Viernes 15/09/2017. 18:08. Misión de Netia. Distrito de Manupo. Nampula.

Llevo dos días sin escribir, bueno, un día y medio, pero es que tanto ayer como hoy he estado fuera de la misión, y he regresado de noche y agotado. Voy a tratar de ponerme al día.

Ayer cuando me desperté, después de desayunar, salí con la cámara a hacer unas fotos alrededor de la misión. No fotografié a personas, sólo las instalaciones.

Cuando todavía estaba buscando encuadres me encontré con el Padre y me preguntó si le quería acompañar a Nacala, a ver al Obispo. No pude decir que no.

El camino a Nacala se hizo largo. Debieron ser unos 140 kilómetros. A medida que nos íbamos acercando a Nacala se podían ver un gran número de mezquitas. El Padre me comentó que los países árabes estaban subvencionando la construcción de mezquitas por todo África. También estaban legando extranjeros que pertenecen el islam, se instalan aquí y se casan con mujeres de la zona, que se convierten al Islam y los hijos que tienen son educados en esa religión. De aquí a no muchos años Mozambique será un país con mayoría islámica. Sé que no soy muy objetivo, porque yo soy cristiano, pero mientras los misioneros cristianos intentan mejorar las condiciones de la población (en la escuela agraria hay chicos cristianos, musulmanes y sin religión definida), dejando de lado muchas veces la parte pastoral, las mezquitas y madrasas no hace nada por mejorar las condiciones de las comunidades y se centran solamente en la conversión de la población.

Me llamó la atención una población por la que pasamos llamada Mialo. Se encontraba en el cruce entre la carretera que llevaba a Nacala y la que llevaba a Nampula. El cruce estaba repleto de puestos en los que se vendía de todo, y multitud de gente iban de un lado para otro. Había una gran actividad en aquel pueblo.

Al comenzar a entrar en Nacala pude ver el mar, bueno, más que el mar una ría que más adelante desembocaba en el océano. Me llamó la atención una especie de híbrido entre un barco enorme y una central eléctrica que se movía muy despacio por la ría. Era de dimensiones descomunales. Nunca había visto nada igual. Mozambique es el mayor productor de energía del África austral, pero no tienen infraestructuras para transformarla, así que se la venden a los países vecinos como Sudáfrica, quien luego le vende la energía ya transformada a Mozambique.

Ya en Nacara el Padre paró un momento a hacer unas fotocopias y yo me quedé solo en el coche esperando. Antes de irse me avisó que si se me acercaba alguien a hablar no le diera mucha confianza, que pudiera ser que me quisiera robar. Gracias a Dios no pasó nada.

Llegando a la casa del obispo pasamos por una calle con multitud de gente. El padre tuvo que pasar con el coche muy despacio para no golpear a nadie. Era un funeral.

La puerta de la casa del obispo, una casa de dos pisos, estaba medio abierta. El Padre la empujó y la puerta al abrirse emitió un molesto chirrido al rozar con el suelo. Aquel sonido estridente hizo las funciones de timbre. Dentro no había nadie, así que entramos en un gran salón. Yo me estaba sentando en uno de los tres sofás que había cuando escuché al Padre saludar a alguien. Era el obispo. Antes de dejar hablar al Padre le dijo que tenía prisa. Parece ser que siempre va con prisa. Le dijo que se había muerto un familiar y que tenía que tomar un avión a Maputo. El obispo es de Maputo. Maputo es la capital del país y está mucho más desarrollada que la provincia de Nampula. Parece ser que el obispo lleva varios años seguidos ganando un premio que entrega la LAM, la compañía área de Mozambique, al pasajero con más millas de vuelo acumuladas. Parece ser que el obispo viaje mucho a Maputo. Maputo está mucho más desarrollada que Nampula. El obispo no dejó de hablar, la verdad es que no me enteré mucho de lo que decía. El Padre me presentó al obispo y le dijo que le traía unas cartas para firmar para que yo me pudiera llevar para ver si podía ayudarles a llevar la electricidad a Netia. El Padre preguntó si yo era de Manos Unidas, y el Padre le dijo que no, que no era de ningún sitio, que sólo era un amigo. Anduvimos detrás del obispo de un lado para otro buscando un bolígrafo. El obispo no paraba de hablar, aunque yo seguía sin enterarme de qué. Del salón pasamos a una sala, volvimos al salón, volvimos a la sala y de ahí a un pequeño despachito. El obispo encontró un bolígrafo y el padre le dio las tres cartas. El obispo firmó las cartas e intentó ponerles el sello encima de la firma, pero el aparato con el que tenía que poner el sello era de esos que tienen una hendidura para meter la hoja, y la firma quedaba por la mitad del folio y allí no llegaba. Dobló la hoja y le puso el sello, por lo que al desplegar el folio quedaron marcados dos sellos en cada folio. Con las tres cartas, las tres firmas y los seis sellos salimos de la casa del obispo.

Pasamos un momento por la catedral de Nacala. La catedral no era muy grande. Había sido construida en los años 50. Tenía planta de cruz, y a la izquierda de la fachada se levantaba una torre que acababa en campanario. No entramos en la catedral, fuimos directamente a la sacristía. No estaba el párroco, pero entramos igualmente y el padre sacó de la nevera una botella de agua y una botella de dos litros de Fanta de naranja. Bebimos para refrescarnos un poco y nos fuimos.

Aprovechando el viaje, el Padre me llevó a ver la playa de Fernando Veloso.

 

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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