13:41. Misión de Netia. Distrito de Manupo. Nampula.

Hemos acabado la sobremesa y nos hemos retirado a descansar hasta que baje un poco el sol, que está pegando fuerte. Es septiembre y acaba de empezar la época más calurosa del año, que durará hasta diciembre.

Voy a continuar dónde lo dejé, en el centro médico. Después de visitar la habitación de los pacientes, entré en la habitación de maternidad. Allí tampoco daba el sol y al entrar apenas se veía, pero se estaba bien, ya que al no pegarle el sol estaba más fresca que el resto de barracones. A lado de la puerta, sentados en unas camas, un grupo de jóvenes reían y charlaban animosamente. Eran los enfermeros y los sirvientes, que se resguardaban en aquel rincón para combatir el calor. Al principio me pareció normal y comprensible, hasta que me acordé de las decenas de personas que estaban fuera esperando a ser atendidos. El Padre cruzó con ellos unas palabras que no entendí, y una de las chicas señaló el fondo de la habitación. El padre, tres auxiliares y yo con ellos, fuimos hacia donde señalaba la joven. Allí, sobre la última cama, al fondo de la habitación, se podía vislumbrar un bulto tapado por una manta. Una de las auxiliares apartó la manta, y debajo de ella asomó el rostro asustado de una niña y después el de su hija, recién nacida. El Padre le preguntó a la niña que edad tenía y ella respondió que siete. Los auxiliares comenzaron a reír, repitiendo siete mientras la niña seguía mirándonos asustada y la recién nacida seguía dormida. La niña no sabía qué edad tenía. Más tarde me enteré de que ciertos trámites administrativos se realizan desde la capital de la región, Nampula; y para otros es necesario desplazarse hasta la capital (Maputo). Nampula está a más de dos horas de allí en coche, y Maputo a casi dos horas de avión desde Maputo, así que es muy difícil que los padres de las comunidades de allí puedan inscribir a sus hijos en el registro civil, y lo normal es que los niños no tengan partida de nacimiento. Por su rostro aquella madre no debería tener más de 13 años. La joven madre dio a luz la noche anterior, así que la fecha de nacimiento de la recién nacida había sido el doce de septiembre de dos mil diecisiete, aunque lo más seguro es que ella nunca lo sepa. Ahora recuerdo que ayer por la noche se oía a lo lejos desde mi habitación el llanto de un niño. El centro médico no está lejos, así que supongo que habrá sido el llanto de esa criatura.

Al lado del barracón de maternidad, prácticamente en la salida, me llamó la atención una pequeña ambulancia. Se trataba de una especie de ciclomotor con una estructura adosada en la parte posterior con capacidad para una o dos personas. Me llamó la atención que estaba nueva. Más tarde me di cuenta por qué. Para salir de los terrenos del centro médico y llegar a la carretera principal hay que circular por un camino de tierra con socavones y desniveles, y aquella peculiar ambulancia no podía pasar por allí, así que nunca se había usado, ni se podía usar. Se había convertido en un adorno cortesía de los presupuestos del estado. En la práctica, cuando necesitaban trasladar a algún enfermo a algún Hospital con más medios, solicitaban la ayuda del Padre o las hermanas, ya que disponían de dos todoterrenos, viejos, pero en funcionamiento, que habían sido donados por una ONG.

Salimos del centro médico, pero tengo la sensación de que una parte de mí no consiguió salir de allí, y las imágenes de lo que vi siguen en mi cabeza. Hubiera sido tan fácil y cómodo no haber visto…

Yo no podía entender cómo el gobierno no hacía nada para llevar allí la energía. Los postes de la electricidad pasaban por la carretera principal, a tres kilómetros de allí. En varias ocasiones la Misión se lo había pedido al gobierno, llegando incluso la petición hasta el Presidente de la nación, y les habían dicho que sí, pero al final no se hizo nada. Acercar hasta allí la electricidad no era sólo en beneficio de la Misión (que al final repercutiría en beneficios para la población de allí), pues también se beneficiarían las comunidades cercanas, la escuela pública y el centro médico. Hace cuatro años la Misión había pedido presupuesto para ver lo que les saldría ejecutar a ellos la obra. Pidieron dos presupuestos, uno al gobierno y otro a una empresa privada de Mozambique. El primero al cambio salía por unos 190.000€, el segundo por unos 90.000€. Aunque 3 kilómetros puedan parecer poca distancia, la materia prima, el cobre, etc. se tiene que importar de fuera, y eso encarece los costes. Le he pedido al Padre si me puede dar una copia del presupuesto de la empresa privada, a ver si podía hacer algo con él en mi país. No sé qué voy a poder hacer con él, ya que no se puede decir que tenga contactos ni dinero, pero si tengo alguna oportunidad no pierdo nada por intentar echarles una mano. Es lo mínimo.

Me he ofrecido a ayudarles con el diseño de un blog para darles un poquito de visibilidad en Internet, y cuando necesitan algún tipo de financiación para alguno de sus proyectos, puedan mostrar a través de ese blog lo que hacen allí. Les ha encantado la idea. Me encantaría poder ayudarles en más cosas, a ver si puedo encajarles en algo más.

Voy a dejarlo de momento aquí. La hermana me va a llevar a conocer una comunidad.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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