– Adelante caballero, por favor, no se quede ahí, se lo ruego – se apresuró a decir el ingeniero al tiempo que con un gesto señalaba la butaca de cuero rojo situada al otro lado del escritorio.

El niño se encaramó al asiento.  Revolviéndose apoyó la espalda en el respaldo. Sus pequeñas zapatillas azules apenas asomaban más allá del cojín.

– ¿Y bien? ¿En qué podemos ayudarle?

-Necesito una palabra – respondió el pequeño.

-Pues ha venido usted al lugar indicado. Adjetivos, sustantivos, verbos, adverbios, palabras derivadas, compuestas, parasintéticas, agudas, llanas, esdrújulas, sobresdrújulas … De nuestra fábrica han salido las mejores creaciones y estamos seguros que podremos satisfacer sus más exigentes necesidades. Escuche, escuche, Electroencefalográficamente. ¿Qué le parece? Sorprendente, ¿verdad? Uno de nuestros más afamados diseños. Dodecasílabo lleno de fuerza y armonioso en sí mismo. Pura tendencia en los círculos sanitarios más selectos. Bien, veamos entonces, buscamos una nueva creación, perfecto. ¿Algún color o textura especial?

El niño movió la cabeza hacia los lados.

-¿Algún olor? ¿Sabor?

El pequeño levantó los hombros.

-Ni color, ni textura, ni olor, ni sabor… – musitó el ingeniero mientras tomaba notas en una pequeña libreta – Bien, su semántica. ¿Qué queremos transmitir?

El niño se descolgó de la butaca, se situó de pie enfrente del escritorio y estirando con fuerza los brazos en forma de cruz dijo:

-Ésto.

-“Ésto”, perfecto, y en cuanto a su forma, ¿Cómo es?

-Así – dijo el niño repitiendo el mismo gesto.

-“Así” – veamos entonces: ni color, ni textura, ni olor, ni sabor, ésto y así… – murmuró al tiempo que golpeaba la hoja con la goma del extremo de su lapicero – ¡Lo tengo! Bracilástico. ¿Eh? ¿Qué me dice? Una esdrújula contundente, elegante, de fácil recuerdo. “Que bracilástico está usted esta mañana”, “Buenos días, sonrió bracilástico”, “Mírale, tan bracilástico como …”

-No me gusta – interrumpió el muchacho – Bracilástico no me gusta.

-Nada de Bracilástico entones. Veamos, “Así”… brazos en cruz…bracruz…brazasí… cruzasí, acruzado, abrasí, abracesto… ¡Ya está! Por favor, cierre los ojos por un instante y déjese llevar por la melodía de sus sílabas: A-BRA-ZAN-TE. Sí, bello tetrasílabo que denota estabilidad y robustez. Una palabra tan esponjosa y mullida que da ganas de zambullirse en ella. “Esa persona es tan abrazante que …”

-No me gusta – interrumpió de nuevo el chico – Abrazante no me gusta.

-De acuerdo, descartamos abrazante ¿Y qué le parece … Monoscatriponcia?

-No

-¿Gumilloso, faltorillo, junillante?

-No, no, no.

Tras cientos de sonidos y sus respectivas negaciones, el ingeniero se dio por vencido.

-Caballero, me temo que lo que usted desea no es posible. No puede haber una palabra para algo que no existe.

-¡Sí existe! – protestó el niño – y es ¡Así! – dijo estirando de nuevo los brazos en forma de cruz, tras lo cual se marchó.

Había oscurecido. Las nubes se habían disipado, dejando una noche clara, iluminada por una luna incompleta. El niño se detuvo, y miró hacia las estrellas. Levantó su dedo índice y, con un ojo cerrado, unió los puntitos centelleantes dibujando una sonrisa mientras recordaba las palabras de su madre: ¿Sabes cuánto te quiero?

El niño estiró los brazos con todas sus fuerzas tratando de abarcar el mayor espacio posible y dijo:

– ¡Así!

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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