Una vez más he de comenzar una publicación con la frase “Hace tiempo que no escribo”, pero es que hasta ahora no tenía ninguna novedad que contar. Yo no entiendo el lenguaje de los selfies y no creo que a nadie le interese lo que hago, lo que me gusta, la ropa que me pongo o lo que como o lo que dejo de comer. Cuando creé cualquierotracosa.es lo hice tan sólo para ir contando esta aventura, por si mi experiencia le podía servir a alguien que estuviese, como yo, cansado de esperar a que los cambios los provoquen los que pueden pero no quieren. No pretendo con lo que publico convencer a nadie de nada, pero necesito pensar que en el mundo tiene que haber más personas que, si supieran cómo, intentarían a ayudar a poner tiritas al planeta. Comencé esta locura como un intento de comprobar si un simple particular, sin más, puede realmente hacer algo por ayudar, pero hay veces que pienso que los griegos tenían razón y donde mejor está Elpis, el espíritu de la esperanza, es en el fondo de la caja de Pandora.

Después de casi dos años caminando sin saber muy bien por dónde; tocando puertas que se cierran y otras que ni siquiera se abren; después de haber conseguido lo que me parecía imposible, que un ingeniero especializado en la implantación de sistema solares en comunidades rurales de países vecinos como Malaui, Kenia o Tanzania, me echase un mano y visitase sobre el terreno aquello para tomar las necesidades y las especificaciones (aquí puedes ver la estimación que hicimos en base a su experiencia); después de haber conseguido que Manos Unidas se interesase por el proyecto y facilitase el contacto de una empresa local en Maputo, especialistas en proyectos de este tipo; después de más de cuatro meses esperando el presupuesto, ayer por fin lo recibí.

A mí me parecía perfecto contar con un proveedor local, no sólo porque de esta forma se facilitaba el mantenimiento de las instalaciones, sino principalmente porque era una forma de generar economía en el país, que falta les hace. Lo que menos me imaginaba es que después de más de cuatro meses esperando, la empresa pase un presupuesto de casi 600.000€, cuando nuestra estimación era de unos 77.000€. Aquí está el presupuesto, por si lo quieres ver. Sinceramente, yo de esto entiendo poco y estoy esperando que le eche un ojo el ingeniero que me ayudó con las estimaciones, pero o bien ha hinchado una barbaridad los precios o bien ha dimensionado como si fuese para montar una pequeña NASA en Mozambique.

El presupuesto también se lo envió a Manos Unidas y, aunque todavía no he recibido feedback de ellos, tengo muy claro que ese presupuesto no lo van a aceptar. Como la empresa local no enviaba el presupuesto yo les había comentado la posibilidad de comprar el material en España y hacerlo llegar por mar y para la instalación se podía contar con el ingeniero que me lo había ofrecido y con una fundación vasca con los que había hablado, pero este proveedor ya había trabajado con Manos Unidas y preferían esperar su presupuesto. Ahora no sé lo que va a pasar. Que vayan a aceptar un proyecto valorado en 600.000€ ya sé que no, así que la otra opción que me queda es que acepten lo de el contenedor y la fundación vasca. Si eso no lo quieren no me quedará otra que volver a la casilla de salida e inventarme un Plan C.

He de reconocer que cuando recibí el presupuesto lo primero que me vino a la cabeza fue un “lo has intentado”, pero no puedo, no puedo dejarlo aquí. No puedo dejarlo por ellos, porque por allí no pasa nadie y menos con la electricidad debajo del brazo. 

Normalmente sólo conocemos lo que vemos a nuestro alrededor, lo que nos muestran en los medios y a lo que nos permite ver el algortimo de Google, pero todo eso es sólo una parte, muy pequeña, de la realidad que existe. La semana pasada preparé una presentación para mostrale a unos compañeros de trabajo cómo es aquello y te la voy  a compartir aquí . Excepto las fotos de Maputo (que las tomé de Internet) y las de la diapositiva del terrorismo (que me hicieron llegar de Mozambique), todas las demás fotografías las he tomado yo personalmente. Me puedes creer o no, pero así son las cosas allí. y tal vez viendolo puedes llegar a entender por qué no puedo dejarlo y tengo que seguir intentándolo.

Voy a esperar a ver qué dice Manos Unidas y a partir de ahí veré por dónde sigo.

Se puede no hacer nada, o se puede compartir
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