Querido Google,

¿Cómo va todo por ahí? Seguro que bien. Por aquí sin mucha queja. Quejarse de poco sirve, así que prefiero hacer cualquier otra cosa.

No nos conocemos, al menos no personalmente, porque tú para mi eres la primera puerta para muchas cosas, y yo para ti soy 18 entradas en 2 páginas. Para empezar, te puedo decir que soy un particular, una persona, sin más. No estoy en ninguna asociación, agrupación u organización (sí trabajo en una empresa, pero no te escribo con relación a ella); ni represento tampoco a nada ni a nadie, sólo a mí.  ¿Y quién es ese “mí”? Pues resumiéndolo mucho te puedo decir que:

  • Soy un Jaime de 45 años repartidos entre Vigo, Lugo, Orense, Ponferrada y Madrid.
  • Soy un puesto en un trabajo del que no tengo intención de cambiar (así que tranquilo Google, no te voy a pedir empleo).
  • Soy un blog que creé para que la gente pudiera publicar libremente sus relatos (me gusta escribir) y que con el tiempo se ha convertido en una especie de consultorio sentimental de adolescentes mexicanos. La verdad, no lo actualizo mucho, pero lo mantengo “arriba” porque lo usan y si alguien lo disfruta, yo contento.
  • Soy un perfil en Facebook con 272 amigos, 269 de ellos de esos de conocer en persona, aunque con algunos interacciono más bien poco; y la página del blog con 174 me gusta y 164 seguidores.
  • Soy una cuenta en Twitter con 71 seguidores y un perfil en Likedin con 291 contactos.
  • Soy una cuenta en Instagram con 59 seguidores y 69 fotos, en Flickr con la friolera de 5 seguidores y 371 fotos, en EyeEm con 61 seguidores y 148 fotos (me gusta la fotografía, aunque todavía estoy aprendiendo).
  • Soy un perfil en Google +, que no te voy a mentir, no uso (por favor, no te lo tomes como algo personal ¿Eh?).
  • Soy una cuenta en Youtube, pero no subo vídeos, la utilizo fundamentalmente para buscar tutoriales y comprar películas.

Y poco más. Básicamente soy todo eso. Como te decía, un particular.

Supongo que querrás saber por qué te escribo. Normal. Te cuento. Este verano estaba planificando mis vacaciones, y el destino que había elegido era Tailandia. No conozco Tailandia, más de lo que tú me has enseñado, y siempre me han atraído sus playas, paradójico teniendo en cuenta que soy bicho de piscina. El caso es que, por una de esas carambolas del destino, acabé cambiando la arena blanca por tierra naranja y el mar azul turquesa por ríos secos, pero no me arrepiento de ello.  Al final me quedé sin playas y sin piscinas porque allí donde acabé casi no hay nada. Por no haber no hay ni agua, ni electricidad. Sí hay personas, y escuelas, e incluso un hospital, pero poco más. Si te pica la curiosidad puedes buscarlo poniendo Netia – Nampula – Mozambique en Google Earth, pero ya te digo, si no tienes tiempo no te preocupes, que casi no hay nada. Tranquilo Google, puedes dejar de sujetar la cartera, no pretendo robártela. Tampoco es mi intención dar pena, la pena está sobrevalorada y no hay nada que te pueda decir que no sepas ya, tú lo sabes todo.

La verdad es que cuando fui, no tenía mucha idea de a dónde iba, pero fui. Fui y volví. Sí, volví, y una vez que regresé, tenía sólo dos opciones: o hacer como que no había visto; o hacer cualquier otra cosa. Y fíjate tú, hubiera sido mucho más fácil (y cómodo) hacer como que no había visto, pero no se me dio bien. En aquel momento nació un «¿Cómo?» muy grande. Enorme diría yo. Nunca había hecho nada parecido, así que una vez más acudí a ti buscando respuestas. Y busqué, y encontré, muchas cosas, sí, pero ninguna flecha amarilla que me señalase el camino, o al menos yo no la supe encontrar. Toqué alguna puerta, de esas que se tocan en frío. Algunas me abrieron y otras no. Ninguna me dejó cruzar el umbral, pero no porque fueran puertas malas, simplemente no eran las adecuadas. Desde fuera a mí todas las puertas me parecían iguales, pero no es cierto, no todas las puertas respiran ni se mueven de la misma forma. Y llegó la crisis y con ella la negación (no tengo, no sé, no soy), así que el problema dejó de ser el Cómo para convertirse en el Quién, o sea, yo. He de reconocer que en aquel momento quise esconderme detrás de un “lo intenté”, con la esperanza de sedar la conciencia y volver a mi rutina, tan cómoda ella. Pero no pude, que se le va a hacer.

Superada la negación, me centré en lo que sí tenía, y la lista no era muy grande que digamos, básicamente se reducía a un Yo. Un Yo con sus defectos y sus virtudes. Un Yo con el tiempo libre que le dejaba su trabajo. Un Yo con sus conocimientos, sus habilidades y poco más. Así que, si eso era lo que podía ofrecer, con un Yo tendría que empezar, confiando en que algún día ese Yo pudiera eclosionar en un Nosotros. Sería bonito verlo.

Sabía (sé) que el Reto no era (es) fácil, e iba (va) a requerir esfuerzo, pero eso nunca me ha echado para atrás, de hecho, muchos de mis mejores recuerdos están precisamente relacionados con metas alcanzadas a base de esfuerzo, y eso me motiva para intentar construir un recuerdo grande, muy grande, un recuerdo enorme.

Yo para mí no quiero nada. A mí me mueve el egoísmo, el egoísmo más puro y más grande que te puedas imaginar: la búsqueda de esa felicidad que hasta ahora no me ha dado el día a día, ni las cosas, ni el dinero. Pero para alcanzar esa felicidad yo soy demasiado pequeño, y no llego. Necesito ayuda. Necesito ayuda para poder ayudarles. Ayuda no para mí, sino para ellos. Si te ha llegado esta carta, y has leído hasta aquí (1000 palabras, nada menos), puede haber pasado dos cosas: o nada; o que te haya nacido un pequeño “¿Cómo?” dentro. Si es lo primero, un “Lo intenté” más en mi haber; si es lo segundo, no te preocupes y tranquilo, que no muerde. No te asustes, ni le asustes, no vaya a ser que se escape. Y dímelo, te puedo ayudar, que yo pasé por lo mismo. A mi contactarme es fácil, así que si te apetece nos tomamos un café, yo invito, nos contamos y ya veremos que surge.

Sé que nada en esta vida es gratis, así que sólo tienes que tasar el valor de tu ayuda y su unidad de medida. Yo para pagarlo ofrezco todo lo que tengo, un Yo y cualquier otra cosa. Puede no parece mucho, lo sé, pero no te engañes, puede ser tan grande como le dejemos que sea.

Y nada más (y nada menos). Muchas gracias Google por tu tiempo. Te dejo seguir con lo que estabas haciendo, yo seguiré con cualquierotracosa.es

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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