Antes de nada, permíteme que aproveche la ocasión para desearte un Feliz 2018 y felicitarte por el 2017. Según he leído, en el 2017 has batido tu propio récord durante el Black Friday: más de 1,4 millones de pedidos (unos 16 pedidos por segundo). Con esas cifras no me extraña que Jeff Bezos haya ocupado el trono dorado del hombre más rico del mundo. Enhorabuena.

Yo la verdad es que este año en el Black Friday no he hecho ninguna compra. Normalmente compro las cosas cuando las necesito y este año no necesitaba nada. Dicen que hay gente a la que las compras les “ayuda” a sedar la ansiedad, pero ese no es mi caso. Yo soy de los que engraso la ansiedad con la comida y eso no me ayuda demasiado a disfrutar con según qué compras (digamos que la bulimia nerviosa no se lleva demasiado bien con las tallas de pasarela). ¡Maldita ansiedad! Vivimos demasiado deprisa y muchas veces por inercia, sin saber muy bien para qué o incluso para quién. Como ves hay mucho margen de mejora para el 2018. Yo personalmente tengo una lista enorme de buenos propósitos por delante.

Y hablando de buenos propósitos, quería hacerte una consulta. Todas las Navidades acudo a ti en busca de ideas para escribir mi carta a los Reyes Magos, pero este año mi carta es un poco diferente y tengo un problema, no sé muy bien cómo elegir las palabras.

Estas Navidades me temo que no puedo comenzar mi carta con el típico “Este año he sido bueno” porque estaría mintiendo. No es que haya sido malo, pero tampoco he sido bueno. No es lo mismo no ser malo que ser bueno. No es lo mismo no herir que curar. No es lo mismo no odiar que amar. Una cosa implica omisión, la otra acción, y yo, las cosas como son, pocas acciones he hecho para ser bueno, así que me voy a tener que conformar con un “Este año no he sido malo” y a ver si cuela.

El para quién y el dónde también tienen que ser diferentes. Aunque soy yo quien está empezado esta carta, este año no pediré nada para mí. Estoy un poco empachado de tanto mí, tanto mis, tanto yo y tanto nosotros, así que mi carta este año tendrá que ser un para ellos. Tampoco quiero que los Reyes Magos dejen los regalos debajo del árbol de plástico del salón, como cada Navidad. Este año quiero que los dejen en un hospital, dos escuelas y tres internados en una pequeña comunidad rural del Nordeste de Mozambique. Allí no hay ni calles ni direcciones, así que espero que los Reyes Magos se orienten con las coordenadas y el GPS.

Esta vez no quiero pedir ropa, ni libros, ni relojes, ni perfumes, ni cajitas de experiencias, ni aparatos electrónicos, ni utensilios de cocina. Esta vez quiero pedir energía. Energía no para mí, sino para ellos. Energía para que puedan bombear el agua de los pozos y tener así acceso al agua potable. Energía para que puedan tener luz en la sala de urgencias y de partos del hospital (que ya sabes tú que los niños y las dolencias son caprichosas y a veces vienen de noche, cuando menos se les espera). Energía que les permita conservar los alimentos y los medicamentos. Energía que les permita realizar los análisis necesarios para diagnosticar enfermedades como la malaria (enfermedad endémica en la zona). Energía para que puedan regar los campos de producción de la escuela de formación profesional agraria, para obtener los alimentos con los que poder dar de comer a los niños de las escuelas, llevar comida a las comunidades y vender lo que pueda sobrar. Energía básicamente para el desarrollo de la zona y de la gente de las comunidades.

En tu web he encontrado libros sobre energía, baterías, cargadores, medidores, paneles solares, etc. Pero ni yo sé muy bien qué hacer con todo eso, ni tampoco creo que ellos supieran. Yo estaba pensando más bien en paquetitos de electricidad o tarjetas de prepago de horas de energía. Me imaginaba que deberían estar en el Departamento de Solidaridad, entre los kit para la construcción de un mundo más justo y las ayudas para el desarrollo de los más necesitados, pero no encuentro nada parecido. Ni los paquetitos, ni las tarjetas, ni los kits, ni las ayudas, ni el Departamento de Solidaridad. Algo debo estar haciendo mal.

Sin duda sería más sencillo volver a lo de siempre. Comenzar la carta como si alguna vez hubiera sido bueno. Reducir el para, al “mí” o al “mis”.  Dejar hueco a los pies del árbol y fingir que la felicidad se mide por los metros de papel de regalo esparcidos por el suelo del salón. Sin duda sería más sencillo no hacer nada. Pero no puedo, que se le va a hacer. No puedo por culpa de un viaje que hice este verano a un lugar diferente. A una realidad muy diferente a la nuestra, que no se mira, pero que existe y está ahí. Fue viaje en el que tuve la oportunidad de conocer a gente maravillosa y que por y para ellos prefiero intentar hacer cualquier otra cosa antes que no hacer nada.

Querido Amazon, tú que tienes más confianza con él ¿Podrías por favor preguntarle a Jeff Bezos si me puede ayudar a escribir esta carta? Estoy seguro de que tiene una mente brillante (tiene que tenerla para haber creado de la nada algo como tan grande como tú) y tal vez desde allí arriba me pueda ayudar a encontrar mejor las palabras necesarias para que los Reyes Magos lleven la energía a aquella comunidad, para que puedan vivir con dignidad y tener alguna oportunidad de desarrollo.

No te molesto más que seguro que estás muy ocupado. Si has leído esta carta, muchas gracias por tu tiempo y tu paciencia.

Un saludo querido Amazon y que tengas un 2018 si cabe mejor que el 2017.

 

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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