fundación. Manos Unidas había estado buscando otras opciones después de rechazar el presupuesto del proveedor de Mozambique, pero les gustó la solución y con la co-finaciación de la Fundación les cuadraba el presupuesto. Solicitaron algunos cambios (básicamente cambiar las baterías de gel que se había propuesto por baterías de litio) y a mediados de diciembre de 2019 aprobaron oficialmente la co-finaciación del proyecto. No sé si te podrás llegar a imaginar lo que supuso aquello para mí. Por una parte una enorme felicidad y por otra parte un alivio. Ya estaba todo encauzado (o eso creía yo).

Unas semanas más tardes (a principios de enero de 2020), Arconi me escribió para proponer una serie de mejoras en el sistema. Esas mejoras implicaban, además de cambios en el sistema, un mantenimiento del sistema durante 3 años. Con las mejoras, el coste del proyecto se incrementaba en 21.549,3€. Sinceramente, podría haberles dicho que no, que pasábamos de la mejora, pero era consciente que si no se hacía ahora, no se iba a hacer nunca y no quería que el sistema se quedase desfasado en poco tiempo y el mantenimiento lo veía necesario, ya que en Mozambique no hay mucho proveedor local que pueda reparar este tipo de sistema. He de reconocer que para mí fue un jarro de agua fría. Tenía que volver a empezar a buscar financiación y ya no me quedaban fuerzas. Una vez más volví a Google a buscar puertas y retomé los envíos de emails, de esos que nadie responde. Y llegó la Pandemia.

La Pandemia lo paralizó todo durante un tiempo pero, a mediados de Marzo, desde Arconi me comunican que están escribiendo a la Fundación, pero no les responden. La Fundación había dicho que liberarían los fondos entre finales de mayo y junio. Arconi necesitaban saber en qué fecha iban a liberar su parte, porque ya habían finalizado de transformar, equipar, instalar y testar el contenedor que albergará la sala técnica y tenían que pagar a sus proveedores. Yo no conocía a la Fundación, nunca había hablado con ellos, pero el 25 de mayo de 2020 les llamé. Me comentaron que ellos obtenían la ayuda de la Diputación y que con la Pandemia la Diputación todavía no había abierto la convocatoria para solicitar las ayudas. Me dijeron que había que esperar y así estuvimos esperando hasta que esta semana me enviaron estos dos WhatsApp:

Les pregunté que con cuánto podrían ayudar, pero no me respondieron. Se habían esfumado los 40.000€ que la Fundación había dicho que iba a aportar al proyecto.

Me estaba costando encontrar financiación para las mejoras y ahora había perdido 40.000€ del proyecto básico, con la presión que implica el hecho de que Manos Unidas ya liberó su parte de la financiación y Arconi ya terminó el contendor y tiene que pagar a sus proveedores.

Y así es como están las cosas. Me queden o no fuerzas, ahora no tengo más remedio que continuar, porque ya no se trata de que el proyecto se haga o no se haga, ahora se trata de cancelar una deuda de 40.000€ que la que la escuela de formación profesional agraria de Netia, como titular del contrato con Arconi, acaba de adquirir al perderse la financiación comprometida por la Fundación.

Cuando empecé con todo esto sabía que no iba a ser fácil, pero lo que no sabía es que me iba a tener que enfrentar a una Pandemia.

En fin, algo se me ocurrirá. A seguir se ha dicho.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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