14:32 (13:32 horas local). Lisboa. Terminal 1 del aeropuerto de Lisboa.

Ya he llegado a Lisboa.

En el avión me ha tocado el asiento 29A, la última fila del avión. Me ha tocado ventana. De compañera me han tocado dos chicas chinas, que no han parado de hablar en todo el viaje, pero no me han molestado nada. Yo, como es costumbre en mí, me he hecho bicho bola y fue durmiendo todo el trayecto. Me desperté en el mejor momento, cuando el avión viraba sobre el Atlántico para tomar tierra.

Como estaba al final del avión he tenido que esperar a que saliera todo el pasaje para poder salir, pero no tenía prisa, tengo todo el tiempo del mundo, tengo por delante más de 6 horas hasta el próximo vuelo.

Lo primero que he hecho al llegar ha sido salir a echar un cigarrillo. Sí, lo sé, muy mal vicio. Después me he dado una vuelta por el aeropuerto para ver dónde podía comer algo. Había varios sitios, pero me he decantado por un pequeño bar de bocadillos. He pedido una “bola rústica de cereais con presunto e queixo da serra”, o lo que es lo mismo, un bocadillo de pan con cereales, jamón serrano y un queso cremoso, parecido al ueso de Arzúa. Como diría mi abuela, que en paz descanse, el bocadillo me prestó mucho.

Todavía me quedan cuatro horas y cuarto para embarcar. Cuando llegué, pensé por un momento coger el metro y acercarme al centro, pero al final me rajé. Me conozco y no iba a estar tranquilo, pendiente de la hora para no perder el avión, que no sería la primera vez.

Ahora continúo, voy a echar otro cigarro.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
onpost_follow 5