Sábado 16/09/2017. 07:42. Misión de Netia. Distrito de Manupo. Nampula.

Hoy me he despertado a las 6:00. He dormido muy bien. He oído cantar al gallo, pero no he tenido problema para continuar durmiendo. He desayunado y he salido a escribir hasta que nos vayamos a Isla Mozambique. Estoy sentado debajo de un árbol, a la sombra. Hace muy buena temperatura. Se me han acercado 4 chicos de la escuela y hemos estado halando unos minutos. Hoy se van para casa porque tienen rotación en la escuela agraria. En la escuela hay tres grupos, y cada semana dos están en las aulas y el tercer grupo regresas a sus comunidades para ver a sus familias y poner en práctica lo que han aprendido en la escuela en sus comunidades. Es una forma de transferir ese conocimiento que van adquiriendo n al resto de su comunidad.

Acaba de pasar por delante la Magdalena. No creo que nunca me pueda olvidar de ella. La Magdalena es una niña de la guerra. Debe tener unos 40 años, aunque parece una niña. Nació cuando la guerra de independencia y siempre vivió sola. No se comunica con nadie, vive a la intemperie, sin más vestimenta que una especie de vestido hecho con lo que parece tela de saco. Nadie sabe realmente como sobrevive. Se alimenta de lo que va recogiendo de las plantas, de los árboles y del suelo. Sólo se acerca a la misión a pedir pan. Han querido darle más comida, pero la rechaza, sólo quiera pan. La pobre es como un animalillo. Me da mucha pena.

Voy a continuar desde donde lo dejé, a ver lo que me da tiempo a escribir, que voy a estar todo el día fuera.

Ayer me desperté a las seis y pico. No había agua, así que me aseé como pude. El plan era ir a Nampula. A la hermana Aurora le habían convocado a una reunión en Nampula y yo la acompañaba.

Salí de la habitación y me encontré con Lidiali, que estaba en la cocina. Lidiali es la otra novicia que vive en la Misión. Tanto Franchesca como Lidiali son de las comunidades cercanas. Fuera se veía la kalima y hacía fresco.

Se me acaba de acercar un muchacho de la escuela a saludarme.

Me senté a desayunar y Lidiali se retiró a la cocina. Cuando acabé de desayunar llevé mi taza a la cocina y estuve hablando un rato con Lidiali. Lidiali tenía curiosidad sobre cómo era la vida en mi país, y me preguntó a qué edad se casan las mujeres en mi país, a qué edad empiezan a tener hijos, cuántos hijos tienen, etc. Las diferencias entre la vida en los dos países son grandes. Hoy en día en mi país es bastante común que las parejas se casen pasados los 30 años. Allí a los 30 años las mujeres ya son abuelas.

Apareció la hermana Aurora y nos fuimos con el señor Morales a Nampula. El señor Morales es un hombre de una comunidad cercana a la Misión. Es padre de doce hijos, así que como la hermana Aurora no conduce, cuando tiene que desplazarse la lleva el señor Morales.

El camino a Nampula era largo, pero no tanto como a Nacala, y al ser de día, era mucho más entretenido que cuando me fueron a recoger al aeropuerto.

Llegamos a Nampula. Nampula es una ciudad grande, con mucho movimiento. Se veía limpia y más cuidada que Nacala. En las últimas elecciones había ganado la oposición y parece que se ha preocupado un poco más por cuidar la ciudad. Dejamos a la hermana en el Centro de Ciencias y Tecnología de la universidad. Le habían dicho a la hermana que la reunión duraría una hora, así que el señor Morales me llevó a dar una vuelta en coche por los alrededores del hospital de Memberre. El hospital de Memberre se puede decir, que después del Hospital Central es el más importante de Nampula. Recordé que las medicinas que había llevado eran para ese Hospital, así que le pedí al señor Morales que parase un momento, que quería entrar a saludar. Paró el coche enfrente de la puerta principal del Hospital y yo me bajé. Recordaba que Bea me había hablado de una hermana Comboniana llamada Ruth, así que pregunté por ella a un celador. El nombre de Ruth no le sonaba, y no me extraña, porque luego me enteré que la hermana Ruth estaba en Maputo, no en Nampula, pero cuando le mencioné “hermana Comboniana” el hombre me dijo que le siguiera. Anduvimos de un lado para otro por los pasillos. Los pacientes que esperaban ser atendidos me miraban con curiosidad. Finalmente le dieron al celador unas indicaciones y salimos del Hospital a un anexo que había calle abajo. Entramos en el edificio de consultas externas. El celador entró en una consulta con una placa que ponía Cardiología y yo me quedé esperando en el pasillo. Al cabo de unos minutos salió y me dijo que esperase allí, que Mai María estaba pasando consulta y ahora me atendería. Esperé unos minutos delante de la puerta, acompañado en aquel pasillo por varias docenas de personas que estaban esperando su turno. Se abrió la puerta, salió una persona y asomé la cabeza por la puerta. “Buenos días hermana, disculpe que le moleste, sólo quería pasar a saludar”, le dije. Mai María me miró extrañada, obviamente no me conocía, pero en seguida se dio cuenta de quién debía de ser, porque en esa parte del mundo no reciben muchas visitas de turistas. Me dijo: “Tú eres quién nos ha traído los medicamentos” y yo le dije que sí, pero qué sólo había hecho de porteador, que las medicinas me las enviaron desde Córdoba. La hermana me hizo un gesto indicándome que me sentara. Su rostro reflejaba un cansancio acumulado por durante años. Me dijo que era alemana y que llevaba allí más de 40 años intentando ayudar a aquella gente y esperando que la situación de la región mejorase. Estaba claro que su cansancio no era sólo físico. Me dijo que ella no era cardióloga, pero que como no había especialistas tenían que ayudar en lo que pudieran. Tampoco tienen medicamentos, según la versión oficial porque hay rotura de stock, lo cual no deja de ser curioso cuando las farmacias privadas tienen stock de sobra. Tras una breve conversación me dio las gracias por haber ayudado a hacerles llegar los medicamentos que tanto necesitan (ahí me sentí culpable por todas las dudas que tuve para llevar los medicinas. Si llego a conocer la situación hubiera intentado llevar muchos más) y me preguntó si quería visitar el hospital. No me pude resistir, así que le dije que sí. Mai María llamó a un celador y le dijo que me enseñase el hospital. El celador le dijo que estaba la Directora, y le hermana le dijo que me la presentase primero y luego que enseñara el hospital. Salimos de la sala y la hermana continuó pasando consulta. Desde que había amanecido había atendido a más de 700 pacientes, y todavía quedaba medio día por delante.

Una vez más anduvimos de un lado a otro del hospital, esta vez buscando a la directora, hasta que entramos en una sala donde una muchacha cruzó unas palabras con el celador, y el celador se fue. Aquella muchacha era la directora del hospital. Le había dicho al celador que ella me enseñaría el hospital.

Tengo que dejar de escribir que son las 8:45 y me ha dicho la hermana Aurora que a las 9:00 salíamos para la Isla de Mozambique. En cuanto pueda continúo con la visita al Hospital de Memberre.

 

Nota de la publicación: Esta foto no la he hecho yo, la he sacado de la página web http://petromax-x.blogspot.com.es/

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