No te voy a mentir, si cuando publiqué las cartas a Google, Amazon o Adidas tenía pocas esperanzas de obtener alguna respuesta, con esta carta no tengo ninguna, pero después de leer e incluso escuchar, algunas reacciones a la publicación que hice en la página de Facebook de los ataques yihadistas que hubo la semana pasada en aldeas del norte de Mozambique, y que se llevan produciendo desde el mes de octubre (aunque para los medios de comunicación parece que no tienen el suficiente interés) la impotencia y la rabia me ha llevada a escribirte estas palabras. Que le voy a hacer, yo también soy humano, como tú.

No pretendo convencerte de nada. Lo veo imposible. Que quede claro que ni me considero, ni soy, mejor que tú y te puedo asegurar que te escribo estas palabras mirándome al espejo, porque yo también formo parte de ti y compartimos debilidades y defectos.

Estas palabras no pretenden sentar cátedra ni ser ningún discurso moral. No son más que un viaje por la montaña rusa de mis pensamientos. Seguramente habrá muchas cosas que no compartamos, pero si vas a seguir leyendo te voy a pedir un favor, intenta hacerlo sin prejuicios, sin ponerme etiquetas, porque las etiquetas no dejan de ser barreras para no escuchar lo que no queremos oír y va en contra de nuestras ideas. Porque a nadie nos gusta equivocarnos, pero todos lo hacemos. Si lees esta carta con prejuicios generaré odio en ti y, créeme, no busco ni mucho menos eso, ya hay suficiente odio en este mundo.

Antes de continuar me gustaría dejarte claro que tan sólo soy un particular. No pertenezco a ningún partido político, de hecho, no comulgo con ninguno, y cuando digo ninguno es ninguno, independientemente de que su sombra sea azul, naranja, roja, morada o amarilla; o a qué lado se sienten (cuando van) en el hemiciclo. Yo no creo que quien haga bien o mal las cosas sean las siglas o las banderas sino las personas, ya que somos las personas y no los colores quienes tenemos la opción de hacer las cosas o no, de intentar construir o destruir y de hacerlo por el bien de los demás o por el propio. Tal vez el día en que esas personas, profesionales de la política, en vez de enfrentarse y fomentar el odio entre los votantes con el único objetivo de ocupar escaños (con los beneficios económicos y fiscales que eso implica), gastasen sus energías en intentar ponerse de acuerdo por hacer de este mundo un mundo mejor (y digo mundo, no digo país ni nación), no en términos macroeconómicos que no entiendo, sino en términos de respeto a las personas, a todas, y a un planeta en el que estamos como invitados, tal vez el día en que prediquen con el ejemplo, tal vez ese día confíe en ellos, pero mientras todo sean palabras y mentiras, que no cuenten con mi complicidad. Yo no confío en las palabras sino en los hechos.

Supongo que en este punto ya me habrás puesto la etiqueta de antisistema y permíteme que me ría. No de ti, eso nunca, si no de le etiqueta. Trabajo en una empresa del Ibex 35 y eso no me supone ningún dilema moral. Me gusta mi trabajo y me gusta dónde lo ejerzo. Desde dentro soy testigo de primera mano de las medidas que la empresa lleva tomando desde hace años en materia de anticorrupción. Soy testigo de primera mano de las actividades de voluntariado y los proyectos de cooperación que impulsa y que fomenta a través de su fundación, tanto en España como en aquellos países en los cuales la empresa tiene operación. Creo en la propiedad privada y en la recompensa del esfuerzo, pero no creo que eso sea incompatible con la solidaridad.

El otro día un amigo me llamaba activista. ¿Activista? ¿Yo? Me he pasado 45 años vegetando. Cuando era más joven medía las semanas por las noches del viernes y el sábado. Con lo que llaman madurez cambié las noches por los días y los pubs y discotecas por el sofá y la tele, pero el objetivo era el mismo, pasar el tiempo y no pensar, arropado por la cultura del entretenimiento y evitando ver más allá (porque  no sólo la religión es el opio del pueblo). Ya se sabe “ojos que no ven corazón que no siente” (ahora me doy cuenta lo jodida, egoísta y mezquina que es esta frase). Puede que hayan sido esos 45 años sin hacer nada, echando la culpa a los demás y delegando la solución de los problemas a gobiernos, empresas e instituciones, es decir, a siglas, siglas y más siglas (a los otros, siempre a los otros), lo que me haya llevado a tener que tomarme al día 4 pastillas, una para la tensión, otra para la ansiedad, otra para el azúcar y otra para el colesterol.

¿Me quieres poner otra etiqueta más? Pues mira, soy cristiano y sí, yo creo en Dios. Otros creen en los mercados, en el dinero, en la fama… Cada uno tiene sus creencias. Pero no me pidas que te recite de memoria un salmo o algún versículo de la biblia. Si intentase recitarte de memoria los 10 mandamientos, lo más probable (por no decir lo más seguro) es que me faltase alguno o me equivocase en el orden. Para muchos cristianos lo que acabo de decir será poco menos que incomprensible y una herejía, y seguramente lo sea, pero a mi también me parece incomprensible escuchar que en el mundo hay más de 2.100 millones de cristianos y que se haga tan poco por ayudar a los demás. En estos últimos meses he tenido la oportunidad de conocer a personas en diferentes ONG, personas que se consideran ateas y entregan su vida por los demás. De ellos tendríamos que aprender los que nos consideramos cristianos ya que con sus hechos transmiten mejor el evangelio que la inmensa mayoría de nosotros (por supuesto, me incluyo en esa crítica) ¿Dónde ha quedado aquello de «amarás al prójimo como a ti mismo»? ¿O es que somos nosotros quienes decidimos quién es el prójimo y quién no lo es?

Por supuesto que me horroriza y me duele en el alma todo el daño que se ha hecho a lo largo de la historia y se sigue haciendo usurpando el nombre de Dios o escondidos detrás de una cruz, pero aquí pienso lo mismo que con los partidos políticos y las ideologías, no creo que las religiones en sí sean malas. Las que obran bien o mal son las personas. Y cuando hablo de la cruz, de igual forma hablo de la media luna, la estrella de cinco puntas o el símbolo que sea. No considero que fuera el Islam el que quemó casas o mató personas la semana pasada en Mozambique, fueron personas escondidas bajo una media luna, bajo un símbolo que estaban prostituyendo con sus actos, igual que los casos de pederastia en la iglesia católica, los asesinatos de los niños royingha por radicales budistas o lo que está pasando en Israel con los palestinos. Como persona y como cristiano hay muchas, muchísimas cosas que no entiendo de la iglesia. Sin ir más lejos, para intentar encontrar ayuda para la reconstrucción de la presa en la Misión de Netia, escribí emails a más de 70 diócesis de toda España y sólo me respondieron de la Diócesis de Valladolid. Pero tengo claro que el que no me ha respondido ha sido una persona, no una cruz.

Supongo que a estas alturas ya te caeré mal y me odiarás, y lo siento, pero estas palabras las escribo porque quiero decirte una cosa, si me quieres escuchar. Por favor, nunca digas que tú no puedes hacer nada por mejorar las cosas. Nunca digas que tú no puedes hacer nada por combatir la pobreza en el mundo. Nunca digas que tú no puedes hacer nada por combatir las injusticias. Nunca digas que tú no puedes hacer nada por ayudar a los demás. Para decir que no se puede, al menos hay que haberlo intentado, pero intentarlo de verdad. Y si lo intentas, pregúntate a ti mismo tras un fracaso si eso es todo lo que puedes hacer y si la respuesta es un no, intenta hacer cualquier otra cosa.

Yo tampoco sé dónde está el interruptor para encender la luz en un mundo tan oscuro, créeme que si lo supiera te lo diría. A mi lo que se me ocurrió en su momento fue crear este blog para intentar llegar a alguien que supiera o pudiera ayudar a acercar la electricidad a la Misión de Netia, porque necesitan la electricidad para poder sacar adelante la escuela de formación profesional agraria y la educación es fundamental para poder desarrollarse y prosperar para no tener que huir. Después de algo más de 7 meses, más bien poco he conseguido con el blog, dos personas que me han pedido el número de cuenta y el contacto de la Misión para poder ayudarles y poco más, pero sí tengo claro que merece la pena seguir intentádolo y pienso seguir haciéndolo hasta que no me quede nada por hacer, nada por intentar. Por favor, no me odies, pero no digas que no puedes hacer nada para evitar las injusticias, di simplemente que no quieres intentarlo.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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