Lunes 18/09/2017. 09:57. Misión de Netia. Distrito de Munapo. Nampula.

Me acabo de dar cuenta que llevo todo el diario diciendo que estoy en el distrito de Manupo, y se llama Munapo. Menos mal que estoy escribiendo las cosas sino a saber lo que recordaría del viaje.

Hoy me he despertado mucho mejor, pero ayer me llevé un buen susto. Después de escribir la última anotación en el diario salí al porche a ver si me despejaba un poco. Me senté en el escalón de la entrada y me puse a ojear la guía de viaje sobre Mozambique que me había comprado. Hasta entonces sólo había mirado algunas fotos y poco más. Fue la única guía sobre Mozambique que encontré en español. De otros países de África hay donde elegir, de Mozambique no. Entiendo que cuando alguien escribe una guía de viaje lo hace en base a su experiencia, y las experiencias de cada uno son diferentes. No quiere decir que no sea real lo que se cuenta, simplemente que de un mismo sitio puede haber muchas realidades diferentes, dependiendo desde dónde se mire. Hubo un par de frases que me llamaron mucho la atención. Esta fue una: <<Con la independencia, el gobierno llevó a cabo una política de escolarización a gran escala, orientada en parte a formar a los futuros dirigentes del país.>> y esta fue la otra: <<Hoy en día, la educación y la sanidad se han convertido en dos cuestiones prioritarias>>. Yo no me atrevo a decir si es verdad o mentira. Me imagino que en otras provincias, económicamente más desarrollada, como por ejemplo Maputo, es una realidad, pero por lo que yo he visto, esa realidad todavía no ha debido llegar a las zonas rurales de la provincia de Nampula. Precisamente el mayor shock hasta ahora lo he tenido con imágenes, que creo que me acompañarán toda la vida, del Hospital público de Natete-Netia y las aulas de la escuela pública primaria.

Es curioso, recuerdo que en clase de Filosofía el profesor nos había hablado de Frederic Skinner, y me quedó grabado lo que nos dijo, que Skinner decía que le dieran un bebé y él haría de él lo que los padres quisieran (un médico, un abogado, un arquitecto, etc.). La verdad es que con el tiempo busqué aquella frase y nunca la encontré, vamos que supongo que habría sido una interpretación del profesor de Filosofía de entonces, pero sí leí más sobre Skinner y su trabajo y había cosas con las que sí estaba de acuerdo. Como todo conductista, postulaba que el comportamiento de una persona estaba condicionado por su experiencia, y hablaba de refuerzos positivos y negativos para modificar el comportamiento. De hecho creo recordar que se decía que Skinner había inventado una cuna que permitía controlar la temperatura y no recuerdo que cosas más, para favorecer las condiciones idóneas para el desarrollo de su hija (Nota: refrescar Skinner).  Es cierto que todo esto puede parecer teorías del adoctrinamiento o la programación del niño, pero yo lo veo desde otro  punto, desde el punto de la educación. Puede ser un iluso, pero siempre he pensado que si en los colegios se enseñase desde pequeños más la empatía y la solidaridad que la competitividad y el liderazgo el mundo sería más justo. Quizás menos “evolucionado”, sí, pero más justo. Bueno, que me voy por los cerros de Úbeda, retomo. Ayer cuando leí esa frase en la guía de los futuros dirigentes del país, y recordaba la imagen de las aulas de la escuela pública de primaria, me vino a la cabeza Skinner. ¿Qué tipo de refuerzo podían ser esas aulas para un niño sentado en un suelo con agujeros, sin más material escolar que un lápiz y un cuaderno cutres para todo el año? Yo sí creo que la educación y el pensamiento crítico es el camino (lento sin duda) para que esos niños puedan tener un futuro mejor, pero sinceramente, si eres un niño que estás en una comunidad aislada, sin televisión, ni radio, ni prensa, ni internet, ni gente de otras partes que te abran un poco los ojos sobre lo que hay más allá de la comunidad vecina, tu mundo se tiene que reducir a lo que ves a tu alrededor, y si tus padres han recibido la misma “educación” que tú y los profesores no despiertan tu interés por saber y aprender (porque tampoco tienen ellos ningún tipo de motivación, porque no tienen esperanza de cambiar las cosas), ¿Qué posibilidades tienen de tener una vida mejor? ¿Qué posibilidades tenían esos niños de ser dirigentes de algo? Bastante tienen con poder llegar a los 45 años, edad de la esperanza de vida media del país.

En fin, sigamos. Como decía estaba con la guía cuando apareció la pequeñaja (Julia). Se sentó a mi lado y nos pusimos a ver las fotografías de la guía. Yo le iba preguntando, “Julia, ¿Qué es esto?” y ella me respondía “Praia”, “Comunidade”, “Criança”. La guía no tenía muchas fotos, así que las vimos una y otra vez hasta que recordé que tenía una guía de Lisboa en la maleta. Fui a por ella a la habitación y comenzamos a ver las fotos. No tenía muchas fotos, era una guía de bolsillo, pero las suficientes para poder acompañar a Julia a dar una vuelta por Lisboa. Creo que era la primera vez que salía de Nampula. Las fotos de esa guía eran muy diferentes a las que habíamos visto en la otra y le gustaban. Estábamos visitando la torre de Belém cuando apareció la Hermana Aurora.

La Hermana Aurora iba muy elegante. Llevaba un hábito y velo o pañuelo negro y camisa blanca. Era la primera vez que la veía de negro, así que supuse que era su vestimenta de gala. La hermana me vio tan entretenido con Julia que me preguntó si prefería quedarme allí. Yo todavía me encontraba mareado, y me había planteado si disculparme y no acompañarlos porque un viaje de dos horas por aquella carretera no iba a ser lo mejor para mi mareo, así que en ese momento vi una puerta abierta y le dije que si no le importaba prefería quedarme. Ella dijo que no había problema y me empezó a dar las gracias por la visita, entonces me di cuenta que me había perdido algo. Yo pensaba que se iba a ayer y regresaba hoy, pero me dijo que no regresaba antes de que yo me fuera, porque no era una reunión a lo que iba, como yo pensaba, sino a un congreso de varios días y que duraría hasta el miércoles, día en que yo me iba. Al oír aquello reculé y le dije que no en ese caso le acompañaba al aeropuerto. Era lo mínimo que podía hacer por aquella persona que me había recibido y tratado con una hospitalidad impagable. Así que el Padre Gasolina, la Hermana Aurora y yo nos fuimos a Nampula.

Del camino a Nampula no hay mucho que contar. Mi cabeza estaba en mis mareos y sudores fríos, la de la Hermana debían estar en el Congreso (se jugaban mucho) y la del Padre en la carretera.

Llegamos al aeropuerto con hora y media de antelación. Suficiente para un vuelo nacional. La hermana plastificó su maleta y se fue a facturar, mientras el Padre y yo nos sentamos a esperar. Al cabo de unos minutos vino la Hermana, y nos dijo que el avió salía con retraso, aunque no sabía con cuánto. Parece ser que lo normal es que los vuelos se retrasen, lo excepcional hubiera sido que no fuera así.

Mientras esperábamos comenzaron a aparecer personas que se acercaban a saludar. Eran otros misioneros, que habían sido convocados al mismo Congreso. Todos ellos dirigían escuelas de formación profesional de primaria de diferentes ramas y compartían la misma preocupación. El gobierno quería cambiar la ley educativa y hacer desaparecer las escuelas de formación profesional básicas, obligando a éstas a pasar al grado medio, lo que supone dar un salto no solo a nivel formativo en lo que se refiere al programa, sino en una mejora necesaria de las instalaciones para cumplir con la exigencias mínimas requeridas, que en el caso de la escuela de Netia consistían de conseguir un tractor, disponer de un laboratorio y una biblioteca. Todo esto supone un problema para estas escuelas, porque por una parte la tasa de abandone en estas escuelas es alto, porque para muchos padres el niño le aporta más ayudándole en casa que en la escuela, y el grado medio implicaría más años de estudio; y por otra parte, esas escuelas no son un negocio, es decir, sus únicos ingresos son las ayudas que puedan recibir, y al menos en el caso de la escuela de Netía, las familias pueden aportar el dinero que puedan o en muchos casos comida o semillas, todo ellos para poder mantener a los niños en los internados. En el caso de Netía, al tratarse de una escuela agraria, lo que producen se consume en los internados de la misión, se lleva a las comunidades de los chicos, y si no es época de sequía y hay suficiente, se vende lo que queda para el mantenimiento de la misión. No pude evitar preguntar si la Iglesia, como institución, ayudaba económicamente en la Misión, y parece ser que la diócesis no colabora mucho que digamos. Cuando regrese a Madrid, tengo que indagar a ver cómo va esto de las ayudas a las misiones por parte de la iglesia.

A medida que se iban acercando a saludar al Padre y a la hermana, me los iban presentando. “Aquí un amigo que ha venido a visitarnos”, decían. Había misioneros de Italia, de Brasil, de Perú, de España, de Centro América y del propio Mozambique. Aunque cada uno de ellos representaba a una escuela diferente, y pertenecían a órdenes religiosas diferentes, todos ellos parecían una gran familia, y compartían un mismo interés u objetivo, el de ayudar al desarrollo de los niños y jóvenes de aquel país. Lo hacían por amor a esa gente, y se veía.

La verdad es que la espera fue muy entretenida. A mí no se me pasaba el mareo y los sudores fríos, así que no tuve más remedio que decírselo a la hermana. La hermana intentó tranquilizarme, diciéndome que eso no sería nada, que seguro que era cansancio, porque la verdad es que no hemos parado, y desde luego para mí todo está siendo muy intenso. En aquel momento pareció que no le había dado importancia, pero cuando regresé a la misión, la Hermana Faustina (¡Por fin he recordado su nombre!) me dijo muy sutilmente que la Hermana Aurora le había comentado algo de que estaba mareado, y se preocupó por mi estado, así que me imagino que algo de importancia sí le dio. Menudo papelón hubiera sido para ellos si me pongo malo allí.

Me quedan días por contar. mañana es mi último día en Natete y todavía no he contado nada del sábado y el domingo, y hay mucho que contar. Voy a tener que hacerme un mapa del diario para poder entenderlo.

Voy a dejarlo un momento aquí y voy a estirar las piernas un poco, luego continúo. ¡Ah! Y lo de los mareos y los sudores fríos debía tener razón la Hermana, porque he descansado como un bebé y me he levantado como una rosa.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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