11:38. Misión de Netia. Distrito de Munapo. Nampula.

Iba a continuar contado el viaje a Illa Mozambique del viernes, pero no tengo mucho tiempo, así que creo que va a ser mejor contar lo que ha pasado esta mañana.

Hoy me he levantado poco antes de las 6:00. Todavía quedaba agua, así que pude darme una ducha, lo cual agradecí mucho. Desayuné un café soluble, con leche en polvo y pan. Poco tiempo después de acabar de desayunar aparecieron tres niñas de la casa de las «meninas». Venían a buscar a la hermana Faustina porque había una niña que no se encontraba bien. Acompañé a la Hermana a buscar a la niña al internado para llevarla al hospital.

Al llegar al Hospital nos encontramos con el director del centro. Me sorprendió su juventud, lo mismo que me pasó con la directora del Hospital de Nampula. La Hermana me presentó y le dijo que le había acompañado para ver el Hospital. Yo ya lo había visitado antes, pero él no lo sabía, así que sin moverse del sitio, simplemente señalando, me fue indicando qué era cada barracón. «Allí pediatría, allí los ingresos de mujeres, allí los de los hombres, detrás los enfermos de tuberculosis, ahí el laboratorio, las urgencias, la farmacia, el economato, y ahí la maternidad» El recorrido fue rápido.

El director le dijo a la hermana que estaba buscando al Padre Gasolina, pero que no le encontraba. Tenían problemas con el agua, necesitaban más agua. La canalización de agua al Hospital se hizo en el marco del proyecto que hizo el año pasado el Canal de Isabel II en la Misión. Es cierto que el Hospital es de gestión pública, pero por humanidad no podían dejarlos fuera. El problema es el que ya he comentado antes, si no hay energía no se puede bombear el agua de los pozos. La Hermana le dijo que en la Misión estaban igual. Que están habiendo problemas con el generador de gasóleo y no pueden sacar más agua. En los internados están igual. Yo hasta ese momento me mantuve en silencio, pero no pude evitar decirle al director que en mi país es impensable un hospital sin electricidad ni agua. El muchacho se quedó mirándome, parecía que estaba eligiendo con cuidados sus palabras, y se limitó a decir que en Mozambique había muchos hospitales así, como dando a entender que no era un problema tan sólo de «su hospital», no vaya a ser que pensara que era un problema de su gestión. Nada más lejos de la realidad. No dudo en absoluto que si de él dependiera ese Hospital tendría electricidad, agua y un personal especializado. Pero no dependía de él.

Tuvimos que dejar a la niña, con dos amigas que la acompañaban, esperando a que le pudieran hacer la prueba de la malaria, ya que para analizar el resultado de la prueba necesitan energía, y aunque el Hospital tiene un par de placas solares, los días que hay calima, los rayos de sol no inciden en las placas con la suficiente fuerza y no pueden hacérsela. Si sale el sol se la podrán hacer antes, sino tendrán que esperar a que se encienda el generador, a las 19:00. La niña se quedó allí esperando, junto a más de una veintena de personas.

Se acaban de acercar dos muchachos que salían de la escuela para hablar conmigo. Como la directora (la Hermana Aurora) no está, los profesores no han ido a trabajar y los alumnos se han quedado sin clase. Aunque la escuela de formación profesional es gestionada por la Misión, los profesores son funcionarios. Parece ser que tanto los profesores como los enfermeros, son las dos profesiones a las que más recurren los muchachos cuyas familias pueden costear unos estudios, pues no son estudios de larga duración y es bastante fácil finalizarlo con éxito si puedes pagarlos. Yo siempre he concebido ambas profesiones como vocacionales, pero aquí hablar de vocación parece que no tiene sentido cuando no hay muchas opciones para salir adelante. Si a la falta de vocación se le suma la juventud de los profesores, la poca motivación y medios que tienen para ejercer su trabajo y a que también llevan dentro ese pensamiento de que así es la vida y no se puede hacer nada para cambiar las cosas, favorece que pasen cosas como estas. Los chicos me preguntaron muchas cosas sobre mi país, y me contaron muchas cosas sobre su comunidad. Estuvimos hablando de fútbol y me intentaron enseñar algunas frases en Macua. Me señalaron una montaña, a lo lejos, allí estaba su comunidad. Me invitaron a acompañarles la semana que viene, que hacían la rotación, pero aunque me hubiera encantado no podía, porque mañana sería mi último día en Natete.

Después de acompañar a la niña al Hospital, me acerqué a la escuela agraria, para buscar a Jackson (el director de los profesores). Había quedado en enseñarles a hacer un blog.

Me vienen a buscar para comer. Luego continúo.

 

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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